jueves, 7 de febrero de 2008

Cuestión de tiempo

Después de escribir la entrada de ayer me llamaron de la óptica para decirme que ya tenían mis gafas, qué mejor para espabilarme. Así que allí me fui y, aunque aún no he probado cómo van con los subtítulos, hace un rato sí he podido comprobar lo cómodo que es barrer sin tener que tener la nariz casi pegada al suelo. Lo malo es que ahora veo hasta el pelo más fino en el suelo. Lo bueno de antes era que "ojos que no ven...".

Pero aún me estoy acostumbrado a la corrección del astigmatismo. Ya va mejor que ayer cuando me puse las gafas por primera vez en la óptica, pero aun sigo viendo un poco raro. Me dijeron que era normal, cuestión de tiempo.

Y los Australian Pink Floyd ayer estuvieron bien. Yo no conozco mucho de Pink Floyd, la verdad. Y mucho menos en comparación con la inmensa mayoría de la gente que había en el Auditorio: apenas había sonado la primera nota de una canción y ya estaban aplaudiendo emocionadísimos porque tocaban precisamente esa. Y yo me inclinaba ligeramente hacia Manuel para que al menos me informara del título.

Me pareció muy curioso que hubiera gente de todas las edades, incluso algún niño. Gente "mayor" que hubieras imaginado más asistiendo al Auditorio a un concierto de música clásica que a uno de unos "imitadores" de Pink Floyd. El grupo tocaba muy bien y, por lo que decían los fans, sonaban muy parecidos a los originales. Pero no todo eran copias: tenían algún solo y alguna que otra cosa más que eran suyos.

Las tres horas - con intermedio - se pasaron rápido. Yo estuve una buena parte del concierto experimentando con mi cámara y los impresionantes juegos de luces que traían. Salió alguna foto chula, abstracta, pero chula.

La foto es de cuando tocaron Time, una de las pocas canciones que conozco pero que no reconocí a la primera nota (ni a la segunda). Por no reconocer no reconocí ni mi preferida: Wish You Were Here. La original comienza con un recorrido por varias emisoras de radio (inglesas) y estos se lo habían adaptado y habían puesto emisoras australianas. Curioso también, por cierto, que los iconos y logos conocidos de Pink Floyd, como por copyright no pueden usar los originales, los copian pero siempre con un canguro en el sitio clave. Los martillos del vídeo de The Wall tienen canguros encima y el famoso prisma de Dark Side of the Moon tiene también forma de cabeza de canguro.

Pero como decía, la foto es de Time y la letra de Time me gusta mucho (aquí se puede escuchar).

Tired of lying in the sunshine staying home to watch the rain
You are young and life is long and there is time to kill today
And then one day you find ten years have got behind you
No one told you when to run, you missed the starting gun
.

miércoles, 6 de febrero de 2008

Australian Pink Floyd

Esta noche, aunque sea miércoles, tenemos evento: vamos a ver a los Australian Pink Floyd en el Auditorio (por lo visto ayer actuaron en Madrid). A Manuel le gustan Pink Floyd, los originales. Pero un fan como Dios manda no puede amilanarse si su grupo sólo se reúne en ocasiones puntuales y exquisitas. Y al menos hoy veremos a un grupo de "imitadores", pero es que Manuel una vez fue a ver hasta un ballet.

Espero estar un poco más espabilada para cuando empiece el espectáculo, porque lo que es ahora me caigo de sueño. Creo que lo mejor para ir calentando motores es hacerme un té y ponerme un vídeo de una actuación suya donde tocan Wish You Were Here.

martes, 5 de febrero de 2008

Habíamos ganado la guerra

Como decía esta mañana, ayer (aunque técnicamente ya hoy)me terminé el libro que me regaló la única lectora por Reyes: Habíamos ganado la guerra, de Esther Tusquets. Como siempre, acertó cuando dijo que lo había leído y pensaba que me gustaría.

Me suelen gustar las memorias de la gente, sobre todo si hablan de su infancia, y este libro tenía además el elemento adicional de que transcurría en Barcelona, aunque fuera en aquella tan diferente de la posguerra. Por ejemplo, ayer mientras estaba tomando un té en mi Starbucks preferido en la Plaza de la Universidad era curioso leer sobre hechos que habían tenido lugar ahí mismo y que yo sólo tenía que levantar la vista para imaginar - casi ver - con todo lujo de detalles. La posguerra era esa época en que el Modernismo, con sus colores, ondas, curvas y demás elementos rocambolescos, estaba muy mal visto, aunque ahora nos parezca impensable. Dice Esther Tusquets, sin ir más lejos, que durante muchos años a ella le pareció espantosa la Casa de les Punxes, que se veía desde la ventana de una de las casas donde vivió. Ahora tal casa - por lo menos a mí - no cabe verla más que como toda una maravilla de la arquitectura.

Pero no sólo me han gustado las anécdotas relacionadas con Barcelona. Cito aquí una que me hizo reír muchísimo. Cuenta Esther Tusquets que dos de sus tías (hermanas entre sí) eran como la cara y la cruz de una misma moneda. Mientras que una de ella, Blanca, se disfrazaba de princesa con la ropa de su madre y jugaba a imaginar a su príncipe,

tía Sara elegía las ropas más viejas que encontraba en los armarios, esas que ni las criadas utilizaban ya, se liaba un pañuelo a la cabeza, preparaba un hatillo con una fiambrera y un poco de vino, y jugaba a llevarle comida a la obra o al campo a un marido pobrísimo y casi siempre tuberculoso, procurando darse prisa porque en casa la esperaba una multitud de chiquillos famélicos e insanos que el destino aciago reduciría en pocos días a la poco envidiable condición de huérfanos.

Y es que para la familia de Esther Tusquets esto era quizá más remoto que lo de los príncipes. Los Tusquets eran una familia adinerada que, como dice la autora, nunca tuvieron que usar su cartilla de racionamiento en la posguerra. La misma Esther Tusquets justifica el libro diciendo que existen muchas memorias de gente que perdió la guerra, pero pocas de gente que reconozca abiertamente que la ganó, aunque al final del libro llegue a la conclusión de que, pese a haberla ganado los suyos, ella la había perdido.

La familia no sólo tenía dinero, sino también gente de lo más llamativa. Ahí está por ejemplo su tío Juan, objeto incluso de una biografía, o la madre de Esther Tusquets, mujer poco convencional (y no sólo por ser franquista a la vez que atea), o el tío Víctor que, como Esther Tusquets dice, era un "nazi de opereta" que hasta se montó un museo-altar en casa, o su primo Víctor Guillén "Bubi", que precisamente apreció brevemente el otro día en la pantalla de fallecidos en la ceremonia de los Goya, dejándome boquiabierta porque justo unos minutos antes había estado leyendo sobre él.

El libro acaba cuando la autora tiene poco más de 20 años. En alguna entrevista leí el otro día que eso era lo más lejos que había podido llegar - siendo sincera - ya que de épocas posteriores todavía vive gente de la que no estaría bien hablar.

Sólo le encuentro dos pequeñas pegas. Una: que estoy acostumbrada (para bien o para mal) a que los libros ingleses que leo de este tipo incluyan bastantes fotos de la gente de la que se habla, algo que me gusta mucho. Aquí, por no haber fotos personales, ni siquiera la de la portada lo es. Dos: (y esta puede que sea más cosa mía que de la autora) que a veces se hable de gente que quizá para ella o quizá en la época eran famosísimos, pero que a mí (ni a nadie de los que he preguntado y apenas a internet) no me dicen nada. Se sobrentiende que sabemos quién es Elia, la madre del primo Bubi, o quién es José, el autor de La casa muerta y yo aun sigo sin saber nada de la primera y apenas lo justo del segundo.

Pero salvo eso - que no tiene peso real sobre la lectura del libro - me ha gustado mucho.

Con buen pie

Está resultando una mañana de lo más interesante. Entre otras cosas, me han llamado de catalán para darme mi nota: un 99/100. Insisto que era un examen muy, muy sencillo, pero aun así siempre hace ilusión. Y casi a la vez ha venido el cartero con una cajita de 2,3 kg proveniente de Amazon dos (o más) días antes de lo esperado.
Pero comencemos por el día de ayer y mis nuevas adquisiciones. Al final el día, como siempre en Barcelona, se pasó en un suspiro. Además hacía un día ideal para pasear: fresquito pero soleado y con un ambiente despejadísimo gracias a la lluvia del día anterior. Caminé un buen rato y entré en varias librerías de viejo de la calle Aribau, que ya nunca puede desvincularse de Nada.

Pero antes de eso entré en Zara Home con la intención de sustituir mi taza rota y, claro, era de esperar, ya no tenían ni una. Lo llevé mejor de lo que suelo llevar que se me rompan las cosas gracias a la taza de Muji* que luego, nada más llegar a casa, estrené con un buen té. Pero de Muji no salí sólo con la taza. Tenían rebajado un estuchito de rotuladores que me tentaba desde hacía tiempo y esta vez ya sí que no me pude resistir. Y como en tiendas de decoración tampoco hay dos sin tres, me pasé por Habitat y no pude resistirme tampoco (mi capacidad de resistencia es cada vez más baja) a las velas tan monas y originales de la foto. Dudo que las encienda nunca, eso sí, pero con su función de adorno ya tienen suficiente.

Y ahora vamos con los libros recién llegados (que aún son la tanda 2/3). En ambos extremos de la foto están los encargos: el CD del ballet de Cumbres Borrascosas (síp, existe tal cosa) para Manuel y Middlemarch para mi hermana (en perfecto estado). Los cuatro del centro son los míos:

- The Complete Shorter Fiction of Virginia Woolf. Tengo una historia de encuentros y desencuentros con este libro: cuando lo buscaba nunca lo encontraba (qué sorpresa) y cuando no lo buscaba y no estaba por darme el lujo de comprarlo estaba por todas partes. Por fin he zanjado el asunto.

- Oleander, Jacaranda: A Childhood Perceived, de Penelope Lively. Me gusta mucho cómo escribe Penelope Lively, pero la auténtica excusa para comprar este libro no es otra que en York, en una encantadora librería de viejo (de las muchas que hay), compré por dos libras la continuación de este libro y mi conciencia no me permitiría leerla sin haber leído esta antes. Ambas son forman una autobiografía de su infancia (esta de cuando vivió en Egipto y la segunda parte de su llegada a Inglaterra). Además Penelope Lively también tiene otro libro curiosísimo: Making It Up, que es una especie de autobiografía imaginaria donde se dedica a explorar los "y si..." de su vida, tomando decisiones contrarias a las que tomó en su momento y especulando qué hubiera podido pasar.

- The Mitford Girls, de Mary S. Lovell. Como ya dije, es el complemento perfecto a las cartas de las hermanas Mitford, una biografía que tiene una pinta excelente.

- Y por último The Jane Austen Handbook, de Margaret Sullivan. El subtítulo es "A sensible Yet Elegant Guide to Her World", o sea, una guía sensata pero elegante de su mundo. Te adoctrina en el comportamiento y los modales perfectos de una heroína de Jane Austen**. No sólo eso - muy importante siempre para mí - la presentación y el diseño (tanto por fuera como por dentro) son inmejorables. Me viene de perlas justo hoy: ayer terminé Habíamos ganado la guerra de Esther Tusquets (esta tarde o en los próximos días pondré una reseña) y hoy he decidido empezar otro libro regalo de Reyes: Dear Jane Austen: A Heroine's Guide to Life and Love, de Patrice Hannon.

Eso es lo que se llama empezar el día con buen pie.

* Diría que ya han abierto el Muji de la calle Fuencarral en Madrid, por cierto.

** Hablando de Jane Austen: acaba de salir un Pack Jane Austen (a la venta por ejemplo en El Corte Inglés) con la Austen Season del año pasado por fin en español. Incluye La abadía de Northanger, Persuasión y Mansfield Park, aunque creo que también se venden por separado. Es un buen regalo para alguien a quien le guste Jane Austen, aunque Billie Piper no pega NADA como Fanny Price en Mansfield Park.

domingo, 3 de febrero de 2008

Monumento al despropósito

El viernes iba andando hacia donde había quedado con Manuel para comer y de repente, de reojo, vi esta escultura/monumento/lo que sea tan espantoso. No me acerqué a ver si significaba algo - aunque yo creo que el título de esta entrada no debe de ir desencaminado - sólo me quedé a una distancia prudente, saqué la cámara de forma discreta, no fuera a pensar alguna de las personas que pasaban por allí que me gustaba, e hice la foto rápido.

Los despropósitos no son siempre ajenos, porque ayer sin ir más lejos me cargué una taza amarilla que me gustaba mucho. Era de Zara Home, pero algo me dice que mañana cuando vaya a ver si encuentro sustituta ya no la tendrán. Por suerte hay un Muji ahí al ladito y siempre han tenido una taza que me tienta mucho.

Y es que mañana tendré todo el tiempo del mundo para buscar tazas: tengo una entrevista a las 10 y otra a las 16.30, y paso de venirme a casa entre una y otra. Pulularé.

sábado, 2 de febrero de 2008

Boscos Endins

Parece que hemos dejado atrás el invierno tropical y ha vuelto el frío habitual. Mucho mejor, la verdad.

Así que bien abrigadita, esta mañana di un paso más allá en mi afianzamiento en el comercio local: hoy he ido por fin a una óptica de aquí al lado a hacerme unas gafas nuevas. Ya era hora, porque últimamente los subtítulos de películas en idiomas desconocidos para mí me pasan... eeeeeh... un poco desapercibidos si no estoy sentada a medio metro de la televisión. Y es que hasta ahora ir con las gafas es como ir con dos dioptrías por la vida.

Ha sido divertido porque la chica ha sacado un mar de gafas para elegir y hemos tenido que ir reduciendo los candidatos en plan Gran Hermano/OT. Los finalistas han sido totalmente dispares en lo que a precio se refiere: una montura nada menos que de Armani y otra de una marca desconocida para mí. Al final nos hemos decantado por la desconocida porque incluso la chica de la óptica (supongo que con mayor interés en vender el producto más caro) decía que me quedaban mejor. Así que a partir del miércoles o el jueves podré ver películas rumanas (como la que vimos ayer en el cine) desde el sofá y enterarme de qué van. Luego toca restauración/renovación de lentillas, con las que veo bien porque desde que me las hice hace tres años hasta ahora sólo me ha subido 0,25 en un ojo (y lo nunca visto, que ahora tengo 0,50 de astigmatismo) pero tres años para unas lentillas son bastantes años y, como mínimo, tienen que pasar su ITV particular.

Mi siguiente apuesta por el comercio local tendrá que ser el dentista. Al que por supuesto informaré debidamente de que soy de Madrid. Porque da igual si voy a la óptica, a la pastelería o a la tintorería, no sé en qué conversaciones me meto que siempre veo imprescindible aclarar que soy de Madrid. Y luego la gente me mira con expresión de "pues vale".

Lo que vi ayer prefectamente fue Boscos Endins. Me gustó muchísimo y, como no consigamos colocar las entradas repetidas, lo veré de nuevo el viernes.

Pensaba que con el catalán cantado rápido me perdería más, pero entre que me resultó más sencillo de lo que pensaba y que ya lo tenía interiorizado con el original no me costó mucho. Lo que me sigue impresionando con este tipo de cosas es que alguien sea capaz de traducir, hacer rimar y que no pierda la música y mantener el sentido del texto.

El decorado de la aldea y del bosque era espectacular y el vestuario tampoco estaba nada mal.

Todos los actores estaban de maravilla - Gisela, supongo que por ser la más famosilla - fue la que recibió más aplausos. No injustamente ni nada, porque estaba muy bien en su papel de Ventafocs (o sea, Cenicienta en catalán), pero a mí los que sin duda me gustaron más fueron dos viejos conocidos de, precisamente, Mar i Cel. La chica que hacía de Caperucita Roja (el grumete en Mar i Cel), Caputxeta Vermella en catalán, y Carlos Gramaje, que aquí está de maravilla tanto en su papel de lobo como en su papel de príncipe ligón.

La primera parte es, claro, más de cuento, más alegre. Y la segunda es lo que va, desde un punto de vista un poco pesimista, después de "y vivieron felices y comieron perdices", más oscura, más tétrica. Ten cuidado con lo que deseas.

Muy recomendable.

viernes, 1 de febrero de 2008

Mr Sondheim

A pesar del plantón de Marlango hoy tenemos la agenda apretada. Después de comer iremos al cine y después al teatro a ver Boscos Endins (Into the Woods), musical de Sondheim. Seguro que echándole un ojo a la trayectoria de Sondheim todo el mundo le sitúa más o menos, pero para ir a lo actual (aunque originalmente es de 1979, y sin Johnny Depp ni Tim Burton) basta con mencionar Sweeney Todd, cuya música y letra son suyas.

No presumo, porque mis conocimientos de Sondheim son de lo más básicos. Pero Manuel es un verdadero fan, así que, aunque sea en CD, ya he oído algunos musicales suyos. Y - ajá, de esto sí que presumo - vi su Sunday in the Park with George (un musical que ganó el premio Pulitzer y que va sobre Georges Seurat y este cuadro suyo) en el West End de Londres y desde entonces siempre que oigo el nombre George no puedo evitar que me venga a la cabeza la musiquilla: Sunday-in-the-park-with-Geoooooooorge.

Llevo ya un par de días oyendo la versión de Broadway de Into the Woods, que esta noche se llamará Boscos Endins, será en catalán (sale Gisela de OT) y es de la compañía Dagoll Dagom (los de Mar y Cielo).

Y mientras oigo Vull Morir os dejo con la original: Agony. Muy buena. ("Rapunzel! Rapunzel! What kind of a name is that?")