lunes, 1 de septiembre de 2008

Libros en Nueva York

Después de Central Park ha llegado el momento de hablar de libros en Nueva York y de dónde fuimos recolectando nuestra pila de libros.

Por supuesto la tarde del primer día teníamos previsto pasarnos por la librería de segunda mano Strand. Ellos presumen de tener 18 millas de libros y yo, la verdad, les creo. Es enooooorme, un poco caótica (lo justo para que te cueste encontrar un libro y quizá te topes con algún otro interesante sin llegar a no saber dónde estás ni dónde podrías empezar a buscar lo que quieres). Y hay muchísima gente, ya desde fuera curioseando en las estanterías en que todos los libros cuestan un dolar y dentro cuando casi son necesarias las señales de tráfico para poder circular por los estrechos pasillos, la gente sentada en el suelo leyendo, la gente que pulula, las pilas de libros que no caben en las estanterías (y que te agradecen, según dicen los papeles que hay sobre ellas, que no mezcles con otras). Las estanterías aun así son tan altas que, como era de esperar, cuando un par de veces el tramo del abecedario que buscaba estaba en la parte más alta (allá por el Everest o así), preferí renunciar a tener que iniciar la escalada.

Es tan abrumadora en cualquier caso que el primer día que fuimos a pesar de salir con las manos bastante llenas de libros (y algo de merchandising de la tienda) luego me di cuenta de que dos de los libros que más estaba deseando buscar se me habían olvidado por completo. Así que tuvimos que volver (oh, qué sacrificio) y efectivamente encontré lo que buscaba.

Mis lecturas son muy basadas en el Reino Unido así que era imposible esperar encontrar siempre lo que buscaba, pero aun así me llevé más de una sorpresa al encontrar algún que otro libro inesperado. Me acordaba de Helene Hanff en 84 Charing Cross Road cuando se queja amargamente de lo mucho que le cuesta encontrar libros británicos en Nueva York.

Pero bueno, sin poder decirse que fuera una librería más, sí que fue una librería entre muchas visitadas. El famosos Barnes & Noble lo visitamos en varias "sucursales" (de hecho, aunque fueran repetidas nosotros entrábamos sin poder evitarlo). En Barnes & Noble pasamos muchísimo tiempo también en la más grande de Nueva York (en Union Square). Un enorme edificio sólo para libros y, esto es lo mejor, ordenadores de búsqueda de libros a disposición del público. A mí me gusta curiosear, y lo hice, pero cuando buscas unos cuantos millones de libros y la librería tiene más secciones de las que pensabas que existirían, poder teclear lo que quieres y que te diga si está y dónde es lo más práctico y bienvenido del mundo.

También pasamos por Borders. Borders, a pesar de ser una cadena más, es una de mis librerías preferidas por motivos quizá ajenos a la propia librería. La primera vez que estuve en York la tienda Borders de allí me abrió todo un mundo de posibilidades: sillones donde podías leer sin comprar el libro, espacios amplios, buen surtido, sección de papelería y, sobre todo, cafetería donde leer tranquilamente, como en las películas. Todo esto veo ahora que lo cumplen muchas otras: Barnes & Noble en Estados Unidos, Waterstone's (sin cafetería) en el Reino Unido, pero Borders fue la primera para mí. Así que cuando hace unos meses me enteré de que estaban al borde de la ruina no me lo podía creer. Mi misión en este viaje era "salvarlos". No estoy del todo segura de haberlo conseguido (aunque creo recordar que no había vez que entráramos en una que yo saliera con las manos vacías como sí que conseguía, de vez en cuando, en Barnes & Noble), pero sí que les compré un libro bastante carito ($45) y varios más. Así que, si vais a Estados Unidos, ¡salvad Borders!

Visitamos más librerías: St Mark's bookshop, por ejemplo. Había muchas más a las que teníamos echado el ojo, pero el tiempo no lo permitió y, la verdad, casi mejor así por esta vez.

Otro sitio bibliófilo que visitamos pero de donde no nos dejaron llevarnos nada fue la New York Public Library. Impresionante edificio (en obras, cómo no) y una tienda de regalos bastante chula (aunque, la verdad, me esperaba incluso más). En plena quinta avenida y con Bryant Park justo detrás, es un edificio tan clásico que casi choca encontrarlo en Nueva York.

Dentro pudimos ver, cómo no, algunos manuscritos Brontë (minúsculos), el escritorio de Dickens y (tocar, de hecho) el bastón que se encontró en la orilla del río Ouse después de que Virginia Woolf se tirara a él, es decir, más o menos lo último que Virginia Woolf tocó. Muy emocionante.

2 comentarios:

  1. Una preciosa entrada!! Me ha gustado mucho. Pienso lo mismo que tú...me identifico totalmente contigo, aunque aún no he pisado las calles de new york. Me gusta estar en una librería donde tengas la posibilidad de tomarte un té/café, mientras disfrutas y saboreas la agradable sensación de leer.

    ¡¡Tocaste el bastón de Virginia Woolf!! Qué pasada!! Veo que viste un New York muy distinto al que suelen contarme. Es muy interesante la visita que has hecho. Y aunque breve...muy intensa

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  2. Me alegra que te gustara la entrada.

    Supongo que con Nueva York pasa lo mismo que decía Helene Hanff de Inglaterra, que cada uno encuentra el Nueva York que busca.

    Yo también seguí - y sigo - bastante impresionada por lo del bastón de Virginia Woolf, la verdad.

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