jueves, 14 de marzo de 2013

Destino:

Esta Semana Santa (es decir, dentro de unos diez días) volveremos a hacer este recorrido*.






















Las fotos son de la última vez que estuvimos en Haworth, el pueblecito de las Brontë, en marzo de 2011. Entonces un tal Mr X iba incluido en el pack y pataleaba como loco. Ahora, dos años después, es Héctor de pies a cabeza, sigue pataleando como loco al aire libre: camina, corre, grita, baila, dice algunas cosas y en general es un pequeño terremoto que se suele portar muy bien.

"Peregrinaje literario" es una expresión que me gusta porque realmente siento como si fuera el bautizo literario de Héctor: la versión pagano-literaria de llevar a los niños a que los bendiga un santo. Veremos qué tiempo nos hace (la siempre variable previsión a diez días no es muy halagüeña) pero Héctor tiene y ha hecho ya uso de sus botas de lluvia compradas para la ocasión. Tengo ganas de verlo allí, de verlo subir por la escalera por la que todas las noches subían los Brontë para irse a dormir (imagino también que habrá que andar con ojo de que no se cargue el reloj de pie que el padre ponía en hora cada noche de camino a la cama, que está situado en el rellano), de soltarlo a correr por los páramos por los que ellos corrieron, de encontrarse en el mismo espacio que una familia de la que no sabe nada todavía pero de la que quiera o no terminará sabiendo mucho, aunque sólo sea por vivir en esta casa con estos padres.

Y ahora una pequeña solicitud de ayuda: allí nos reuniremos un rato con nuestros amigos Sarah y Steve y, como siempre, me gustaría llevarlos algún detallito. Y, como siempre, no se me ocurre nada. El vino no les disgusta pero la última vez ya les llevamos un par de botellas y repetir parece un poco cansino. ¿Alguna idea de un detallito para ambos, por farvor? Es que he llegado ya a un punto de sequía mental en que la broma de Manuel de llevarles una sevillana y/o torero para encima de la televisión empieza a parecerme buena idea. ¡Gracias!

* Más o menos, que la calle que lleva de la iglesia a la casa-museo está en obras y hay que dar un pequeño rodeo.

domingo, 10 de marzo de 2013

Reyes leridanos



Seguro que cualquiera que haya seguido este blog con cierta regularidad y haya ojeado los comentarios alguna vez, reconoce el nombre de Mar con su icono de Alicia en el País de las maravillas (al menos a mí es a lo que me ha recordado siempre). Mar yo yo no nos conocemos de nada en realidad: nosotros visitamos su ciudad una Semana santa lluviosa y ella visita alguna que otra vez Barcelona y, si puede, aprovecha para tomarse un frappuccino en el Starbucks más cercano (quién no), pero nunca hemos coincidido. Mar, de siempre, ha dejado comentarios amables y agradables en este blog (como el 99% de los comentarios; tengo suerte) así que cuando nació su pequeña Ares no pude resistirme a enviarle un detallito, que ella devolvió con creces en un envío posterior. Cosas de los blogs.

Lo que ya fue demasiado fue cuando, en Navidad, me avisó para que estuviera al tanto del buzón de casa. Al final, y pidiendo disculpas por haberse retrasado por haber estado con gripe (!), Mar nos envío todo esto de la foto a mediados de enero. Una persona que vive en Lleida y a la que nunca hemos visto se tomó la molestia de enviarnos todo lo de arriba: un cuaderno y un bloc de notas (desde que llegó junto al teléfono y haciendo buen servicio) de una de las muñequitas de Gorjuss subida en una pila de libros (no se parece a mí: yo estoy sepultada bajo ellos). Unos puzzles para Héctor, que siempre está encantado de recibir juguetes. Y unos deliciosos dulces locales llamados Granados (en honor a Enric Granados) que, a causa de la gripe, Mar tuvo que ir y encargar de nuevo, para Manuel que, por suerte, compartió conmigo. No sabíamos de su existencia cuando visitamos Lleida bajo la lluvia o hubiéramos vuelto con un cargamento de ellos. En serio, cualquiera que visite Lleida no puede irse sin probarlos: están deliciosos. Nos pudo la gula y aunque nos duraron un par de días debo reconocer que preferí comerlos a fotografiarlos, cosa que ahora me parece fatal, puesto que pueden hacerse ambas cosas en el orden correcto.

En fin, que llevo un mes con la idea de escribir esta entrada y nunca lo conseguía. Pero, Mar, en serio, una vez más, muchísimas gracias.

domingo, 24 de febrero de 2013

Les misérables

Entrada programada con el fin de hablar esta película antes de la noche de los Oscar.



Ya he contado alguna vez mi historia de encuentros y desencuentros con Los miserables. La historia, desde entonces, continúa. La producción de Los miserables que estuvo en Madrid vino a Barelona pocos meses después del nacimiento de Héctor. Manuel se animó a ir a verla solo, yo - fiel a mi gafe - me quedé, una vez más, sin verla sobre el escenario. La película tampoco he podido ir a verla a la sala de cine, lo confieso, así que me he perdido lo espectacular que tiene que ser verla en pantalla grande y a todo volumen. Pero al menos la he visto, que ya es algo.

Reconozco que, si bien estaba deseando verla, tenía dos grandes prejuicios: Anne Hathaway y Eddie Redmayne. A la primera le tengo una tirria irracional desde Becoming Jane. Insisto: irracional. Hará cosas que estén bien y demás, pero yo no puedo con ella. A Eddie Redmayne le tengo tirria porque me da grimilla. Cuando vimos Birdsong, de la que creo que no he hablado aquí (oops), Manuel resumió la historia como "el pánfilo y la franchute". Porque la cara o falta de expresión de Eddie Redmayne hicieron mella. Russell Crowe tampoco es santo de mi devoción (¿prejuicios? ¿yo?) pero me deja más fría que los dos anteriores. En cambio tenía curiosidad por ver a Hugh Jackman.

Sí, soy dada a los prejuicios y, aunque lo de irracional que decía antes tiene como contrapartida que cuando se vuelva a mencionar a Anne Hathaway en mi presencia volveré a torcer el gesto, también soy - a veces, cuando tengo el día bueno - abierta de mente. Así que reconozco - aunque con el gesto algo torcido y la boca pequeña - que la actuación de Anne Hathaway me impactó. Realmente desafío a quien sea a mantenerse impasible durante I Dreamed a Dream, canción que, sin disgustarme en absoluto, nunca ha sido de mis favoritas del musical, pese a ser de las más populares. Pero, oh, cantada y escenificada por Anne Hathaway creo que no exagero si digo que me puso los pelos de punta. Sin duda de lo mejor de la película.

A Eddie Redmayne me sigue dando cierto repelús verlo pero también tengo que reconocerle el buen trabajo. Los prejuicios siempre hacen que uno tienda a buscar errores y sacar faltas, pero en este caso también me resulta bastante difícil hacerlo. Poco a poco, a lo largo de la película me fue convenciendo con su actuación y su Empty Chairs at Empty Tables me ganó del todo. Y eso que esa era una canción que, insisto, sin disgustarme, no me había llamado nunca demasiado la atención. Aquí me impactó.

Y ahora unas cuantas reservas. Sin decepcionarme del todo, Hugh Jackman no me dijo gran cosa. Quizá esperaba demasiado, pero, pst, me pareció que le faltaba algo a su actuación. Además, sin saber de cómics ni haber visto las películas, sólo lo veía como Lobezno interpretando a Jean Valjean. Soy consciente de que esto es un problema de mis conexiones mentales y no de la película, que conste, pero no ayudaba a creerme el personaje.

Y lo peor: Russell Crowe. Quién iba a imaginar que un hombre tan grandón pudiera tener una voz tan atiplada, pero así es. Y, claro, es difícil creerse que ese Javert de voz imponente ahora cante así, con una voz a la que intenta darle más empaque sin conseguirlo. Me rechinaba mucho cada vez que cantaba.

Y llega otra de mis eternas reivindicaciones con ciertos aspectos de Los miserables. Mi quinteto de canciones preferidas del musical es On My Own, Little People, Red and Black, Do You Hear the People Sing y At the End of the Day. Little People me fascina pero suele ser de las primeras que se eliminan en los montajes/adaptaciones. Aquí la dejaron unos segundos, supongo que para que la gente le coja un poco más de simpatía a Gavroche, pero en general encuentro que es una gran canción con una letra buenísima y muy poco valorada. Y hablando de Gavroche, fue oírlo y deleitarme en su perfecto acento cockney. Acerté, además, al concluir que seguro que el actor que lo interpreta venía de Oliver!

En fin, que pese a tener muchas ganas de verla me gustó más de lo que esperaba y que espero que le toque algún Oscar en gracia.

lunes, 4 de febrero de 2013

Disfrutando de lo que trajeron los Reyes (o mientras Héctor duerme) (II)

Sigo disfrutando de los regalos cuando la agenda y la gripe por la que hemos pasado uno por uno lo permiten. Ya llegó la caja con lo que habíamos dejado en tierra en Madrid y abrirla fue revivir el día de Reyes. Eso sí, nadie tan feliz como Héctor cuando vio su cubo de fregar de juguete. Ojalá la felicidad se multiplicase en proporción al tamaño del cubo cuando yo veo el de verdad. Pero no.

Estas dos latas de té que nos regaló mi hermana (sí, como si las postales de The New Yorker no hubieran sido suficiente), pese a que ocupaban cierto espacio, fui incapaz de dejarlas en tierra porque quería probarlas ya-ya-ya. Al final la caja llegó el día en que por fin pude hacer un hueco para probar el de la caja roja (de menta y chocolate, tipo After Eight. Rico), pero daba igual, ya los había saboreado cada vez que abría el armario de los tés y veía las siempre preciosas cajas de Harney & Sons.



Este juego de tetera y vasitos nos lo regalaron mis padres. La tetera ya se ha unido al resto de las de la colección (ya va quedando poco hueco) y los vasitos están a buen recaudo. Es un juego delicado, fotogénico y con girasoles. Poco más se puede pedir.



Otro regalo de mi tía y de mis primas, procedente (aunque no comprada allí) del Victoria & Albert Museum. Ese museo londinense que (junto a su tienda de regalos, claro) tanto me tienta y al que nunca he conseguido ir de momento. Algún día iré y es un museo tan grande y la tienda es tan tentadora que es probable que me vuelva loca y ya nunca logre salir de allí. Esta preciosa taza tuvo que quedarse en tierra para evitar que la caja a juego en la que venía (ambas inspiradas por un papel pintado de 1915) sufriera desperfectos. Todos los tés (aunque no fueran de Harney & Sons) que me tomé la echaron de menos. Fue el estreno perfecto para el té de Harney & Sons. El té riquísimo que también entraba por los ojos gracias a esta fotogénica taza a la que en los cinco minutos que tenía que dejar la bolsita dentro hice millones de fotos. Me he contenido y, de momento, sólo pongo una, pero no creo que sea la última.


Y aquí una combinación ya explosiva: té rico, taza preciosa y portada de libro espectacular la de These Wonderful Rumours, una recopilación de entradas de diario de una profesora llamada May Smith durante la Segunda Guerra Mundial. Y me atrevería a decir, por lo que he leído sobre él y lo que he hojeado yo, que el libro en sí va también en esa línea. Un autorregalo navideño adelantado que estoy deseando leer.




Por último: traca final de anglofilia. Este juego de mesa al que eché el ojo hace unos meses y que ya nunca me pude quitar de la cabeza, regalo de Manuel. La anglofilia triunfa y la noche que lo inauguramos le gané las dos partidas.






El juego consiste en que cada jugador (hasta cuatro) elige su ciudad de salida (que puede ser la misma para todos o cada uno la suya) y se reparten ocho cartas, cada una con una ciudad (la tarjetita, además, indica qué es lo más conocido/relevante de esa ciudad). Cada jugador tiene que pasar por todas ellas sin repetir la ruta en ningún momento y volver a su ciudad de origen. Por el camino además hay colisiones, ferries, pérdidas de turno y señales de tráfico. Muy curioso, muy inglés.

Y lo mejor de todo es que tooooodos estos no fueron los únicos regalos, sino que hubo más, como por ejemplo el de galletas de Xavier Barriga del que espero poder hablar cuando pruebe alguna receta. Está claro que en 2012 debimos de ser unos santos.

jueves, 17 de enero de 2013

Año y medio

Entrada programada para no olvidarme.


Hoy Héctor cumple año y medio. Parece que desde que nació hasta que cumplió seis meses pasaron siglos, pero desde su primer cumpleaños hasta hoy parece que hace dos minutos. Y es curioso porque aunque en julio la percepción que teníamos era de niño mayor ahora vemos fotos de su cumpleaños y parece un bebé.

El tiempo ha volado y sin embargo ha cundido mucho. Por fin se soltó a andar, que pronto se transformó en correr, trepar, escalar, subir y bajar escalones y en general no parar. Me paro por la calle a hablar con gente con niños de más o menos la edad de Héctor y estos, fuera de sus cochecitos, pululan alrededor de sus madres mientras estas mantienen una conversación. Héctor no suele salir del coche en esos casos y la gente me mira un poco raro. Pero es que Héctor no pulula a mi alrededor (o sólo en casa si intento hacer algo que requiera cierta independencia) sino que huye. Así que mientras si vas con varias personas y varios niños sueltos estas pueden seguir conversando, si Héctor va andando no hay conversación posible. Es más un monólogo solitario y alejado mío de advertencias, llamadas y explicaciones. Gajes del oficio. El mítico niño tranquilo que deja de serlo en cuanto pone un pie en el suelo. Hace unos días una madre que conoce más a Héctor en su modo asalvajado de fuera del coche pero que sabe que la gente tiende a decirme que es un niño tranquilo, lloraba de la risa cuando me decía que "menos mal que te ha tocado el niño tranquilo" después de mi enésima carrera para evitar alguna fechoría de Héctor.

Héctor empieza a hablar y hasta tenemos conversaciones cuando volvemos a casa por la tarde. Véase:

Yo: ¿Quién va a estar en casa, Héctor?
Héctor: Papá.
Yo: ¿Y qué le vas a decir?
Héctor: Hola.

Peores diálogos hay en muchas series de televisión. Y algo muy sencillo pero que suele triunfar es el que yo le diga "una taza de..." y él responda "té". Y no es sólo de boquilla, que té que tomo delante de él (sólo el de por la tarde, si lo tomo), té que él tiene que catar también.

Le gusta ver dibujos en televisión. Para mirada de "esta está loca" generalizada se los pongo en versión original. Ya tendrá tiempo para protestar y pedirlos en español. Mientras tanto tocan en inglés por dos razones: porque las voces de doblaje de dibujos son como de y para tontos (¡¿por qué si las voces en VO son normales en español tienen que ser de pito e insoportables?! ¡¿Por qué?!) y porque algo queda. A las pruebas me remito: Héctor es fan total de Peppa Pig. Le pongo unos cuantos capítulos para comer, en inglés, y los ve encantado (yo me reconozco fan, también de Ben and Holly's Little Kingdom, de los mismos creadores. La anglofilia llega a límites insospechados). Desde hace unos días, cuando algo se le cae o algo le tiene un poco confuso lo primero que hace es soltar un "oh" que parece salido de la boca de Isabel II y que, obviamente, no ha aprendido ni de Manuel ni de mí.



Los Reyes le trajeron una moto y sólo con ver la caja dio un grito de emoción que ni una fan de los Beatles. Ahora va motorizado por casa y algún que otro día un poco por la calle. De momento va despacito, pasito a pasito, pero ya cogerá velocidad y nos quitará años de vida a sustos. Y podremos utilizar las tiritas chulas neoyorquinas.




Sigue siendo un tragón y es muy sociable siempre que se respeten las distancias. Es muy entusiasta. Tiene tendencia a siempre encontrar la forma de romper los cuentos, para horror de sus padres. Sabe decir el sonido que hacen un montón de animales poco comunes (la gallina, el mono) pero no hay forma de que diga cómo hacen el gato y el perro. Tiene la memoria potentísima de los niños. Es un narcisista: le encanta mirarse en el espejo y ver vídeos suyos en el móvil. Adora, como siempre, comer pan, pero ahora le puede la obsesión por hacerlo miguitas y desperdigarlas (es genial cuando "come" pan por casa), aunque si eres tú quien hace alguna miguita para tirársela a las palomas (algo de lo que yo siempre había renegado. Principios para qué os quiero) es capaz de agacharse para comerse ese miguita (o intentarlo al menos) y parecer un muerto de hambre. Uno de los regalos estrella de Reyes fue el set de limpieza. A ver si le dura y pronto nos limpia la casa él solito. Si le dices que algo de ropa es para lavar no duda un segundo a la hora de llevarlo y meterlo en la lavadora, de la que, como todos los niños, es fan. Los juegos de apilar y de encajar son sus favoritos. Ahora le gusta pintar y bendecimos el maravilloso invento que es el aqua doodle. Engulle el queso de Burgos a la velocidad de la luz. Te avisa cuando el semáforo se pone verde para poder cruzar. Dice que sí y que no con la cabeza y tiene un gesto made in himself para cuando ha habido algo y ya no lo hay. En conclusión: es todo un personajillo de 18 meses.

lunes, 14 de enero de 2013

Disfrutando de lo que trajeron los Reyes (o mientras Héctor duerme) (I)

Años ha, la única lectora y yo nos llamábamos por teléfono (aclaro que teléfono fijo por si hay algún nativo digital en la sala) para contarnos los regalos de Reyes. Años después dimos el salto tecnológico al sms y los dos últimos años hemos llegado al whatsapp. Moderneces (sí, sí, ya sé que ahora Line es el nuevo whatsapp, pero aún no hemos llegado, que ya tenemos una edad). El caso es que este año la única lectora decía que ya vería mis cosas en el blog y le dije que quizá no pondría los regalos aquí. Me preguntó por qué y le dije que en parte se debía a que algunas cosas se quedaban en Madrid para seguirnos unos días después por correo: imposible que cupiera todo en la maleta y eso que creo que aun así obramos algún milagro porque pudimos cargar con la gran mayoría de regalitos. El caso es que aduje que no podía tener todos los regalos sin colocar esperando a que llegaran los demás para la foto familiar. Hasta ahí todo muy sensato.

Lo que yo no sabía es que hace unos días, tratando de poner orden en los regalos pero en realidad recreándome una vez más en ellos, se me haría irresistible hacer unas cuantas fotos aprovechando que Héctor dormía la siesta y sus manitas-manazas no pululaban a mi alrededor en plan terremoto, huracán o cualquier otra catástrofe generadora de caos.

La única lectora pasó una semanita en Nueva York durante los días de Navidad y, aparte de ponernos los dientes largos, nos trajo algunos regalos que recogimos en los días que pasamos en Madrid por Reyes. No sabía ella que mis padres y mi hermana iban a contribuir al botín neoyorquino desde casa.



Un cuento sobre NY para Héctor que, de momento mantenemos guardado, ya que adora los cuentos pero es muy manazas con ellos. Chocolatinitas de Hersheys. (No salen en la foto unas fantásticas tiritas con onomatopeyas de cómic. Héctor, cuando las use, va a ser el niño con las tiritas más cool del parque. Un marcapáginas que se me olvidó sacar del cuento también se quedó sin ser inmortalizado). Un cuaderno de NY correspondido por otro cuaderno neoyorquino de mis padres. Y mi hermana que nos sorprendió con una preciosa e inesperada (por desconocer su existencia) colección de postales de portadas de The New Yorker. Me gustan tantas (creo que sólo hay una que no me dice gran cosa) que me dan ganas de empapelar una pared con ellas. Son tan bonitas.

Últimamente algunos días me ha dado por hacer lo que yo nunca hacía: tomarme un té después de comer. Hay días que acabo bebiendo tres tazas de té (al día, no después de comer), lo cual pese a mi adicción confesa, no deja de sorprenderme. Y una taza de té es lo que mejor le va a la novela gráfica sobre Virginia Woolf editada por Impedimenta que me regalaron mis padres. Aún sólo he leído trozos de aquí y allá. Es demasiado chula como para leerla con calma de entrada (¿tiene eso sentido?) pero la leeré y hablaré de ella aquí. Y mientras la leo utilizaré un precioso marcapáginas de Virginia Woolf, que junto a otros preciosos y artesanos, también me trajeron los Reyes en las casas de mi tía y de mis primas.






Continuará. Y ya aviso: habrá más té y más anglofilia y más libros. Pero eso nadie lo dudaba, ¿no?

lunes, 31 de diciembre de 2012

Feliz año

Entrada programada.



Each day we begin a new year, each day we must begin again ~ Nella Last
Cada día comenzamos un nuevo año, cada día debemos comenzar de nuevo. ~ Nella Last

Me repito, lo sé. Esa frase ya puse en la Nochevieja que dejaba paso al año 2011 (gracias por la precisión, archivo del blog), pero es que es una frase que me parece muy adecuada y muy, muy cierta.

En cualquier caso, creo que aparte de la frase idónea, la imagen acompaña. El magnífico Eric Ravilious siempre tiene una imagen apropiada, sobre todo para los que sufrimos de esa placentera enfermedad llamada anglofilia. Una habitación propia: un año propio que comienza cada día. La puerta abierta de par en par, la ventana con buenas vistas, la silla para ponernos cómodos y la habitación de aspecto parco pero acogedora y luminosa, para rellenar o no al gusto de cada uno. Quienes pasáis por aquí con cierta frecuencia ya sé que estáis tomando las medidas para poner unas cuantas estanterías y comenzar a llenarlas con libros. Y sí, estoy de acuerdo en que la silla es mejorable con una buena butaca donde pasarse las horas. Y que no falte el té humeante. ¿Veis qué acogedor? Pues lo mismo con el nuevo año.

Un muy feliz 2013 para todos.