sábado, 22 de diciembre de 2007

La plaça del diamant en el TNC

Total, que hoy no salimos en las noticias abriendo botellas de cava. Pero no me quejo, que al menos ha caido algún reintegro.

El caso es que ayer al final cumplí mis planes y me fui a la Plaza de Sant Jaume a ver el Nacimiento de este año. Tuve suerte: no me llovió y me gustó mucho.

Cada año es totalmente diferente, siempre con mucho verde porque colabora el departamento de parques y jardines. Las figuras eran talladas en madera y, aparte de las típicas que salen en la foto, había un montón de cabras y ovejas y un par de pastores. Detrás de esto tan tradicional estaba la parte más modernilla y artística. Y yo, que para el arte debo de ser un poco clásica, nada más ver estas jaulas pensé que había llegado tarde (en días, no en hora) y que ya lo estaban desmontando. Pero luego caí en que era día 21 y que al menos deberían mantenerlo hasta el 26. Así que con la ayuda del panel explicativo deduje que eran parte del montaje real. El nacimiento de este año se llama Essència porque mezcla la naturaleza con la ciudad, de ahí que en las jaulas, que formaban una especie de avenida, hubiera tanto piedras como plantas o piñas. Oí a un vigilante decir que unas de las piedras (todas diferentes) representaban el Ensanche, por ejemplo. Como mínimo era curioso, aunque reconozco que de haber visto sólo el Nacimiento en sí, sin jaulas, no hubiera echado nada en falta.Había quedado con Manuel aquí mismo, así que mientras esperaba tuve tiempo de hacer de guía turística improvisada cuando nada menos que tres americanos (por separado) se me acercaron y me preguntaron qué era aquello. Y no se referían sólo a las jaulas, sino también al Nacimiento en sí.

Cuando llegó Manuel, callejeamos un poco y acabamos apoltronados en los sillones del Starbucks de Via Laietana (Laietana,Laietana, no me canso de decirlo, me encanta) hasta que se hizo la hora de ir al TNC. Del TNC yo sólo conocía el exterior y la entrada, que son preciosos. Mientras esperábamos a que abrieran las puertas de la sala, yo me compré el programa de la obra, pululé por la tienda e hice fotos. En esta: la famosa torre Agbar vista desde el interior del TNC. Menos mal que los asientos son comodísimos (¡los nuestros en segunda fila!) y la obra era muy buena, porque empezó a las 8 y terminó a las 12 (con un par de entreactos que duraron en total una media hora). Como dijo Manuel, yo debía de ser la única persona de la sala que no sabía realmente de qué iba la historia. Sí, Colometa y la guerra y alguna cosa más, pero eso no es conocer la historia. Eso sumado a que era en catalán al principio daba un poco de respeto.

Pero la obra empezó, con una puesta en escena espectacular y, salvo alguna palabra (que sí, solía ser la palabra clave), se seguía perfectamente. Los actores eran todos muy buenos. Mis favoritos, aparte de Natàlia/Colometa, eran Julieta y la señora Enriqueta. Y los decorados cada vez más impresionantes, sobre todo los de la guerra. El escenario del TNC es enorme.

Quien conozca la historia puede imaginarse que el segundo acto fue tristísimo, pero, en cambio, cosa que yo no me esperaba, el primero y el tercero eran más alegres (el primero con optimismo, el tercero con un poco más de acidez).

Y, cosas del teatro, nos reímos muchísimo cuando alguien del público estornudó y uno de los actores, no sabemos si por qué pensó que era la actriz con la que hablaba la que había estornudado, intercaló un ¡Jesús! en mitad de su discurso.

Cuando terminó no me parecía que fueran las 12, que hubiéramos pasado cuatro horas ahí dentro. Me encantó y ahora, conociendo la historia, estoy deseando leer el libro

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