martes 9 de febrero de 2010

Azul (sobre azul)

Para un día gris.

"Inspirada" por un comentario de Virginia Woolf en Between the Acts (Entreactos), me dediqué a ir recopilando algunas fotos que venían al caso mientras leía el libro y los días lo permitían. Cualquier excusa es buena para sacar la cámara de fotos, claro.

Beyond that was blue, pure blue, black blue; blue that had never filtered down; that had escaped registration. It never fell as sun, shadow, or rain upon the world, but disregarded the little coloured ball of earth entirely. No flower felt it; no field; no garden.

Y más allá estaba el azul, el azul puro, el azul negro. Un azul que nunca se filtraba, que escapaba a las predicciones. Nunca caía como el sol, la sombra o la lluvia sobre el mundo, sino que despreciaba por completo la pequeña pelota de colores que es la Tierra. Ninguna flor lo sentía; ningún campo; ningún jardín. (Traducción muy cutre mía; ya dije que traducir a Virginia Woolf es como darse golpes contra una pared o peor)


















La última foto, la de la luna, se ve peor porque está recortada para que la luna se vea al tamaño que salió en la foto, que incluía mucho más azul alrededor. Tenía ganas de hacer una foto de la luna y ver con qué detalle la captaba por dos razones 1) porque para la cámara vieja, incluso con zoom, la luna siempre era un punto diminuto y 2) porque cuando descubrí la cámara actual y quise ver fotos hechas con ella una de las primeras que vi fue una impresionante de la luna con todo lujo de detalles. Aún estoy lejos de hacer una así (nocturna, y no de día como esta), puesto que hace falta una superficie firme (llámese trípode, llámese invento casero que funcione como tal) y mi asignatura pendiente con la cámara todavía: conocer las funciones manuales. Aun así estoy bastante impresionada con el detalle de esta, hecha a pulso.

lunes 8 de febrero de 2010

Tarta de zanahoria doble

Para volver a hacer la tarta de zanahoria entraron en juego dos factores: 1) que desde hace semanas yo insistía en que quería hacerla de nuevo y 2) el fiasco de la semana pasada. En lo que no entró ningún factor más que la locura transitoria y el recuerdo de que la otra vez había quedado "pequeña" fue en lo de hacerla doble. Por lo visto los americanos hacen así muchas tartas, como se ve en los paquetes de muchos preparados. En lugar de hacer una tarta grande y cortarla por la mitad para untar el relleno, ellos hacen dos tartas y se ahorran el cortar, que siempre es un procedimiento de alto riesgo. Con las tartas de tener en el horno mucho rato no me atrae la idea (telehorno está bien, pero las repeticiones ya son demasiado incluso para una adicta como yo), pero en esta de zanahoria el tiempo de horneado es de 20 minutos (en teoría, al menos), es decir, el tiempo justo para meter la primera al horno y hacer la segunda mientras la primera se hace. Misterios de la cocina, y con los mismos ingredientes y temperatura, la primera tarta se hizo en 25 minutos y la segunda en 35. La cocina es una pura sorpresa.

La cocina olía de maravilla, eso sí. Y yo llegué justo a tiempo para sentarme en primera fila a ver la segunda sesión de telehorno. Por otra parte, algo diferente tuvimos que hacer el año pasado para que la tarta quedara "pequeña" y que, sin embargo, este año cada tarta quedara de tamaño normal. Cuando sacamos la primera del horno y metimos la segunda nos sentimos como unos auténticos glotones por no conformarnos con una sola. ¡Pero de verdad que el recuerdo de la del año pasado era que nos habíamos quedado cortos!

Al sacar la segunda hicimos la deliciosa-deliciosa mezcla de queso Philadelphia y azúcar glas para el glaseado. De todas los glaseados que hemos hecho no exagero si digo que este es el único que ha merecido la pena. De hecho, un día creo que voy a hacer la mezcla simplemente para untar en pan o tostadas. O para chuparme los dedos a secas. Es que es... hmmmmm.

Manuel, que es el encargado oficial de extender los glaseados, se puso a ello: primero un poco entre las dos tartas a modo de delicioso pegamento y después por la capa de arriba. Un poquito de canela de adorno y, voilà! la tarta más grande del mundo en proporción al número de comensales.

Pero está tan rica que por glotones que seamos que nadie se preocupe que nos zamparemos hasta la última miguita. Empezamos probándola el sábado por la noche, luego vino el desayuno ayer y etc., etc. Irresistible. Además, glotonoes o no, es un tarta de lo más satisfactoria: es muy fácil de hacer, por lo que hacer esta mole no costó nada, y es muy fácil de comer, por lo que cualquier posible resquicio de culpa se queda rápidamente por el camino. Y... esto... ¿no era muy buena la zanahoria para la vista?

Sigo pensando que la plancha no creo que queme demasiadas calorías, pero es lo que hay los domingos. Ayer tocaba Double Wedding (Doble boda) (¡todo era doble este fin de semana!), de 1937, de acompañamiento. Dos de los protagonistas eran la pareja cinematográfica del momento: Myrna Loy y William Powell. La película es una juerga constante, pero la historia que hay detrás del rodaje es tristísima. En pleno rodaje, Jean Harlow, que no sale en esta película pero que era la prometida de William Powell y muy amiga de Myrna Loy, murió a los 26 años. El rodaje se paró, pero tarde o temprano hubo que retomarlo y ya digo que la película es una juerga constante, así que no es raro que los dos actores le cogieran un poco de tirria. Según la wikipedia, William Powell afirmó que terminar el rodaje había sido "muy difícil dadas las circunstancias" y Myrna Loy escribió en su autobiografía que aborrecía la película, aunque entendía que no era más que un chivo expiatorio.

Y por último, para acabar con mal sabor de boca esta entrada precisamente, un artículo que recomiendo y que a su vez me recomendaron a mí el viernes: 'Archisílabos' a tutiplén. Aplaudí al leerlo.

Ah, sí. ¿La tarta? Ya queda un poco menos de la mitad. Ejem.

domingo 7 de febrero de 2010

Between the Acts (Entreactos), de Virginia Woolf

Leer libros publicados póstumamente me parece ya de entrada bastante deprimente, pero la sensación se multiplica si además éstos quedaron inacabados por la muerte del autor. Esto último no es exactamente el caso de Between the Acts (Entreactos), de Virginia Woolf, que Woolf dejó técnicamente acabado aunque, como dice Leonard Woolf* en una pequeña nota inicial, sin realizar la revisión final para la imprenta, de modo que, aunque ya no habría hecho grandes modificaciones, sí que habría retocado algunas cosas. Así que Between the Acts es una novela acabada e inacabada al mismo tiempo.

Sintiéndolo mucho debo reconocer desde ya que no ha sido mi novela de Woolf preferida. Precisamente se dice en la introducción de mi edición (¡una introducción interesante, amena y accesible! Casi lo nunca visto) que junto con Orlando, es la novela más "traviesa y juguetona" de Woolf. Ahí vi la luz, porque, por mucho que me guste Virginia Woolf, no aguanto Orlando. Between the Acts la he tolerado bastante mejor, pero sí que se dan un cierto aire.

Compadezco al traductor de Between the Acts, que para empezar (es un decir, esto no es cosa suya) no se pone de acuerdo con el título: en la edición de tapa dura de Lumen se llama Entreactos y en la de bolsillo Entre actos. Empezamos mal un libro que tiene que ser el infierno hecho traducción y que además, ya de entrada, se sabe que va a quedar mal. Virginia Woolf ya pone en boca (en mente, en realidad) de una de las protagonistas, Isa, lo siguiente:

Did the plot matter? [...]. The plot was only there to beget emotion. There were only two emotions: love; and hate. There was no need to puzzle out the plot. [...]
Don’t bother about the plot: the plot’s nothing.
¿Importaba el argumento? [...] El argumento sólo servía para provocar una emoción. Sólo existen dos emociones: amor y odio. No hay necesidad alguna de desentrañar el argumento. [...]
No te preocupes por el argumento: el argumento no es nada. (Tiene su ironía que diga lo horrible de traducir a Woolf y me lance a ello)

Es cierto que hace falta una pequeña línea conductora, pero no es un argumento tal cual, puesto que el argumento sería algo así como: la representación de una obra de teatro en el jardín de un caserón inglés. No es eso, lo que importa es lo que piensan los personajes, lo que tienen en la cabeza, lo que ven, lo que sienten, cómo se relacionan entre ellos, qué dicen y qué callan, etc.

Y más importante aun en este libro: las maravillas que hace Virginia Woolf con su idioma. Los juegos de palabras, las rimas constantes de principio a fin, el sonido de las palabras, etc. Between the Acts es como un gran poema o una gran melodía. Y de ahí que la traducción sólo pueda quedarse a medio camino. ¿O cómo, si no, traducir cosas como esta (que yo no voy a traducir, lo siento por los que no hablan inglés)?

The gramophone gurgled Unity - Dispersity. It gurgled Un... dis... And ceased.

La palabra dispersión, las palabras dispersas... que como resultado de una especie de charada literaria dan "undeceased" (más o menos "no muerto", aunque no en plan zombie, ¿eh? A ver si ahora va a llegar la oleada zombie también a Virginia Woolf). Y así todo el libro de principio a fin, y eso en lo que yo he podido captar, que sin duda habrá mucho más.

Yo no había captado, por ejemplo, de eso me enteré por la introducción, que Virginia Woolf utiliza mucho a su lector contemporáneo de cómplice. Hay muchas conversaciones de cotilleos del momento que quedan a medias y que un lector actual no es capaz de rellenar mentalmente pero que un lector de 1941 sí que hubiera captado al vuelo. O cómo hay palabras que no se dicen pero se intuyen por la rima en frases anteriores. O cómo hay palabras que siempre van unidas a otras y aquí Virginia Woolf las separa, consciente de que el subconsciente del lector las unirá de nuevo. Virginia Woolf escribe sin escribir.

Y todo esto en un libro que tiene lugar en junio de 1939, meses antes de que comience una guerra que está presente y que no lo está. Las referencias a la guerra que vendrá son escasas y sin embargo siempre parece estar presente, como una gran sombra. Between the Acts es una especie de homenaje de Woolf a la Inglaterra tal y como era antes de la guerra: a la comunidad, a los rituales y convenciones sociales (no se dice lo que se piensa, como la señoronas que exclaman lo delicioso que está el té mientras para sus adentros reconocen que está asqueroso "como óxido hervido en agua"). Es un homenaje sincero y entrañable, pero no por ello sin un toque de cinismo, como cuando se anuncia que la recaudación de la obra va a ser para instalar electricidad en la iglesia del pueblo, eso a dos meses de que, al comienzo de la guerra, se imponga el "blackout".

Lo más curioso del libro es precisamente que cuando lo lees piensas que no es tu Woolf preferido y, sin embargo, al acabarlo, el sabor de boca que deja es agradable en el sentido de que es un buen libro, el sabor de boca que dejan las últimas frases del libro es más agridulce. Quizá es un libro demasiado bueno, si es que tal cosa existe.

Y esto es sólo una minúscula parte de todo lo que es Between the Acts, claro. El libro acabado e inacabado de Virginia Woolf, el libro sobre antes de la guerra que ella escribía mientras por encima sobrevolaban los aviones alemanes en 1940 y 1941, mientras ella era consciente de que los que volaban de vuelta hacia Alemania no dejaban más que destrucción a su paso. En la introducción se menciona su angustia durante lo que fueron los primeros años de la guerra. A finales de junio de 1940, mientras escribía Pointz Hall (el primer nombre de Between the Acts), comentaba que le parecía inconcebible que fuera a haber un 27 de junio de 1941. Y lo peor de todo es que lo hubo, pero no para ella, que se había suicidado** tres meses antes.

Por último: la segunda foto es de la primera edición de Between the Acts, diseñada, como siempre, por Vanessa Bell, hermana de Virginia Woolf. Siempre tan bonitas esas portadas...

Y por si alguien tiene curiosidad y aunque la BBC lo ha tenido colgado desde que existe internet creo yo, pero aún queda alguien que no lo ha oído, existe un pequeño fragmento de Virginia Woolf filosofando sobre las palabras en la BBC (un debate muy presente en este libro además). Aclaro de antemano que es una voz muy chocante, muy rígida, y un tono muy, muy de clase alta inglesa (que es la clase a la que pertenecía al fin y al cabo). Su sobrino y biógrafo, Quentin Bell, luego dijo que su tía no sonaba así habitualmente, pero por desgracia es lo único que tenemos: aquí está.

Y en la próxima lectura de Woolf... me tocará volver al principio, porque cuando descubrí a Virginia Woolf comencé por Mrs Dalloway y nunca retrocedí.

* Yo no lo sabía, pero leyendo este libro me enteré de que Leonard Woolf era judío y que, en caso de invasión alemana durante la guerra, Virginia y él tenían planeado suicidarse juntos. Así que me pregunto yo: ¿por qué se sigue acusando a Virginia Woolf de antisemita cuando estaba casada con un judío?

** En el libro se menciona de pasada a una señora que se había suicididado ahogándose en el agua y otra que piensa en hacerlo. Cuando se sabe que Virginia Woolf murió así y que escribió esto sólo meses antes impresiona mucho. Como impresiona el hecho de que comentara varios incidentes similares en su diario.

viernes 5 de febrero de 2010

Un gran momento televisivo

Se levanta el telón.

Situación: Nuestros personajes se encuentran cenando después de un largo día. En la televisión el Telediario de La 1 habla del informe que obliga a devolver el dinero que no les correspondía gastar a varios miembros del Parlamento británico (en una investigación, por cierto, que ha costado más que el dinero que tienen pendiente devolver).

Manuel: (come macarrones mientras escucha).
Cristina: (come macarrones mientras escucha).
Anna Bosch (corresponsal en Londres): ... el sistema de reembolsos con unas normas muy vagas era un colador para gastos desproporcionados o improcedentes. Pensado para cubrir los gastos que ocasiona el tener que acudir al Parlamento, como por ejemplo tener una residencia en Londres, sirvió para que se reembolsaran los gastos de lujosas mansiones en el campo...
Manuel: (sigue comiendo y escuchando).
Cristina: (levanta la vista y casi se atraganta con un macarrón o con un trocito de jamón (opcional) mientras dice en alto:) ¡eso es el Parsonage*! ¡eso es el Parsonage! ¡¿lo has visto?! ¡la lujosa mansión en el campo es el Parsonage!
Manuel: (para sus adentros) se ha vuelto loca, ahora ve cosas Brontë por todas partes. (En voz alta) te has vuelto loca, ahora ves cosas Brontë por todas partes. ¿En la siguiente noticia qué vas a ver?
Cristina: ¡te lo prometo! ¡Era el Parsonage! Luego ponemos el Telediario en la web de RTVE y te lo demuestro.

(Siguen cenando, pasa un rato).

Cristina: ¿estará ya en la web?
Manuel: no, tiene que acabar primero. Y luego tardan un rato en colgarlo peeeeeeero... en el 24 horas puede que vayan por ahí ahora. (Cambia de canal y el 24 horas justo está con la noticia).
Anna Bosch: ... el sistema de reembolsos con unas normas muy vagas era un colador para gastos desproporcionados o improcedentes. Pensado para cubrir los gastos que ocasiona el tener que acudir al Parlamento, como por ejemplo tener una residencia en Londres, sirvió para que se reembolsaran los gastos de lujosas mansiones en el campo...
Manuel: (boquiabierto) pero... ¡eso era el Parsonage!
Cristina: ¡¿no me digas?!
Manuel: (todavía incrédulo) quizá era una casa muy parecida...
Cristina: ¡pero si hasta tenía la plaquita!

(Pasa un rato largo.)

Manuel: sigue sin estar en la web y lo peor es que creo que se ha estropeado algo.
Cristina: ¿me estás diciendo que algo que yo quiero es difícil de encontrar? Hmmm... qué extraño.

(Al día siguiente - viernes - por la mañana.)

Cristina: (se levanta pensando en si funcionará una captura de imagen para inmortalizar el momento. No es lo mismo que un vídeo del momento, pero es más rápido, fácil y, probablemente, legal. Funciona. Entra en Blogger y escribe una entrada sobre ello. Continúa). A las pruebas me remito**:



Cristina: (continúa escribiendo) No sé qué es peor la metedura de pata del señor que rebusca en los archivos o que alguien haya descrito al Parsonage como una "lujosa mansión en el campo".
Las Brontë (en sus tumbas): (se parten de risa).
Los contemporáneos adinerados de las Brontë (en sus tumbas): mansión de lujo, ¿eso? (risas de clase alta).
Cristina: (continúa escribiendo sin, por suerte, oír las risas) claro que... acaban de reformar el Parsonage por dentro. Hmmmmm... (lo de la reforma es cierto, el "hmmmm" es broma).

Telón - FIN

* La casa-museo de las Brontë.

** Si alguien quiere comprobarlo por sí mismo, el Telediario puede verse aquí y se puede pasar manualmente hasta el minuto 29, que es donde está la noticia en cuestión.

miércoles 3 de febrero de 2010

Noche de viernes: Under the Greenwood Tree

Parte de la razón para leer hace poco el librito de Thomas Hardy Under the Greenwood Tree era poder ver la serie, aunque creo que era de capítulo único. Es el orden que prefiero, pero en este caso creo que lo podría haber hecho al revés y, salvo por las escenas iniciales, no haber estropeado la lectura del libro. Poco a poco la guionista, Ashley Pharoah*, se va tomando pequeñas libertades hasta que empiezan a formar una gran bola de nieve y ella se va soltando y olvidándose de que la novela transcurre en el siglo XIX, en época victoriana para más inri.

El caso es que sí, el argumento puro y duro puede coincidir con el de Thomas Hardy, pero la forma de contarlo y de dar vueltas y vueltas es sólo de la guionista y al final se hace un poco pesado que Fancy Day, la protagonista, pase de ser una chica a la que le gusta que todos la admiren a ser una indecisa que trae a medio pueblo por la calle de la amargura. El libro es corto por una razón y rellenar minutos televisivos a base de repetir el argumento no termina de funcionar. Porque yo estaba sentada en una silla, que si no me hubieran perdido a la quinta vuelta de tuerca o por ahí. (Manuel estaba en el sofá y se quedó frito. Normal.)

La recreación no está mal pero Manuel decía de los trozos que vio - principio y final - que la iluminación era espantosa y no pegaba nada. Y no le faltaba razón, la escena final está tan subida de tono amarillo nostálgico-feliz que casi hace daño a los ojos, por no hablar del regusto azucarado que deja y que, con o sin corazón, seguramente haga que Thomas Hardy se revuelva en su(s) tumba(s) cada vez que alguien lo ve.

Me hizo gracia ver de nuevo de (otra) época a Keeley Hawes, que salía en Wives and Daughters (Hijas y esposas) y que en la actualidad trabaja en Ashes to Ashes.

¿Lo mejor de todo? Como suele suele pasar: los paisajes, puesto que la serie está rodada casi íntegramente en la isla de Jersey.

Total, que para pasar el rato no está mal, pero tampoco fue gran cosa.

* Que ahora es la guionista de Life on Mars y Ashes to Ashes, por lo que me cuesta criticarla como guionista dado lo mucho que me gustan ambas series. Diremos, entonces, que lo suyo es el trabajo creativo desde cero y que por eso se tomó tantas libertades adaptando el texto de otro hasta que sea casi irreconocible salvo por los nombres.

martes 2 de febrero de 2010

Sobre la obsesión

Hay cosas que me obsesionan momentáneamente y cosas que me obsesionan hasta que se resuelven. Al segundo caso pertenecen invariablemente las dudas lingüísticas: es oír o leer una expresión rara o que pienso que es incorrecta y buscar hasta dar con la respuesta. Si, como ocurrió el otro día, la corrección viene a mí embotellada en un frasco de mi propia medicina (me encanta corregir lo mal que habla la gente, aunque sólo sea mentalmente), la obsesión ya llega a límites insospechados.

Internet y libros varios que no me sacaban de dudas sino que me liaban aún más me hicieron hasta plantearme un viaje a la biblioteca a consultar la Nueva Gramática para salir de dudas. Nadie que no sufra de esta obsesión insana será capaz de entender hasta qué punto se queda encajada en la cabeza y sí, piensas en qué hacer de cena, coges el metro, tomas tu té, lees un libro, pero siempre de ruido de fondo está la pregunta: ¿se dice así o no? ¿es correcto o incorrecto? Y venga a rebuscar ejemplos... Por mal que quede decirlo a mí nada me quita el sueño, pero si existiera algo capaz de conseguirlo probablemente serían las dudas lingüísticas.

Así que recordé que en la carrera, donde siempre tenías que justificar las elecciones lingüísticas que no eran evidentes o que eran discutibles, tenía una amiga que, cuando no podía aportar los datos necesarios para defender su opción pero estaba convencida de que tenía razón, escribía al servicio de consultas de la RAE y lo mejor de todo era que siempre contestaban rápidamente. Así que ayer les mandé la consulta y al rato recibí la respuesta.

En relación con su consulta, le remitimos la siguiente información:

En el caso que usted plantea valen igualmente ambas alternativas.

El pluscuamperfecto de subjuntivo con valor condicional: -ra / -ría

Comúnmente las oraciones condicionales se construyen en español según un esquema compuesto de dos elementos: una oración subordinada (prótasis), introducida por la conjunción si y que expresa la condición, y una oración principal (apódosis) que enuncia el resultado del cumplimiento de la condición. Cuando la condición expresada se considera no realizada en el pasado, e irrealizable o improbable en el presente o en el futuro, la oración se denomina ‘irreal’.

La validez normativa de la forma en -ra del pretérito pluscuamperfecto de subjuntivo (hubiera amado) en la apódosis (oración principal) de las oraciones condicionales irreales referidas al pasado no se cuestiona. Su tradición es tan larga en nuestro idioma como la propia lengua. Se viene empleando con normalidad desde la Edad Media.
De hecho, la primera documentación de la forma hubiera que se localiza en nuestro Banco de Datos informatizado “CORDE” (Corpus Diacrónico del Español), data de la primera mitad del siglo XIII (p 1228-1246), precisamente en el contexto de una construcción condicional de estas carácterísticas:

Quando el sancto preste assoma revestido,
que exe del sagrario, de logar escondido,
a don Christo signífica, que non fo entendido;
si non, no lo oviera el traïdor vendido.

(Gonzalo de Berceo: El sacrificio de la misa)

También se admite hoy día como posibilidad válida el uso de la forma en -se del pretérito pluscuamperfecto de subjuntivo (hubiese amado), que anteriormente se censuraba.
Serían, pues, igualmente admisibles, las tres apódosis de la siguiente construcción condicional:
Si lo hubiera sabido, te lo habría dicho.
Si lo hubiera sabido, te lo hubiera dicho.
Si lo hubiera sabido, te lo hubiese dicho.


Por supuesto, lo dicho solo vale para la apódosis (oración principal) de las oraciones condicionales, porque para la prótasis (subordinada) estas formas no son intercambiables, ya que solo se admite el pluscuamperfecto de subjuntivo en ellas:
*Si lo habría sabido, te lo habría dicho. (Debió decirse: Si lo hubiera (o hubiese) sabido...).
[Aquí conviene señalar que tampoco es admisible el condicional simple en las irreales referidas al presente o al futuro: Solo se admite el pretérito imperfecto de subjuntivo:
* Si lo sabría, te lo diría. (Debió decirse: Si lo supiera (o supiese), te lo diría).]

Al margen de estas consideraciones, parece que en la actualidad se emplea mayoritariamente el pluscuamperfecto de subjuntivo (Si lo hubiera sabido, te lo hubiera/se dicho), frente al condicional compuesto (Si lo hubiera sabido, te lo habría dicho), en la apódosis de las condicionales irreales de pasado, tanto en el habla corriente, como en la lengua escrita.

Asimismo, el uso indistinto de las formas de pluscuamperfecto de subjuntivo (hubiera o hubiese amado) en alternancia con el condicional compuesto (habría amado) tiene plena vigencia hoy día en frases independientes de significado potencial, para indicar posibilidad o probabilidad en el pasado.

Ejemplo:
Habrías podido venir a la fiesta.
Hubieras podido venir a la fiesta.
Hubieses podido venir a la fiesta.


Reciba un cordial saludo.

__________

Departamento de «Español al día»
Real Academia Española


Ah, qué descanso, sobre todo ese último párrafo. Ya no era cuestión de tener razón o no tenerla, eso es lo de menos y no quiero que esta entrada se entienda así. La intención de esta entrada es demostrar que las dudas lingüísticas me producen una obsesión totalmente desproporcionada. Las correcciones son siempre bienvenidas, porque nadie es perfecto y porque lo peor de todo es lo bien que me lo paso en mitad de la obsesión.

Así que gracias, Sonia.

lunes 1 de febrero de 2010

Black bottom cupcakes

Tenía esta receta en el archivador mental de "para hacer pronto" desde hace semanas, cuando me topé con ella más o menos por casualidad. Tenía una pinta deliciosa, tanto por el aspecto como por los ingredientes. Así que el sábado estaba tan emocionada a la hora de hacerla que decidí hacer dos tandas en vez de sólo una de 12.

Mientras la hacía ya iba regular porque, sea cual sea el resultado, mientras las haces las recetas que son de manchar todos los cacharros y utensilios de la cocina ya me caen un poco gordas. Pero cuando el resultado es bueno, todo se olvida.

Primera tanda al horno - la que se ve en las fotos - que no sale con mala pinta aunque todo parecido con la "realidad" es pura casualidad. De la segunda tanda casi mejor no hablar. Lo resumo en que fue una imposible combinación de requemado y crudo que, sintiéndolo mucho pero aquello era incomible, fue directa a la basura.

La primera tanda de pinta no tan mala tampoco es gran cosa: el sabor no está mal, aunque por dentro (y eso que estuvo más del tiempo necesario), sin llegar a estar tan cruda como la segunda tanda digamos que tampoco está hecha del todo. El sabor es el normal de unas madalenas de chocolate (lo blanco, que es una mezcla riquísima (al menos en crudo lo era) de queso philadelphia, azúcar, huevo y vainilla, es como si no estuviera, no da ningún sabor) normales y corrientes que podía haber hecho con muchos mejores resultados en mucho menos tiempo y con muchos menos cacharros.

Supongo que el problema está en algo que hicimos mal, pero realmente no sé qué pudo ser. El caso es que fue un chasco.

Al menos en la plancha no hubo contratiempos y pudimos disfrutar en paz de Tovarich (Tovarich), que se nos quedó en el tintero en nuestra primera ronda de comedias clásicas. Y ya sé que casi todos los domingos lo digo de la película del día anterior, pero es que es así: divertidísima.

Por último, y al hilo de la no-ficción y el "basado en hechos reales" tan de moda en los tiempos que corren, ayer El País traía un artículo recomendable.