lunes, 6 de abril de 2009

Juvenilia 1829-1835, de Charlotte Brontë, editado por Juliet Barker

Antes de nada, dejo constancia de que soy consciente de que se dice "los juvenilia". Dicho esto, espero que si se me escapa algún "la juvenilia", que incultamente es lo que me sale por defecto, me sea perdonado.

Ya dije que conmemoro la muerte de Charlotte Brontë con algún libro suyo entre manos. Otros años me dedico a las relecturas que, en el caso de Charlotte Brontë en particular es algo que creo que se puede hacer ad infinitum (al parecer para la entrada de hoy los latinajos estaban de promoción) y siempre encontrar nuevos detalles. Este año me dije que ya era hora de aparcar mis temores a que los juvenilia fueran un poco pelmazo - a pesar de que Manuel, que es el verdadero experto en escritos juveniles Brontë, insistía en que no sería así - y comenzar por algo bastante básico de entre los numerosos tomos de escritos juveniles que tenemos por casa y coger el editado por Juliet Barker (autora, entre otros, de la grandísima, en todos los sentidos, biografía The Brontës y una eminencia en cuestiones de sabiduría Brontë, aunque quizá los juvenilia sean más el campo de Christine Alexander... ejem, sí, ya paro): Juvenilia 1829-1835, de Charlotte Brontë.

No es que yo no hubiese leído ni una palabra de juvenilia en la vida antes, porque en las biografías (y de esas sí que he leído unas cuantas) sale siempre, y hay fragmentos que son muy conocidos. Pero no sé, a mí las sagas no me van demasiado, más que nada porque me da miedo hacerme un lío de personajes y generaciones y eventos, y los juvenilia son una saga escrita en miniatura.

La magia de los juvenilia para mí, hasta hace unos días, residía, no en el contenido, sino en todo lo de alrededor. Unos niños que la leyenda se empeña en describir como tristones, apagados, grises y que los hechos y los testimonios confirman una y otra vez como niños normales y corrientes. O mejor, no: niños muy raros para su tiempo ya que su padre - otro distorsionado por la leyenda - les permitía lo que en la época no era nada común: leer cualquier cosa que cayera en sus manos, escribir sin parar, jugar a sus anchas, pasarlo bien a su manera. Los orígenes de los juvenilia se remontan a unos soldaditos de manera que Patrick, el padre, le regaló a Branwell y los niños se repartieron, dieron nombres de personajes reales de la época (por ejemplo el Duque de Wellington) y reinos ficticios y escenificaron los acontecimientos que con el tiempo fueron dejando plasmados por escrito. Reinos míticos como Glass Town, cuyo nombre luego hicieron más culto a la griega como Verdopolis, y Angria en el caso de Charlotte y Branwell y Gondal y Gaaldine en el caso de Emily y Anne (de las que sólo se conserva la poesía, no sé sabe con certeza qué fue de la prosa). Emily y Anne que con 27 y 25 años respectivamente aún jugaban en un viaje en tren a York a ser estos personajes que nunca llegaron a ser sólo ficticios para ellas. Charlotte describe al final del libro que leí cómo, mientras da clase en Roe Head - un internado al que primero fue como alumna y luego volvió como profesora - el Duque de Zamorna, que aparece en la portada del libro arriba dibujado por la misma Charlotte, se le aparece y ella lo ve claramente, lo describe vívidamente, se le acelera la respiración. Impresionante.

Los juvenilia se conservan en libritos minúsculos en los que escribían sin parar y en los que se dejaban los ojos. Los escribían en letra de imprenta y formato de revista de la época con anuncios ficticios y todo o bien en formato de novela, pero siempre "encuadernados" con todo lujo de detalles. De poco sirvió el intento de Patrick de regalarles un cuaderno grande donde les ponía como condición que escribieran en letra normal; los niños disfrutaban con sus miniaturas, hechas en principio del tamaño correspondiente a los soldaditos, que les daban libertad de los ojos de su padre y de su tía que no alcanzaban a leer esa letra. Además el papel era muy caro y ellos escribían mucho.

Fueron el taller de escritura perfecto. Charlotte con 14 años escribe como pocos hoy, con un manejo de la retórica y unas descripciones que dejan perplejo. Una niña que no había salido de su pueblo industrial describe con una facilidad asombrosa unos patios soleados de columnas griegas, unas telas con todo tipo de detalles, el mar que nunca había visto y un largo etcétera. Había leído mucho, sí, pero lo cuenta de forma tan creíble que cuesta creer que sea sólo fruto de una lectura anterior y una imaginación desbordante. Lo mejor es cuando ella misma habla de la escritura. No es raro encontrar aclaraciones suyas de cómo va a dejar ahí la metáfora porque ya se le ha ido demasiado de las manos y cosas similares. Esta cercanía, no hay duda, es la antecesora de sus famosísimos apelativos al "lector". ("Reader, I married him" ("Me casé con él, lector") le debe toda su fuerza a los juvenilia). También le debemos mucho a su adorado profesor de Bruselas, el señor Heger, que la enseñó a sacrificar sin miedo todo aquello que no aportaba nada (y es que Charlotte se iba constantemente por los cerros de Úbeda). Todo ello nos dejó a la Charlotte Brontë que hoy conocemos como autora publicada.

Pero, ¡oh!, qué tonta era pasando de largo de los juvenilia. No sólo me ha cortado la respiración Charlotte con su impresionante estilo, sino que además me he reído mucho y he disfrutado con las lecturas de historias que, lejos de la perfección (pero muy superiores a muchas "obras maestras" actuales), son pequeñas joyas por muchos motivos.

El libro de Juliet Barker en concreto incluye alguna historia que luego se ha editado por separado (gracias a Hesperus) y también en español (gracias a Imágica), como The Green Dwarf (El enano verde). Además el libro es perfecto para principiantes porque Juliet Barker ha compilado un fantástico y utilísimo listado de nombres (con su correspondiente explicación de qué pinta en todo esto) que ayuda al lector a no perderse en el laberíntico y siempre cambiante mundo de los personajes verdopolitanos. Charlotte los veía de una forma, los creaba a su gusto pero Branwell, con quien interactuaba aunque a él le gustaba más el sentido histórico y a Charlotte más el personal, se divertía llevándolos por otros derroteros que Charlotte no tenía más que aceptar y que le suponían interesantes retos en lo que a caracterización se refiere. Así, por ejemplo, el romántico y delicado Marquis of Douro se convierte de la noche a la mañana en un hombre rudo que desembocará, de nuevo gracias a Charlotte, en el mítico Duque de Zamorna al que el señor Rochester de Jane Eyre debe tantísimo.

Así que he quedado encantada, tanto por los pequeños guiños a los propios hermanos en la vida real que se suceden, como por lo que se sabe que anticipa todo esto como, lo que más me ha sorprendido sin duda alguna, lo entretenido y difícil de soltar que lo he encontrado todo.

Lo mejor es que aún tengo muchísimo que leer y falta un año para el próximo aniversario así que no descarto saludar a Charlotte antes de tiempo.

5 comentarios:

  1. Rompamos una lanza a favor de los niños normales!!! Vale ya de imagineria oscura y depresiva! Soldaditos de plomo y risas en la rectoría!!

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  2. ¡Eso, eso! Así me gusta, con entusiasmo :D

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  3. Cómo aprendo contigo!! Una maravilla!! La biografia de Juliet imagino que no estará traducida, verdad??

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  4. Por favor, esta traducida esta juvnilia?. soy una fanatica de Charlotte desde tempo inmemorial y me ha sorprendido esta pagina. Mi sueño algun dia es ir a Haworth y ver la fundacion brontë.
    saludos

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  5. María: me temo que no (por una parte compadecería al pobre traductor que le cayera eso encima). Pero hay alguna otra que sí, aunque a lo mejor esas ya las tienes en casa, claro.

    Anónimo: como decía en la entrada, la editorial Imágica ha traducido algunas historias de los juvenilia, no todos, claro, pero bastantes para pasar un buen rato (El enano verde o El huérfano, por ejemplo).

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