lunes, 11 de octubre de 2010

En Sitges

Podría decirse que nos hemos ido de puente a medias. Todos los días desde el sábado y hasta el martes pasamos un ratito por Sitges, con la excusa del festival de cine. Antes de ir a la cola de la película que sea - y ayer también después - respiramos el ambientillo de Sitges que tanto me gusta.

Aunque este año había pasado menos tiempo del habitual desde la última visita (normalmente vamos por el festival) ya que cuando en julio vino la única lectora pasamos un día allí, volver a Sitges siempre me parece una delicia y siempre, aunque aparentemente pasemos por calles ya conocidas, se descubre algo nuevo que había pasado misteriosamente desapercibido hasta entonces.

El ambientillo del festival también es curioso y digno de ver y todo sucede con el cartel del festival de fondo. Este año inspirado por las gemelas de The Shining (El resplandor).

El sábado - a pesar de las predicciones - hizo un día estupendo: la gente iba a la playa como si fuera agosto. Ayer un poco peor y aun así la gente se bañaba; veremos qué nos espera hoy cuando vayamos.

De las películas que hemos visto y veremos ya hablaré. De momento dejo aquí algunas imágenes de estos días de puente en los que no ha habido tiempo para repostería, pero que, para compensar, sí que hemos visitado alguna de las pastelerías de Sitges.

El sábado teníamos que estar en Sitges antes de las 10 de la mañana, lo que implicaba salir de casa a horas intempestivas (para ser sábado). Por fin estrené mi nuevo termo de Starbucks, que esperaba turno desde mi cumpleaños (el anterior que tanto había usado se había caído y roto unos días antes). Nueva lectura también, puesto el viernes había terminado el libro que estaba leyendo (y del que ya hablaré).



Ayer, haciendo cola antes del entrar el cine, vi este patio azul que me encantó al otro lado de la calle .


Ayer al salir de casa llovía (no tanto como la noche anterior) así que, aun sabiendo que son el mejor método de hacer que la lluvia cese, me puse mis botas de lluvia. Llovió un poco y luego paró y, como suele ser habitual, acabé yendo con botas de lluvia secas. Nos metimos en el cine y al salir vimos que mientras estábamos dentro había estado lloviendo pero ya había parado. Mis botas tienen poderes.



Como el día estaba variable y revuelto, el mar también lo estaba y me sorprendió que a pesar de todo - el fresquito, la falta de sol, el mar revuelto - hubiera gente en el agua. Manuel se fue a ver las exposiciones y demás y yo me quedé haciendo fotos y viendo chocar las olas con fuerza, una de mis "visiones" favoritas.





A ver qué nos espera hoy en Sitges, aparte de cine. Tal y como está hoy el día creo que dejaré las botas de lluvia en casa. Lo cual indica que hay un alto riesgo de fuertes lluvias (y los consecuentes y odiosos pies mojados).

viernes, 8 de octubre de 2010

What Do You Got?


Tu valor
Tu ánimo
Tu resolución
Nos darán
la victoria

Escribía Vere Hodgson:


Wednesday, 16th [May 1945] [...] I was very amused at the rescinding of the bill against Gloom and Despondency. Now it is not against the law to be gloomy or despondent. So great was our danger in certain years that we were forbidden to look miserable. Now we can be as unhappy as we please! Freedom is returning.

Miércoles 16 [de mayo de 1945] [...] Me hizo mucha gracia la derogación de la ley contra la tristeza y el abatimiento. Ahora sentirse triste o abatido ya no va contra la ley. Tal fue el peligro durante algunos años que se nos prohibió mostrarnos afligidos. ¡Ahora podemos ser tan infelices como queramos! Vuelve la libertad. (Traducción rápida mía)

En Inglaterra los años después de la Segunda Guerra Mundial (esos años de los que tanto oímos hablar ahora en relación con la crisis actual) fueron para mucha gente peores que los de la guerra. Peores porque ya no había causa común y la calidad de vida, en lugar de mejorar, daba la impresión de ir a peor. El racionamiento de comida, por ejemplo y a diferencia de la ley de la que habla Vere Hodgson, se mantuvo hasta 1953, catorce años después del comienzo de la guerra.

Durante la guerra no sé si por ley, por carteles como el de arriba o por voluntad propia, la gente del frente doméstico intentaba mantener el buen humor y tener en mente que se podía estar mucho peor.

El otro día, después de ver en las noticias cómo otra organización había sacado la bola de cristal y había hecho conjeturas acerca de la duración y evolución de la crisis (casi cada día hay una nueva y me gustaría ver cuántas se han equivocado ya) y de cómo la confianza había descendido, bla bla bla, le comenté a Manuel que es difícil que la confianza suba justo por eso. No estoy abogando por el manejo ni la filtración de información - que además es imposible en estos tiempos - pero si en las noticias bombardeas a la gente con los datos del paro, los augurios de tal organización, el descenso de la confianza, la situación de las cajas de ahorros y la palabra crisis por todas partes, no puedes esperar que un ciudadano de a pie se lance a invertir, a comprar, a gastar y demás (lo que ayudaría a que el volumen de negocio de un empresario aumentara y tuviera que contratar personal, etc). Churchill no era tonto y sabía lo que hacía cuando aprobó la ley "contra la tristeza y el abatimiento", con todo lo que eso implicaba.

Y efectivamente, como dice Vere Hodgson, la libertad vuelve cuando el Estado deja de imponerle a uno el estado de ánimo. No hace falta legislar sobre el estado de ánimo, ni ocultar información como se hacía entonces, simplemente hay que tratar de compensar un poco la balanza y lanzar, también, mensajes de esperanza.

Todo esto para llegar a una conclusión un tanto inesperada: Bon Jovi tienen nuevo single (de cara a sus grandes éxitos, a la venta en noviembre) y, como ya llevan haciendo desde hace tiempo, en lugar de regodearse en lo malo, deciden tratar de animar a la gente con un mensaje positivo (que por otra parte me recuerda un poco a esa lectura de tantas bodas "si no tengo amor, etc."), de esos que mucha gente necesita oír. ¿Idealista? ¿Irreal? ¿Dirigido a la gente que no lo está pasando verdaderamente mal? Puede, pero no creo que nada de eso sea la intención, como tampoco lo era con carteles como el de arriba.



WHAT DO YOU GOT



Everybody wants something, just a little more
We're makin' a livin', and what we're livin' for
A rich man or a poor man, a pawn or a king
You can live on the street, you can rule the whole world
But it don't mean one damn thing

[Chorus:]
What do you got, if you ain't got love
Whatever you got, it just ain't enough
You're walkin' the road, but you're goin' nowhere
You're tryin' to find your way home, but there's no one there
Who do you hold in the dark of night
You wanna give up, but it's worth the fight
You have all the things that you've been dreamin' of

If you ain't got someone, you're afraid to lose
Everybody needs just one, someone... to tell them the truth
Maybe I'm a dreamer, but I still believe
I believe in hope, I believe that change can get us up off our knees

[Chorus]

If you ain't got love, it's all just keeping score
If you ain't got love, what the hell we're doin' it for

I don't wanna have to talk about it
How many songs you gotta sing about it
How long you gonna live without it
Why does someone somewhere have to doubt it
Someday you'll figure it out

[Chorus]

If you ain't got love, it's all just keeping score
If you ain't got love, what the hell we doin' it for
Woahhh, I ain't got, if you ain't got
What do you got if you ain't got love
What do you got if you ain't got love

Este mensaje sobre un libro, la Segunda Guerra Mundial, la crisis y Bon Jovi está claramente patrocinado por la cultura popular.

miércoles, 6 de octubre de 2010

Tales of Glass Town, Angria, and Gondal, de los Brontë

He pasado unas semanas leyendo Tales of Glass Town, Angria, and Gondal: Selected Writings, acompañada por los pequeños Brontë y sus alocadas aventuras. Creo que la otra vez que hablé de sus juvenilia ya comenté que el único adjetivo que se me ocurría para describir su imaginación era desbordante: lo sigue siendo. Esos niños respiraban Glass Town, Angria y Gondal - los lugares imaginarios en que sucedían sus historias - hasta tal extremo que a veces la realidad y la imaginación se mezclan sin separación ni barrera alguna.

Pero no es imaginación sin orden ni concierto: todo lo tienen de lo más organizado (que no siempre quiere decir que sea organizado como la realidad): hay elecciones, hay complots políticos, hay pasados oscuros, segundas intenciones, venganzas, hay gente que vuelve a la vida (algo muy significativo teniendo en cuenta que en pocos años estos niños había perdido a su madre y a sus dos hermanas mayores), hay periódicos, hay historias de amor legítimas e ilegítimas, hay sangre y crueldad. Hay de todo hasta el punto de que la expresión mundo en miniatura es perfecta. Y, con contadas excepciones, hay que acatar lo que otros escriben y aportan a la historia y, si no gusta, ingeniárselas para hacer que el río vuelva a su cauce pero siempre teniendo en cuenta lo ya escrito.

El manejo de las tramas y los recursos es sorprendente y muy superior a lo que muchos escritores actuales son capaces de tener entre manos. Los pequeños Brontë dejan al lector sin palabras. Con menos de 20 años (aunque siguieron, en mayor o menor medida, inmersos en esos mundos pasada esa edad) dominan una historia enrevesadísima y, más o menos, saben a dónde quieren llevarla y la llevan con maestría hasta el final. A mí me asombra.

Mi idea era leer los escritos de Glass Town y Angria de Charlotte y Branwell pero al final acabé enganchada a los poemas de Emily. Del mundo de Emily y Anne, Gondal, se sabe muy poco y lo que se sabe es principalmente a través de la poesía que escribieron al respecto y que es lo único que se conserva (con algunas menciones de los acontecimientos aquí y allá en otros papeles). Nadie sabe qué fue de la prosa de Gondal, si la destruyeron Emily y Anne conjuntamente, sólo Emily, sólo Anne o Charlotte cuando estas ya habían muerto. El caso es que es una gran pérdida y de la trama de Gondal prácticamente sólo hay conjeturas.

La poesía de Emily - de Gondal y no-Gondal - la conozco bien, me reconcilió en su día con la poesía en general. Así que aunque no estaba planeado me enganché una vez más a los poemas de Emily y después a los de Anne, cómo le iba a hacer el feo. Y me siguen pareciendo tan estupendos como siempre.

En fin, parecía imposible - por estar ya al máximo - pero cerré este libro con admiración y adoración renovada hacia la familia Brontë.

martes, 5 de octubre de 2010

Sota terra

Hace unos días Manuel dejó caer como quien no quiere la cosa que no había escrito acerca de Sota Terra (bajo tierra) en el blog. Al no poder - ni querer tampoco - negar la evidencia no pude hacer ningún tipo de comentario al respecto así que Manuel siguió diciendo que el programa se lo merecía. Y no le faltaba razón. Así que aquí está la merecida entrada.

Los lunes por la noche del verano resultaron de lo más amenos gracias a este programa de TV3. Desde que lo vi anunciado, días antes del primer programa, me llamó la atención. Vimos el primero, nos gustó y los vimos todos.

La arqueología siempre me ha llamado mucho la atención. Levantar un trozo de suelo o un montón de arena y que salga un objeto de hace cientos de años me parece fascinante. Pero si encontrarte una moneda de curso legal en unos pantalones que hace siglos que no te pones es emocionante, cómo debe de ser encontrar una moneda que utilizaban los romanos.

El programa consistía en un equipo de arqueólogos - a cargo de Eudald Carbonell - tenía tres días en el sitio X (los sitios estaban distribuidos por toda Cataluña; uno por programa) para cumplir unos objetivos fijados con anterioridad (comprobar si una fortaleza era más extensa de lo que se pensaba, confirmar si una casa se construyó antes o después de tal suceso, etc.). El equipo se dividía en pequeños grupos que trataban de confirmar teorías y demás. Al cabo de los tres días recogían el campamento y repasaban los logros (o la falta de logros). En fin, muy curioso, tanto por lo que se aprende como, sobre todo, por ver a un equipo de arqueología en acción.

Hubo algunos programas un poco flojos: normalmente si tenían recreación histórica indicaba que no había gran cosa que encontrar y contar, pero esos fueron los menos.

Mención especial al señor Carbonell que, aunque me costaba horrores entenderlo (las palabras se le quedan enganchadas en ese bigote que lleva), y ataviado con un traje de explorador/arqueólogo que cuesta creer que sea de verdad y no el producto del encargado de vestuario de una serie de ficción sobre arqueólogos, no por nada es uno de los cerebros detrás de los hallazgos de Atapuerca. Nos dejaba impresionados con sus destrezas prehistóricas. Este hombre hacía herramientas paleolíticas en un abrir y cerrar de ojos y demostraba que funcionaban a la perfección para cortar carne cruda, encendía un fuego desde cero en un momentito y, una vez afianzado, hacía el caldito preferido de cualquier cavernícola. Realmente sus conocimientos prácticos nos deslumbraron aun más que los teóricos (que en general iban seguidos de un "¡¿qué?!" mío, y ojo que la barrera no era el catalán, sino el bigote).

Curioso también el pequeño añadido final culinario de la época en que se había movido el programa del día. Platos romanos, platos de la edad media, etc. con ingredientes, por regla general, bastante poco comunes (al menos para nosotros).

No sé si volverán con nuevas excavaciones el verano que viene, pero desde luego no me importaría ver más.

lunes, 4 de octubre de 2010

Brownies de doble chocolate con pistachos

Muchas de las recetas que estoy deseando hacer/repetir son tirando a otoñales/invernales y aún parece un poco pronto para ponerse con ellas.

Hasta ahora era consciente de odiar el entretiempo en cuestiones de ropa: te pongas lo que te pongas te equivocas (al menos yo me equivoco) y está también el hecho de que sales de casa, piensas que hace fresco y para cuando vuelves estás cocida. Pero bueno, la transición hacia el frío la llevo mucho mejor que la transición hacia el calor. Ahora los días que paso calor sé que tiene los días contados y que la temporada de manta y té está a la vuelta de la esquina (al menos eso espero).

Lo que yo no sabía es que en cuestiones gastronómicas el entretiempo también es odioso: ya no puedes vivir a base de ensaladas y cremas frías pero tampoco puedes entregarte de lleno a las comidas bien calientes (sopas y comidas horneadas). Con lo cual mi repertorio gastronómico serio se vuelve muy limitado y hacer los menús semanales es más quebradero de cabeza que nunca.

Con la repostería pasa lo mismo. Hay un montón de cosas con canela y gengibre y demás sabores otoñales que estoy deseando hacer, pero aún no parece ser el momento. Lo bueno (una cosa más de tantas) del chocolate es que es atemporal, así que unos brownies siempre están de moda.

El otro día pensé que podíamos hacer la misma receta de la otra vez pero con pistachos en lugar de nueces, como sugirió Ángeles por entonces (Ángeles que, por cierto, estrena blog: Milerenda. ¡Visitadla!). Tenía en otro libro una receta específica de brownies con pistachos, pero los de nueces habían quedado tan ricos que prefería sólo cambiar nueces por pistachos y listos.

Así que el sábado después de comer me dejé los dedos pelando los dichosos pistachos y dejándolos a punto para luego incorporarlos a la mezcla que es facilísima de hacer. Al poco de meter el molde en el horno la cocina y, a pesar de la puerta cerrada, la casa comenzaron a oler de maravilla. Lo digo con muchos olores (limón, fresas, naranja) pero, oh, el olor a chocolate es celestial.

Y últimamente no sé por qué no había tenido ocasión de sentarme a mirar telehorno como a mí me gusta. Cierto que los brownies al no llevar levadura no son demasiado emocionantes, pero telehorno siempre tiene sus alicientes, en este caso ver formarse la costrita característica de los brownies y meditar acerca de las preguntas sin respuesta de la química (al menos para mí, puramente de letras) de por qué los brownies hacen esta costrita y otros dulces no. Misterios de la ciencia.

Lo suyo habría sido acompañar los brownies con una bolita de helado, pero también habría sido excesivo así que nos conformamos sólo ("sólo", ¡ja!) con los brownies, que el sábado por la noche no pudimos resistirnos a probar cuando aún estaban un poquito calientes. Hmmmm.

Estaban bien ricos, aunque nuestros pistachos, que no eran ni de Irán ni de Brontë (deberíamos haber buscado pistachos de Bronte, claro), eran normalitos. Con unos pistachos mejores y con más sabor, el contraste de sabores habría sido más llamativo. En nuestros brownies pasan un poco desapercibidos, pero el resultado es rico igualmente, aunque el chocolate canibalice el sabor. Pero, en mi opinión, el chocolate es libre de canibalizar lo que quiera.

Luego por la noche vimos una película del magnífico director - y guionista - Preston Sturges (muy conocido por Sullivan's Travels (Los viajes de Sullivan)): The Miracle of Morgan's Creek (El milagro de Morgan's Creek), rodada en 1942 pero sin estrenar hasta 1944. Nos sorprendió tanto por lo divertidísima que es (hubo un momento en que tuve que soltar la plancha y simplemente dedicarme a reír) como por lo políticamente incorrecta que puede llegar a ser para su época, tanto que alguna crítica de la época decía que el censor (o quien fuera que velase por el cumplimiento del código Hays) se debía de haber quedado dormido mientras la veía y había dado el visto bueno sin más. Pero bueno, una maravilla de película que, además, te tiene en vilo de principio a fin con la intriga de cuál será el milagro.

domingo, 3 de octubre de 2010

Flores de domingo

Manuel sigue trayendo flores los domingos (también higos, peras, manzanas y uvas). A lo largo del año, más grandes o más pequeñas, en mayor o en menor cantidad, más o menos vistosas, creo que ha habido pocos días que haya venido con las manos vacías. Este otoño-invierno en los que nos adentramos tienen pinta de ir por el mismo camino.

Esta flor, que no tengo muy claro - oh, sorpresa - cómo se llama, me encanta por su colorido, por su forma y por su tamaño. Pedía a gritos una sesión de fotos.





viernes, 1 de octubre de 2010

Noche de viernes: ciclo George Eliot

Pues sí, ahora nos hemos cuadriculado aun más y lo que antes era una decisión más o menos improvisada para cada viernes, ahora se decide con anterioridad y Manuel organiza un ciclo del autor en concreto. Cuando acabamos el ciclo de E.M. Forster, Manuel preguntó qué autor quería conocer a través de sus adaptaciones y como George Eliot es esa gran desconocida para mí, dije su nombre y Manuel se puso manos a la obra, de modo que en estas últimas semanas (unas cuantas, todo el verano) su obra nos ha ido acompañando.

El hecho de que con Manuel haya que decir "selección de cosas" en lugar de "colección de cosas" tiene aquí su perfecto ejemplo práctico. A Manuel le dices ciclo de George Eliot y lo exprime hasta el insospechado extremo de dar con una película muda - Romola, basada en la novela del mismo nombre - de 1924 para abrir el ciclo. Manuel me decía que salían las hermanas Gish y yo ni idea de quiénes eran, claro (a él sí que le gusta el cine mudo). También salía un jovencito William Powell. Tardamos un poco en reconocerlo (luego lo confirmamos gracias a internet), con la melenita y demás, pero era él, quien luego interpretaría a Nick Charles en la saga del Thin Man. El caso es que yo lo intenté, de verdad. Me había ido mentalizando toda la semana e intenté resistir todo lo que pude... pero es que si los viernes me cuesta seguir las películas que me gustan con sonido, en silencio ya fue imposible. Llegó un punto en el que me empezó a costar más y más leer los cartelitos narrativos y al final caí. Manuel se "indignó", claro, dormirme con una película de las hermanas Gish, dónde se ha visto eso.

Con Silas Marner - de nuevo basada en la novela del mismo nombre - dimos un enorme salto en el tiempo (hasta 1985) y volvimos al maravilloso mundo del sonido. Comprobamos que hay actores que se encasillan con ciertos autores. Helena Bonham Carter lo estuvo brevemente con E.M. Forster y esta era la primera de Patsy Kensitt en una adaptación de George Eliot. Digamos que Patsy Kensitt no es una gran actriz, o como mínimo muy natural no es. La película estaba bien y tenía un buen reparto y puede que sea que ha pasado mucho tiempo desde que la vimos pero por lo poco que recuerdo creo que también me debí de dormir. Qué difícil es hablar de una adaptación literaria que ves por ser una adaptación literaria pero cuyo libro no has leído y en la que encima te quedaste frita.

Adam Bede constituye mi único y frustrado intento de leer a George Eliot. Allá por aquellos tiempos en que la literatura inglesa del siglo XIX se extendía ante mis ojos, yo iba probando de aquí y allá sin hacer grandes distinciones. Siempre obsesionada con el orden cronológico, compré Adam Bede porque era una de las primeras novelas de George Eliot y cuyo argumento no tenía mala pinta. Varios días lo llevé a cuestas e intenté leerlo pero estaba - así lo recuerdo al menos - todo escrito en dialecto (muchísimo más que en Cumbres borrascosas, que ya había leído por entonces), con lo cual, si las novelas del XIX hasta la página 100 ó así, son un pequeño reto (siempre cuesta adentrarse en la historia, con contadas excepciones), aquí lo era aun mayor, puesto que había que andar descifrando lo que decían los personajes. Abandoné y decidí que George Eliot no era lo mío. Quizá fuera injusta pero es que era muy cansado. Así que ver la adaptación - de nuevo con Patsy Kensitt - como mínimo me sacó la espinita de enterarme de qué iba la historia. Y aunque estuvo bien lo siento pero no estoy nada dispuesta a retomar el libro.

Y eso que, al lado de Adam Bede, en la estantería también tengo Middlemarch, eternamente pendiente de ser leído. Pero entre que, desde lo intenté con Adam Bede, George Eliot ya no me tienta igual, y que Middlemarch es un libro imponente, lo voy dejando siempre para más adelante. Más de una vez lo he tenido entre manos cuando buscaba un nuevo libro para empezar a leer y al final nunca me he decidido. Al menos por fin he visto la famosa adaptación de Middlemarch de la BBC, una de esas adaptaciones que tuvieron - y siguen teniendo - mucho éxito en su día. Es de la época de la mítica adaptación de Pride & Prejudice (Orgullo y Prejuicio) con Colin Firth y se nota. Aquí el actor equivalente a Colin Firth es un jovencísimo Rufus Sewell al que me hizo mucha gracia ver. La historia está muy bien contada, es interesante y me gustan las historias corales. Pero George Eliot por escrito me sigue imponiendo y dudo que el haber visto la serie me anime, al menos a corto plazo, a leer la novela. ¡Pero ahora al menos ya sé de qué va!

Curiosamente esta adaptación libre de Silas Marner (ver arriba), A Simple Twist of Fate (Un golpe del destino), con Steve Martin como protagonista fue una de las que más me gustó del ciclo. Se puede decir sin problemas que es mejor adaptación que la que lleva el nombre de la novela. Es, como digo, libre, llevada a los años ochenta y noventa en Estados Unidos, pero en el eterno debate de la letra de la novela versus el espíritu de la novela sigue siendo preferible quedarse con el espíritu que no con la letra. Sin haber leído Silas Marner es difícil comentar eso con profundidad respecto a esta adaptación, pero creo que todos los elementos de la historia: el huraño que adora su colección de monedas de oro que un buen día se encuentra con una niña pequeña abandonada y decide hacerse cargo de ella y al que se le abre un mundo nuevo están ahí. Por supuesto hay elementos puramente americanos, pero no se dan de tortas con el resto. E incluye algo que muchas veces se les olvida en las adaptaciones: el sentido del humor. Desconozco si las novelas de George Eliot son dadas a ello - siendo inglesa diría que al menos alguna ironía debe de haber incluido en ellas - pero sé por experiencia con Jane Eyre, por ejemplo, que en el afán de que todo quepa se les suele olvidar lo que le da otro tono de vez en cuando a la historia.

The Mill on the Floss (El molino del Floss) tenía muchas ganas de verla, aunque una vez que has leído la serie de libros de Thursday Next de Jasper Fforde(¡en febrero sale la nueva entrega: One of Our Thursdays is Missing!) es difícil ver el nombre sin recordar al cronista oficial de Thursday, Millon de Floss.

Pero obviando eso, también tenía ganas, por fin, de ver (aunque lo suyo sería leer) en acción a una de las heroínas más famosas de la literatura inglesa: Maggie Tulliver. Reconozco que conocía vagamente el argumento de la historia, pero poco más. Emily Watson en el papel también estaba muy bien y lo cierto es que la historia me gustó mucho. Fue divertido porque por fin pude demostrarle a Manuel que a veces cierro los ojos pero sigo escuchando. Cuando pensó que me había quedado dormida y que la película no se lo merecía, me "despertó" y me interrogó acerca de lo que había ocurrido. Me complace decir que supe responder a todo correctamente y que ahora puedo recomendar esta adaptación libremente sin problemas de conciencia por haberme perdido trozos (al menos de sonido).

Daniel Deronda, según Manuel, es prácticamente la mejor adaptación de todas las anteriores. Y lo cierto es que es una gran, gran adaptación (no sé qué pensará de esto la gente que haya leído el libro). La historia está muy bien y demuestra que George Eliot, que ya lo tenía todo perdido en cuestión de reputación, podía moverse en terrenos vedados a otros escritores victorianos. Aquí trata - la novela es de 1876, de modo que bastante adelantada a su tiempo - el tema del antisemitismo sin morderse la lengua y, al menos en la adaptación, supongo que el libro tendrá un poco más de sermón, sin grandes parrafadas moralistas, contando una historia y dejando las conclusiones a cargo del espectador (en este caso). Con menos personajes que Middlemarch, también es una historia coral, y una de las protagonistas, Gwendolen, con una historia fascinante y muy, muy bien contada, está interpretada por Romola Garai (Romola, curiosamente, como la novela de George Eliot), a la que ya descarto ver en una película que no sea la adaptación de una novela (repasemos: Angel, Atonement, Emma, I Capture the Castle...) pero que suele siempre hacerlo muy bien (un poco menos bien cuando se pone a gesticular como loca, como hacía en Emma). Sin querer destripar ninguna de estas adaptaciones diré, eso sí, que George Eliot tenía verdadera fijación con morir ahogado.

Y como broche final, un poco acerca de la propia autora con George Eliot: A Scandalous Life (una vida escandalosa). Cuando acabó comentamos que nos había gustado y había sido interesante, pero Manuel apuntó que probablemente era una visión tirando a sensacionalista de su vida y qué me parecería que hubieran hecho algo similar con la vida de las Brontë. Y no le falta razón, una visión así de sesgada me habría indignado. La única diferencia es que conozco menos acerca de la vida de George Eliot, cuyo nombre real, por cierto, era Mary Ann Evans.

El documental está rodado como ficción y George Eliot está interpretada por Harriet Walker (que hacía de Fanny en Sentido y Sensibilidad 1996). Ella va contando su vida (los trozos escandalosos de su vida): su decisión de jovencita de dejar de ir a la iglesia (terrible para los victorianos de una forma que no podemos entender ya), de traducir libros de tendencias ateas, de irse a vivir con un hombre casado, algo también horrible a ojos victorianos. Y, sin embargo, su periodo de mayor felicidad y de mayor éxito literario, fue ese matrimonio sin papeles que duró más de veinte años, hasta la muerte de George Henry Lewes. Ella murió unos pocos años después, tras siete meses de matrimonio (con papeles) con un hombre más joven que había sido amigo suyo y de Lewes durante muchos años y no sin haber vivido - al menos según este documental - un episodio real (no ella misma) de casi muerte por ahogamiento. Paradojas.

Esta noche comenzamos nuevo ciclo.