viernes, 14 de marzo de 2008

Fira de Rams

Hace unos días leí en Café con leche, por favor que había una feria de cara al Domingo de Ramos. Las fotos me gustaron mucho y me pareció que tenía que ser curioso verla. Además luego oí en la radio que también lo comentaban y se lamentaban de que cada vez menos gente los compra. Ayer hablando con mi madre por teléfono se lo conté y de repente me vino a la imagen esta foto suya de cuando era pequeña y vivía aún en Barcelona. En el mismo momento le pedí permiso para ponerla en el blog y como me fue concedido aquí está ella, luciendo su espectacular ramo. ¿Quién sabe si la foto está tomada cerca de la feria?

Así que esta mañana he ido por fin a cambiar las sábanas (las de ahora no son amarillas, pero también son muy monas, de hecho el otro día había dudado entre estas y las otras, y, lo mejor de todo, es que se arrugan poco) y a comprar, con bastante antelación y de forma totalmente imprevista, el libro de Sant Jordi (¡el 23 de abril!) para Manuel. Y he descubierto también dos para mí, aunque me han prometido que tenían más de los que buscaba en otra tienda y después de darme el paseo ha resultado que el inventario no era muy fiable. Pero hacía buen día, calor incluso a ratos, y no importaba. Así que cargada con todo ello me he ido Rambla de Catalunya arriba. La feria está en el bulevar, con más puestecitos de los que esperaba y a cada puestecito me iba gustando más. Y es que me ha encantado. No sólo los ramos son espectaculares, sino también las moñas que venden para adornarlos de mil estampados diferentes y los adornitos para que los niños cuelguen de sus ramos.

Y también había más gente comprando de la que esperaba. Claro está, no había aglomeraciones ni niego que el gremio esté "en crisis" pero lo ponían tan negro en la radio. Ya imagino, eso sí, que no tendrá nada que ver con lo que era antes.

He estado un buen rato pululando por los puestos y haciendo muchas más fotos de las que estoy poniendo aquí. Me ha costado mucho decidirme por cuáles poner. Muchos ramos estaban envueltos para evitar que se estropeen y para que luego le sea más fácil a la gente llevárselo a casa, pero también había algunos puestos que las tenían ya plenamente montadas, con adornitos y todo. Y la verdad es que, incluso las más sencillas, con todos los colores quedan preciosas.

Yo no estaba para comprar una grande o excesivamente delicada así que he optado por comprar una de las pequeñita que, a juzgar por el tamaño, parece que casi tiene aun más mérito.

Luego he quedado para volver a casa con Manuel, que tiene el resfriado más grande del mundo, y dentro de un ratito nos iremos a nuestro evento de hoy, más Sondheim barcelonés.

(Ha quedado una entrada un tanto laberíntica de leer con tanta foto.)

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