lunes, 6 de agosto de 2012

Adquisiciones recientes (cumpleaños y Edimburgo)

Aunque esta semana ya empezaré con la crónica de Edimburgo, no podía ni quería empezar a hablar del viaje sin comentar antes las adquisiciones recientes en cuanto a libros.

Como todos los años, no quise dejar pasar mi cumpleaños sin el ya tradicional autorregalo de libros, que finalmente resultó no ser autorregalo sino regalo de mis padres ante mi bloqueo mental a la hora de sugerirles alguna otra cosa. ¿Quién soy yo y qué he hecho conmigo misma? Antes siempre me sobraban ideas...

El caso es que estos fueron los elegidos:



Arriba del todo, el nuevo libro de poesía de Helen Dunmore, The Malarkey. Aunque no lo parezca por lo poco que publico, tengo mi Blogger lleno de borradores de series, libros y demás que, por alguna razón, nunca llegan a ver la luz. Puede que nombre septiembre como el mes de desempolvar Blogger - ya veremos - pero entre esos muchos borradores hay un pequeño comentario de la última novela (o más bien relato corto) de Helen Dunmore, The Greatcoat. Veremos qué tal este librito de poesía. De momento el poema que da título al volumen me gusta mucho.

Debajo Anna Quindlen y su How Reading Changed My Life. Los libros sobre lectores y lectura siempre son bienvenidos, pero lo que finalmente me animó con este fue lo mucho que me gustó su Imagined London.

Empire, de Jeremy Paxman. Confío en que su sentido del humor haga la lectura tan amena como The English.

Jasper Fforde y su nueva entrega de Thursday Next: The Woman Who Died a Lot. Con un poco de trampa porque debería estar leyendo otro libro, lo he colado y ya estoy inmersa. Se lee rápido y soy incapaz de dejar a Thursday a la espera. Lo malo de este es que tardó siglos en llegar y de hecho no encontramos el aviso en el buzón hasta después de volver de Edimburgo, mientras que allí lo habíamos visto por todas partes firmado por Jasper.

Y por último una practiquísima antología de los relatos cortos de Elizabeth Taylor (la novelista, claro). Practiquísima porque he eliminado de mi wishlist todos las colecciones anteriores de un "ratonazo". Tengo que mirarlo bien, pero creo que he completado mi "álbum de cromos" de esta autora. De ser así publicaré foto en el futuro para celebrarlo, junto con Barbara Pym, mi otro álbum completo reciente. Y muy oportuno lo del álbum completo, ya que el pasado 3 de julio se celebró el centenario de su nacimiento. Con suerte lo celebro antes de que acabe el año.

Y pasamos por fin a las adquisiciones de Edimburgo, que van precedidas de unas pequeñas aclaraciones: 1) que en Edimburgo abundan las librerías de segunda mano, pese a que siguiendo los consejos de Mia nos perdimos y en una zona en la que se supone que había muchas apenas nos topamos con dos. 2) Cosa que compensamos con hallazgos casuales propios. 3) Que curiosear con carrito en librerías de segunda mano es complicado: o apenas se puede entrar y directamente hay que entrar por turnos o, de caber el carrito, uno no está tan centrado como sin carito. De todos modos creo que exprimimos al máximo las que visitamos, sobre todo teniendo en cuenta algunas de las joyas que encontramos. Por una vez creo que pesó la calidad (en cuanto a edición) frente a cantidad, lo que vino bien a la hora de hacer la maleta a la vuelta.



Edimburgo, ciudad natal de Muriel Spark, ese álbum de cromos larguísimo que me va a costar siglos completar (pero no desespero). Probablemente me dejé algún que otro libro más suyo en el tintero, pero volví muy contenta con los tres que me traje.

De Winifred Holtby encontré, por casualidad, como siempre, The Crowded Street. No lo dudé, claro.

Y el resto fueron hallazgos de Manuel en una zona de librerías de segunda mano a medio camino entre nuestro hotel y Grassmarket: pasamos un día y no vimos ni una, pasar por el mismo sitio al día siguiente, descubrirlas y arrasar en ellas fue todo uno.

Everyman's Companion to the Brontës: no tenemos referencias, pero cualquier cosa Brontë que no esté en nuestra estantería es de compra obligada.

The Brontës and their Circle, de Clement Shorter. Una de las primeras biografías y aunque disponible de forma gratuita en pdf, es imposible resistirse a una edición en papel y con solera, con exlibris de su propietario "Arthur Melville Clark of Herriotshall and Oxton" (¿y cómo se llamarán aquellos que tienen libros que antes fueron del mismo dueño? Porque se llame como se llame, ahora lo soy de Javier Marías, que menciona un libro con un exlibris del señor Melville en su Negra espalda del tiempo. Todo son casualidades al final). Libro, exlibris y coincidencia-colofón, todo por 4 libritas de nada.

Shirley, de Charlotte Brontë, que obviamente tenemos ya, no en una, sino en varias ediciones. Pero que levante la mano quien hubiera sido capaz de resistirse a esta de 1920 ilustrada por Edmund Dulac. Nadie, ¿no?

Y la mención de las ilustraciones nos lleva a las joyas de la corona. Dos tomos a los que les teníamos echado el ojo, sin buscarlos activamente por internet, pero sin hacerles ascos tampoco. Cuando Manuel bajó de la estantería el tomo de Jane Eyre, incluso antes de ver que ambos - con Cumbres borrascosas - costaban 35 libras (precio moderado para lo que son), la decisión ya estaba tomada. Publicados por Ramdom House en 1943 con magníficos "wood engravings" (¿xilografía?) de Fritz Eichenberg. Aún no nos creemos que sean nuestros.










Y la verdad es que en Edimburgo compramos pocos caprichos más. Algo de ropa para Héctor, alguna que otra bebida de la que ya hablaré, espero, algún que otro cuento para Héctor y poco más. No era por falta de tentaciones, pero el caso es que al final nos volvimos incluso sin el tradicional imán para el frigrorífico. Imperdonable.

sábado, 28 de julio de 2012

A Edimburgo...

Entrada programada.

Si ha habido suerte con el avión de horario intempestivo a estas horas ya estaremos merodeando por Edimburgo y supongo que esforzándonos por entender el marcado acento escocés.

Volvemos dentro de pocos días y trataré de transmitirle a Héctor la importancia de que me deje tiempo para escribir alguna crónica de nuestra visita a Edimburgo.

miércoles, 25 de julio de 2012

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Y así, como quien no quiere la cosa, Héctor cumplió su primer año a cientos de kilómetros de donde nació, cosa que sólo puede indicar lo viajero que es. El trayecto Barcelona - Madrid se lo conoce bien, ha estado en Londres y pronto pisará Edimburgo. Hay mucha gente que en mucho más tiempo no lleva tantos kilómetros recorridos a sus espaldas. Es bueno que haya salido cuadriculado-flexible, cuadriculado porque, quizá como todos los bebés, necesita una rutina que seguir, flexible porque lo sacas de contexto y lugar y el pobre se adapta bien. Quizá en Edimburgo me arrepienta de esas palabras, pero de momento, salvo por algún momento contado con los dedos de una mano, es un buen compañero de viaje.

Aún no camina, pero casi, y adora ponerse de pie a la primera de cambio. Gatea mucho y bien, eso sí. Y tener un niño que gatea por casa es como tener un perrillo: te pasas el día dando órdenes para que te siga o vaya a algún sitio y a veces incluso para que te devuelva un juguete que se ha ido lejos y lo puedas poner en marcha de nuevo.

Como todos los niños - y como su madre, yo, que ya dije que jugaba horas y horas con unas cuantas bolsas de plástico guardadas - juega de maravilla con sus muchos juguetes, se entretiene mucho él solo, pero hay mañanas en que ni los mira porque prefiere jugar con mis zapatillas de estar en casa o con el teléfono inalámbrico o con el móvil o con un paquete de galletas o con las sillas...

Pero si hay con algo con que se centra es con los cuentos. Puede sentarse él solo un buen rato y pasar las páginas (mejor aun si hay pestañitas que levantar) pero si le coges en brazos y se lo "lees", entonces ya se entretiene muchísimo más, claro. Su cuento preferido últimamente era uno regalado por una de mis primas, Peely Wally, hasta que - sí, lo confieso - se lo escondimos. Lo devolvimos a la estantería en parte porque podías verlo de principio a fin mil veces seguidas y no se cansaba, pero sobre todo porque berreaba en lo que tardabas en pasar desde la última a la primera página. Era agotador y muy estresante. Ahora se entretiene con otros más sosegadamente mientras yo debato internamente si me atreveré a comprarle la segunda parte en Edimburgo.

Es mimoso pero tiene muy mal genio. La gente que lo ve en su sillita por la calle piensa que es muy tranquilo sólo porque va quietecito mirándolo todo y diciéndoles adiós a los perros, pero en casa es un pequeño torbellino con especial debilidad por los cables y los enchufes. Como buena mejora de la especie, es más listo que nosotros: Manuel y yo tardamos un par de minutos en procesar cómo colocar el tope de seguridad en la puerta de la cocina, él tardó una milésima de segundo en entender cómo funcionaba y cómo seguir abriendo y cerrando la puerta a sus anchas. No hay nada que encuentre más irresistible que lo que encuentra por el suelo, ya sea una miguita de pan recién caída, un objeto no identificado o directamente una pelusa o un papelito: si lo que encuentra es media galleta desaparecida en combate (debajo del sofá) esa misma mañana la expedición debe de ser todo un éxito. Es fan total de la pantalla azul que sale en la televisión al cambiar de salida. Sigue adorando la Coca Cola (de vista) en todos sus formatos y no le hace ascos a nada de comer. Adora la crema pastelera y la sandía. Sabe muchas cosas, creo que más de las que imaginamos. Le encantan los globos. Es muy entusiasta. Muchas veces nos hace partirnos de risa.

Y ya tiene un año. Y sólo tiene un año.

jueves, 12 de julio de 2012

Semana de cumpleaños

Desde que dejé de contar sus visitas "oficiales", la única lectora nos visita con cierta frecuencia. Digo "nos" pero a ella lo que de verdad le interesa es ver a Héctor. Hace poco me dijo que se venía a pasar nada menos que cinco días de sus preciadas vacaciones con nosotros coincidiendo con la semana de mi cumpleaños.

Al poco de cruzar el umbral el pasado lunes ya estábamos casi todos (menos Manuel, pobre) abriendo regalos independientemente de las fechas: regalos de cumpleaños atrasados para la única lectora, regalo de cumpleaños ligeramente adelantado para mí (ver en la última foto de esta entrada: un ejemplar de El lamento de Caín, de Luis Montero, firmado por el autor) y regalo de cumpleaños un poco más adelantado para Héctor. Y todos un éxito.

La mente creativa de la única lectora siempre se ve obligada a trabajar por estos lares, así que con uno de sus regalos hizo unos cartelitos monísimos para la habitación de Héctor. Sin duda el gran esfuerzo del viaje fue un inolvidable transbordo en el metro de Urquinaona con el cochecito de Héctor escaleras arriba y abajo, pero hubo un trabajo mucho más placentero, que fue hacer scones. A la única lectora le encantó el proceso de elaboración y en menos de lo que dura una siesta de Héctor teníamos esto sobre la mesa:



Lo de hacer scones era para por fin probar el lemon curd que me había regalado - entre otras delicias de la hora del té - mi hermana por Reyes y que caducaba ya en agosto. Una excusa como otra cualquiera.



El lemon curd, nunca probado hasta ahora, como bien decía mi hermana cuando me lo dio, está delicioso. Con un puntito ácido de lo más equilibrado que combinaba a la perfección con los scones de arándanos azules.




Doce scones que dieron mucho de sí y que nos supieron a gloria.

Y como no podía ser de otra manera, el día de mi cumpleaños hubo tarta. Pizza también, como entraba en los planes, pero no helado, porque hay quien ya tiene una edad (yo por lo visto me conservo muy joven de espíritu) y opinó que pizza tarta y helado era demasiado, así que nos conformamos con pizza y tarta, que tampoco estuvo mal, sobre todo tratándose de una tarta tan rica como esta:




Y Manuel, que no es tan liberal con los regalos como la única lectora, se esperó a la mañana de mi cumpleaños para dármelos. Algunos eran sorpresa y otros eran directamente sacados de uan lista que yo misma le había hecho de la tienda de regalos de la exposición de Writing Britain en la British Library. Ya que no podemos ir, qué menos que visitar la tienda de regalos virtualmente, ¿no?




Así que ahora tengo a la espera del eterno proceso de poner en un marco, agujerear la pared, colgar, etc, estos dos fantásticos pósters: este mapa de Gran Bretaña a base de sus escritores más conocidos y este de fusión feliz de Tolkien y Emily Brontë (el lugar es Top Withins, donde se cuenta que se inspiró para situar Cumbres borrascosas en los páramos).

También una taza de las Brontë (también de la exposición), un estupendo libro de pingüinos al que no puedo dejar que Héctor se acerque pese a ser chulísimo y... una guía/mapa popout de Edimburgo para complementar el viaje que habíamos reservado tan sólo unos días antes: un viaje de cuatro diítas a Edimburgo a finales de este mes.

Curioso lo de Edimburgo, porque yo siempre quería ir y Manuel estaba reticente. Yo iría feliz de vacaciones a cualquier pueblo perdido británico y él es más selectivo y tiende a optar sólo por Londres y Haworth. Como solemos ir de vacaciones en agosto, Edimburgo quedó descartado cuando vimos que era el Fringe Festival: con Héctor no queríamos complicaciones adicionales. Yo propuse Bath o, en realidad, cualquier sitio en suelo británico y Manuel estaba poco convencido hasta el punto de proponer volver a Estocolmo, cosa que a mí tampoco me parecía mal. Pasaron siglos sin que moviéramos un dedo y lo siguiente que supe, en plena visita de la única lectora, era que Manuel había estado mirando fechas y demás para Edimburgo a finales de este mes. Me lo dio todo hecho y bien masticadito y yo encantada de la vida, deseando poner el pie allí pese a que los horarios de los vuelos son bastante incompatibles con un niño de un año. A ver qué tal.

Y como Héctor es un viajero y este mes de julio parece que nos hemos empeñado en dinamitarle sus rutinas, el sábado nos vamos a pasar unos diítas a Madrid, a celebrar su primer cumpleaños con la family. Un año ya... pero eso es material de entrada para la vuelta.

viernes, 6 de julio de 2012

31

Entrada programada.

Aunque el año pasado no lo pareciese, cumplir treinta era como meter la puntita del pie en la piscina y este año cumplir treinta y uno da la impresión de ser ya inmersión total en la nueva década.

No es que los cumpleaños de nadie sean siempre iguales, pero los míos son sorpresa, no sólo por los regalos, sino por la compañía. El año pasado lo celebraba con Manuel y mis padre esperando a Héctor. Este año lo celebro con Manuel, la única lectora, que está de visita, y Héctor esperando que pasen once días más para cumplir su primer año.

La tarta está encargada y a petición de la única lectora la celebración del cumpleaños será como en los viejos tiempos, a base de pizza y helado. Y como siempre no faltarán ni los regalos ni las llamadas telefónicas.

En fin, que sí, que es inmersión total, pero el empujoncito no está nada mal.

viernes, 29 de junio de 2012

Weird Things Customers Say in Bookshops, de Jen Campbell

Ya adelanté que, aunque con otros libros entre manos, no me había podido ni querido resistir a leer Weird Things Customers Say in Bookshops, de Jen Campbell en un par de sentadas.
Pocas cosas tan divertidas para alguien a quien le gusta la lectura que reírse de las ocurrencias de la gente que, generalizando, no suele leer demasiado. Pero lo que me llevó realmente a comprar el libro fue la portada con su chiste: "Do you have any books by Jane Eyre?" (¿Tenéis algún libro escrito por Jane Eyre?). Cuando luego ya vi que además había una metedura de pata relacionada con Cumbres borrascosas que además resultó ser divertidísima, la decisión ya estaba tomada.

De modo que durante las dos sentadas lectoras  me lo pasé en grande, no sólo por las anécdotas supuestamente reales (digo supuestamente porque, aunque tiendo a creérmelas, hay algunas que me parecen algo excesivas, pero ya se sabe que a veces la realidad supera con creces a la ficción) sino por las ilustraciones de los Brothers McLeod que lo acompañan.

No quiero dar ejemplos de mis meteduras de pata preferidas porque lo mejor es no pensárselo más y lanzarse a por el libro. Ahora que es verano y que a veces la cabeza se dispersa un poco, este libro tiene madera de lectura de terraza o de incluso de playa/piscina. Eso sí, cuidado si, como a mí, hay a alguien más a quien le da vergüenza reírse a carcajadas en público en solitario (sólo acompañada por el libro en sí), porque lo pasará mal. En ese caso mejor echar el cerrojo en casa y ponerse el ventilador cerca del sofá (¡que vuelva pronto la mantita!).

martes, 26 de junio de 2012

Mi biblioteca

Breve entrada para darle las gracias a Elena por invitarme a participar y por poner en su blog esta entrada sobre nuestra biblioteca anglófila así como recomendar el resto de la serie. Todo buen lector siente una curiosidad irrefrenable por husmear en las estanterías ajenas y esta es una magnífica oportunidad de hacerlo.

A ver si un día de estos me pongo las pilas y escribo sobre algunas lecturas recientes salidas de esas mismas estanterías, que ya toca.

Gracias de nuevo a Elena.

(Y sin venir a cuento más que por la brevedad de la entrada, aprovecho para anunciar oficialmente - con un poco de retraso y más de 100 tweets ya publicados - mi cuenta de Twitter).