jueves, 17 de abril de 2008

Ni los más viejos del lugar lo recuerdan

He salido a comprar y no había ni un alma en la calle. He supuesto que estaba todo el mundo metido en casa, un poco receloso y asustado por eso tan inusual que pasaba fuera.

Llovía.

miércoles, 16 de abril de 2008

Mrs Palfrey at the Claremont, de Elizabeth Taylor

¿No le pasa a todo el mundo lo de no haber oído hablar nunca de tal cosa y, de repente, cuando por fin sales de la ignorancia no paras de encontrarla por todas partes y te acabas preguntando cómo no habías dado con ella antes? A mí sí; mucho, de hecho.

Hace unos meses, todavía en 2007, oí hablar de una tal Elizabeth Taylor que no era la actriz, sino una escritora inglesa que, además, se llamaba así antes que la otra (nació en 1912 y murió en 1973). Al cabo de un rato de descubrirla tenía la mayoría de sus libros en mi "wishlist". Por esa época alguien que lee el blog en silencio fue a Londres y le encargué el penúltimo libro de esta Elizabeth Taylor, Mrs Palfrey at the Claremont, escrito en 1971, que era el libro por el que la había descubierto y del que tan bien había oído hablar.

Desde entonces el libro ya llegó de Londres y yo fui colando otros mientras que no paraba de oír más y más buenas palabras sobre Elizabeth Taylor. La semana pasada me decidí a leerlo de una vez, con muchas ganas y muchas expectativas.

Y... ayer lo terminé y lo cerré como se cierran los libros que gustan mucho, con satisfacción y pena al mismo tiempo, con ganas de leer más de la autora, preguntándose cómo hay gente que vive tranquilamente sin haberlo leído.

El libro cuenta cómo Mrs Palfrey, una viuda de clase media-alta inglesa, se traslada con la idea de pasar allí el resto de sus días al Hotel Claremont en pleno South-Kensington londinense. Allí encuentra un grupo de ancianos de su clase social que han optado por lo mismo y que pasan el tiempo allí como bien pueden (unos beben más de la cuenta, otros escriben sin parar a los periódicos para quejarse por todo y escuchan con total atención los partes meteorológicos, otros se dedican a hacer punto y a esperar que vengan sus familiares comiendo bombones escondidos debajo del cojín (para no compartirlos, claro), etc.). Lo que todos tienen en común son las ganas de aparentar. Mrs Palfrey, mientras espera cada vez con menos esperanzas que su nieto venga a visitarla, sufre una caída en la calle y entabla una extraña amistad con Ludo Myers, un joven escritor sin dinero que sale a ayudarla.

Antes de empezar a leer el libro había dos cosas que me habían llamado la atención: venía un fragmento de una crítica de Anne Tyler donde se decía "Jane Austen, Elizabeth Taylor, Barbara Pym, Elizabeth Bowen - soul-sisters all (Jane Austen, Elizabeth Taylor, Barbara Pym, Elizabeth Bowen: todas hermanas en espíritu)" y Paul Bailey, que escribe la introducción (¡y que ayer leí a ritmo normal y con mucho gusto! bien por las introducciones amenas) decía que envidiaba a quien leía Elizabeth Taylor por primera vez. Ahí estaba yo, preguntándome antes de leer la primera línea qué pensaría de esas dos cosas cuando hubiera leído la última.

La afirmación de Anne Tyler por desgracia sólo puedo medirla por Jane Austen, pero de forma muy positiva. Elizabeth Taylor, igual que Jane Austen, es muy, muy inglesa pero al mismo tiempo muy universal también*. Los temas que trata deben mucho de su enfoque al carácter inglés pero, independientemente del enfoque, todo el mundo los conoce porque son cosas del día a día. No sólo eso, igual que Jane Austen consigue escribir unos diálogos que dicen, en pocas y sutiles palabras, mucho más que veinte largas descripciones del tono de voz o las miradas que se intercambian. Las conversaciones y sus significados velados (o no tanto) llevan todo el peso del libro.

De las otras dos escritoras mencionadas ya tengo sus libros en mi "wishlist" porque verdaderamente tienen buena pinta. De ellas, eso sí, ya había oído hablar. Barbara Pym, por ejemplo, sale de vez en cuando en mi libro de diarios y ya me viene llamando la atención desde hace tiempo.

Y sobre lo que dice Paul Bailey: pues estoy absolutamente de acuerdo porque leer el libro ha sido una delicia. Una de las ancianas de la novela, Mrs Arbuthnot, dice que los buenos libros siempre se pueden leer dos veces, que de hecho los buenos libros deberían leerse dos veces. Y no le quito la razón, y las relecturas pueden ser y son estupendas pero no hay nada como leer un buen libro por primera vez.

Paul Bailey, además, tiene la curiosa suerte de ser con toda probabilidad la inspiración detrás de Mrs Palfrey, ya que cuando Elizabeth Taylor le conoció al poco de que él publicase At the Jerusalem (un libro que va sobre un grupo de ancianos que residen en un hotel) él tenía muchos rasgos en común con Ludo Myers.

Hace no demasiado se hizo una película basada en Mrs Palfrey que, si los dioses lo permiten, podré ver pronto.

* En eso le pasa como, por ejemplo, a Margaret Forster. Son escritoras que no entiendo por qué no se traducen al español. De Elizabeth Taylor sólo encuentro que se tradujo Angel (Angel) hace años y que ya debe estar más descatalogado que nada y de Margaret Forster se tradujo Los hombres primero (Have the Men Had Enough?) que tiene el dudoso honor de ser el único libro de mi querida Margaret Forster que he tenido que dejar a medias.

lunes, 14 de abril de 2008

84 Charing Cross Road

Ayer, después de siglos queriendo verla por fin me puse 84 Charing Cross Road (La carta final). El libro (también en español) me encantó, lo mismo que la adaptación teatral de Isabel Coixet. Ya sólo me quedaba la película y había oído maravillas de ella.

Ya he dicho muchas veces que yo me quejo sin problemas cuando una adaptación me parece mala, pero que yo no sabría ni por dónde coger el tema de las adaptaciones. Me parece muy complicado y quizá parte de la culpa de que salgan adaptaciones pésimas es a veces que la persona que se ha dedicado a adaptarlas es tan negada como yo. Lo que me choca y lo que me admira es, entonces, que haya libros tan supuestamente "fáciles" de adaptar, porque cuentan historias con principio, nudo y desenlace, porque tienen personajes muy definidos, tiempos muy marcados, escenas muy detalladas y, llevadas a la pantalla, a veces resulten verdaderos desastres. Y en cambio una historia como 84 Charing Cross Road, que, sí, tiene miga (y mucha) pero que está escrita en forma de novela epistolar, donde, en principio, las palabras pesan tanto más que las imágenes sea un verdadero éxito de adaptación y una de las más fieles y conseguidas que he visto nunca es algo que me sorprende mucho y muy positivamente.

La historia, basada en un episodio real de la vida de Helene Hanff desde 1949 hasta 20 años después, cuenta cómo un día una escritora americana (la misma Helene Hanff, autora del libro*), cansada de buscar libros sin éxito en Nueva York ve un anuncio de una librería de segunda mano londinense y escribe para probar suerte. Es así como, por un módico precio, empieza a recibir libros que adora y entabla amistad con Frank Doel, el encargado de Marks & Co. y, más adelante, con el resto de empleados de la tienda y con la mujer de Frank.

El libro, y por extensión la película, es una verdadera canción de amor a los libros en general, a los de segunda mano en particular. Como decía antes, en el libro todo son palabras pero la película rellena algunos huecos mostrando las grandes diferencias entre Estados Unidos, que después de la Segunda Guerra Mundial emerge como superpotencia y donde todo se puede conseguir (menos buenos libros aparentemente) y el Reino Unido donde, durante los primeros años de la correspondencia, aún sufren las consecuencias de la misma guerra con racionamiento y escasez de alimentos. Estados Unidos se muestra soleado y alegre, el Reino Unido grisáceo y lluvioso.

La escena de cuando la protagonista recibe su primer paquete de libros es la escena con la que, cualquiera que haya pedido un libro de segunda mano, cansado de buscarlo aquí y allá sin éxito, se sentirá identificado. Y a esa le siguen muchas otras del estilo.

¿Y qué decir de los actores? Anne Brancroft, Anthony Hopkins, Judi Dench... Están todos espléndidos y, junto con los decorados, recrean el libro a la perfección.

Marks & Co. ya no existe y parece que el local donde estaba se ha convertido en uno de esos gafados donde no hay negocio que prospere. Ha habido tiendas de discos, bares... pero nada cuaja. Cuando nosotros estuvimos en Londres hace un par de años acababan de quitar el bar que había y el local estaba vacío, con sólo su placa conmemorativa en el mármol de fuera. Esta página web tiene todo tipo de información y fotos de la librería y yo ayer, por enésima vez, estuve un buen rato cotilleando.

Charing Cross, a pesar de todo, sigue siendo la calle por excelencia de las librerías de viejo en Londres. Hay muchas que, aunque obviamente no iguales, sí que ayudan a imaginar cómo hubiera sido la tienda del número 84. Son librerías de esas a las que entras con ganas de comprar algo y buscas y rebuscas cualquier cosa con tal de no salir con las manos vacías, porque quieres llevarte un trocito de ellas.

Ahora estoy deseando ir a curiosear por las librerías de segunda mano de Nueva York (y encontrar muchas gangas, espero), pese a los malos augurios de Helene Hanff. Creo que desde que ella tenía que recurrir a una librería del otro lado del Atlántico la cosa ha mejorado, al menos en lo que respecta a los libros que yo leo.

En resumen: el libro, la película, todo absolutamente recomendable. Yo desde luego pienso releer el libro y ver de nuevo la película montones de veces más.

* De hecho Helene Hanff, aunque parece que transcribió fielmente las cartas que ella recibía tuvo que "recrear" las cartas que ella había mandado. Pero las recreó tan fielmente que no dudó en imprimirlas con su propia dirección en el encabezado, tal y como las había escrito. Mucha gente probó a enviarle cartas a esa dirección y se encontraron, con asombro, con que ella seguía viviendo allí y que además contestaba todas sus cartas.

domingo, 13 de abril de 2008

PhotoFriday :: Fragile



El tema del PhotoFriday de esta semana es frágil. Y, tras una breve incursión en mi "archivo fotográfico" confirmé lo que ya me temía: que ninguna de mis fotos se terminaba de ajustar al tema, o a mi idea del tema.

Así que la foto de esta semana es ad hoc. Mi copia (regalada, y qué regalo) de Juana Eyre de Carlota Brontë (en edición tipo periódico, de 1945) fue sometida - con todos los cuidados, como si hiciera falta aclararlo - a una intensa sesión de fotos. Al final de la sesión tenía dos finalistas y, con Manuel como jurado, esta ha sido la ganadora.

sábado, 12 de abril de 2008

Ha nacido un blog

La única lectora - un título ya más honorífico que real - ¡¡estrena blog!!

Vivir para gozar promete. ¡Bienvenida!

Cómo nos cuidamos

Estas galletas, aunque son de Nestlé, vienen de Ecuador. No sé por qué no las hacen aquí, porque están deliciosas. Yo ya las conocía - las de vainilla - de una tienda de productos de Sudamérica en Madrid. Lo que no esperaba era encontrarlas en la tienda de chucherías que hay cerca de casa (demasiado cerca, diría yo). Las de vainilla siguen siendo las mejores, pero las de chocolate no están nada mal. Las de naranja, en cambio, saben un poco demasiado artificiales. El nombre es tan gracioso - tan cursi - y el código de barras en forma de corazoncito me encanta pese a no ser nada fan de los corazoncitos.

Pero no sólo nos cuidamos a base de galletitas. No, ayer fuimos y compramos un ordenador portátil chulísimo y monísimo(con Windows Vista). Aún no he podido juguetear mucho con él. De hecho, la primera vez que me acerqué a mirarlo bien y sin siquiera tocarlo se apagó de repente. Un mal comienzo para nuestra amistad. En estos momentos tenemos 4 (cuatro) ordenadores (dos portátiles, dos de sobremesa) para 2 (dos) personas. En teoría el portátil viejo va a ir jubilándose, pero aun así creo que superamos la media de forma un poco alarmante.

viernes, 11 de abril de 2008

Punto de cruz

Aparte del teletrabajo y las ganas de leerlo con calma, otro de los motivos para que la lectura de The Professor se prolongase era este de la foto. Cuando lo encontré me faltó tiempo para ir a por la tela y los hilos necesarios.

¿Y por qué tanto entusiasmo? Pues porque está inspirado por Jane Eyre. De hecho la frase es LA frase de Jane Eyre. Y la muñequita se supone que es Jane Eyre (lo de "se supone" lo dice mi yo integrista...). Y no lo podía dejar pasar.

Y eso que yo nunca he sido una gran fan del punto de cruz (y menos mal que el diseño era sencillito) pero este me gustó tanto que no lo dudé. Aunque al principio pensaba que iba a tardar semanas en acabarlo, una vez que cogí el ritmo (no lo llamemos velocidad tampoco) fue, nunca mejor dicho, coser y cantar.

Ahora queda la parte aburrida de lavarlo, plancharlo y prepararlo para llevarlo a enmarcar. Y luego la parte aun peor de pedirle al señor que odia usar el taladro que haga algún agujero en alguna pared para colgarlo.

Lo que he descubierto - para mi gran sorpresa - es que me he medio enganchado. Desde que lo acabé, porque ya hace unos días, cuando me siento a ver la tele sin nada entre manos me doy cuenta de que lo echo un poco de menos. Pero claro, no quiero hacer cualquier cosa. Kits y patrones hay muchos por ahí, pero muy pocos que me gusten realmente. Había uno que me encantaba en internet y le dije a Manuel que tomara nota para mi cumpleaños. Ayer no sé muy bien qué dije y cómo de desesperada soné que le hizo sacar la tarjeta (así, en plan película del oeste, o como el viejecillo aquel que la anunciaba hace años) y comprarme el dichoso patrón (que podía haber comprado yo...). Así que mientras espero ansiosa a que llegue, he descubierto alguna cosilla con la que ir matando el tiempo. Y, según cómo vaya de tiempo luego en Barcelona, igual me paso también por alguna tienda a ver qué tienen.

Quién lo iba a decir...