miércoles, 12 de diciembre de 2007

Fira de Santa Llúcia

Parece increíble que hoy haga justo una semana, pero el miércoles pasado a estas horas estaba pululando delante de la catedral por la Fira de Santa Llúcia en busca de figuritas para mi nacimiento (que, cómo no, tratándose de algo que yo quiero, empiezan a escasear). Al final encontré un par de puestos y me hice con unas cuantas que ya enseñaré cuando ponga el nacimiento. Además luego en Madrid también compré algunas más.

Pero no sólo me dediqué a las figuritas, también di con un puente lo suficientemente pequeño como para que no parezca que mis figuras tienen tendencias suicidas y hay que impedirles a toda costa que se tiren al río a lo Virginia Woolf. Y también me abastecí de productos de atrezzo: sacos, leña, cofres, vasijas, piedras... Todo en tamaño minúsculo, claro.

Pero en la feria se puede comprar cualquier cosa relacionada con la Navidad. Se parece a lo que debían de ser los puestos de la Plaza Mayor de Madrid antes de dedicarse casi exclusivamente a la venta de todo tipo de pelucas y gorros de reno de peluche (¡¿alguien sabe qué tienen que ver las pelucas con la Navidad?!). Los puestos son todos muy bonitos con tanto colorido, aunque siempre me pregunto de qué vive esa gente el resto del año.


También compré el ya tradicional ramito de muérdago y acebo. Ahora nos queda por quemar el ramito del año pasado como dice la tradición, aunque Manuel no está nada decidido (normal por otro lado*).
Así que con eso, unos cuantos adornos cedidos por mi madre y un par de ositos monísimos venidos de Valencia/Madrid, este es el estado de la caja de la Navidad. Qué ganas de vaciarla.
(Las bolsas de plástico son de la feria, lo aclaro con la esperanza de que la explicación haga que parezcan un poco menos cutres)

*Cómo se va a fiar de mí para quemar nada, por mucho que yo insista en que lo ponemos en la pila bajo el grifo para tener el agua cerca en caso de que se nos vaya de las manos si me pasan cosas como que voy a tirar la basura y suelto el pedal que sujeta la tapa del contenedor antes de quitar la mano y dejo que la tapa me caiga encima de los nudillos con todo su peso. No soy de fiar, está claro.

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