domingo, 31 de agosto de 2008

Central Park (III), o Strawberry Fields Forever

Es una obviedad, pero esta entrada se lee muchísimo mejor con Strawberry Fields Forever de los Beatles de fondo. Ya sé, ya sé que los Strawberry Fields de la canción están en Liverpool y no en Central Park.

Pero es que la zona de Central Park que está justo enfrente de donde asesinaron a John Lennon también se llama así. Y allí también está el mosaico famoso de Imagine. Hay muchísima gente y aunque debería ser una visita emotiva, a pesar de no ser el sitio exacto donde le dispararon, lo cierto es que es más variopinta que otra cosa.

Hay allí un grupo de hippies trasnochados que venden rosas para que cada uno le haga a John Lennon su tributo floral, que generalmente toma forma de símbolo de la paz sobre el círculo de Imagine.

No sólo nos dedicamos a Central Park esa larga mañana (hay que ver, las bondades de madrugar), sino que fuimos saliendo y entrando por un lado y otro. A un lado la parte de arriba de la quinta avenida, con sus casas de ricos y sus edificios imponentes y el Metropolitan (en obras). Al otro lado Central Park West con sus casas no menos imponentes (aunque por lo visto un pelín más asequibles, que no es decir mucho cuando la comparación es con la quinta avenida) y el Museo de Historia Natural. Como turistas incultos que somos decidimos que preferíamos callejear a entrar en ninguno de los dos enormes museos. Una pena, porque ambos son enormes y muy prometedores. Para dárnolas aun más de incultos no nos bastaba con no entrar al museo en sí, sino que encima preguntábamos si podíamos entrar sólo a la tienda de regalos. Pero es que esas tiendas son irresistibles y yo tenía la intención de seguir ampliando mi colección de lápices de sitios, aunque pude comprobar que los lápices-souvenir en Nueva York ya van siendo cosa del pasado.

En el Museo de Historia Natural había una exposición dedicada al caballo y había cuatro caballos decorados al estilo Cow Parade en las escaleras de entrada. Desde luego la Cow Parade ha dejado huella porque luego vimos también perros en el mismo estilo.

Los Dakota, que viéndolos ahora cuesta creer que cuando los construyeron estuvieran en mitad de la nada, es donde vivía John Lennon (y tantos otros famosetes, por lo visto Yoko Ono sigue viviendo allí) y también donde se rodó La semilla del diablo (esto lo repito como un loro, porque no he visto la película) y en la entrada del edificio fue donde dispararon a John Lennon. Así que no sé si por estas dos cosas que dan un poco de repelús o qué, pero la verdad es que a pesar de ser un edificio bonito es también un edificio incómodo de mirar, que transmite un poco de angustia. Yo casi me iba sin hacerle una foto y si terminé haciendo esta fue más porque me gustaba cómo quedaban los árboles que el edificio en sí.

Y así dejamos Central Park detrás. Eso sí, en Nueva York hay muchísimos más parques de los que pudimos disfrutar. No tan grandes, desde luego, pero muy acogedores. Todos, además, tienen mobiliario que aquí no duraría ni una hora: sillas, mesas y reposapiés plegables (y sin atar y sin romper y sin pintar) que la gente puede mover a su antojo: para comer, pasar el rato, descansar. Bryant Park, Washington Square Park, Madison Square Park, Battery Park (¡el de Caperucita en Manhattan!), el parque del City Hall y uno muy, muy pequeñito que había delante del decepcionante Macy's. Nos dejaríamos sin ver muchos, pero la espinita clavada fue Gramercy Park. Todos cómodos, muy, muy cuidados y sitios magníficos para sentarse un rato, descansar los pies, ver que la mayoría de la gente está zampando, levantarte de nuevo a buscar algo rico que comer y sentarte bien preparado a ver pasar a la gente.

Como siempre: las fotos mejor en grande, haciendo clic sobre ellas.

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