jueves, 21 de febrero de 2008

La vida secreta de Jane Eyre

Hay que ver las cosas más tontas que se hacen por márketing. Como los DVDs de Jane Eyre van supuestamente orientados a un público femenino, no se les ocurre otra cosa que plantar a Rochester en la portada debajo de las letras de Jane Eyre. Con lo cual alguien que no conozca la historia y vea sólo esa portada puede imaginar cosas muy, muy raras.

Ni siquiera es la primera vez que lo hacen, aunque en el de Timothy Dalton (adaptación que aún no hemos visto) tuvieron la decencia de incluir a Jane en miniatura, pero han considerado que Toby Stephens se basta y se sobra en su pose atormentada como para que venga Ruth Wilson a hacerle sombra. Menos mal que mi edición de este DVD tiene a Ruth Wilson como debe ser.

Por lo visto el de Toby Stephens forma parte de un lanzamiento especial para el dia de la madre en el Reino Unido (2 de marzo) donde Becoming Jane también tiene de portada a James McAvoy, y algunas otras series/películas de este tipo tienen hombres en la portada cuando normalmente la protagonista es una chica.

Y además, ¿no se suponía que Rochester era feo?

"You examine me, Miss Eyre," said he: "do you think me handsome?"
I should, if I had deliberated, have replied to this question by something conventionally vague and polite; but the answer somehow slipped from my tongue before I was aware -- "No, sir."
(Jane Eyre, ch. XIV)

--Me contempla usted--dijo--. ¿Le parezco guapo?
De haberlo meditado yo hubiese dado una contestación cortés; pero la respuesta brotó de mis labios antes de que tuviese tiempo de reflexionar:
--No, señor.
(Jane Eyre, cap. XIV, traducción de Juan G. de Luaces en las Obras Completas de Carlota, Emilia, Ana y Patricio Brontë. Ed. Plenitud. Madrid, 1948)

miércoles, 20 de febrero de 2008

Ritmo propio

Cuando fui a inscribirme al siguiente nivel de catalán quise mantener el mismo horario: martes y jueves de 10:30 a 12.00. Es un horario muy apañado porque a la vuelta da tiempo a hacer recaditos y compras. Así que me llevé un chasco cuando me llamaron para decirme que no había gente suficiente para formar el grupo y que o me pasaba al grupo de la tarde o me iba a hacer el curso a otro pueblo.

Menudo dilema, ninguna opción me convencía. Al final pensé que el mal menor era quedarme en al zona e ir martes y jueves de 19:30 a 21:00.

Así que ayer con mucha pereza me vestí y me aventuré al frío y la humedad. Y cuando llegué al sitio donde damos clase pensé que me había equivocado y que me había metido en alguna reunión de jubilados o cursillo de gente mayor. Pero no, resulta que eran mis compis y que yo era claramente la más joven (con diferencia, todo sea dicho).

Fue la hora y media más larga de mi vida. Cada ejercicio tonto y supuestamente de repaso (me pregunto cuánto tiempo tardaban en hacerlo cuando lo acababan de "aprender") llevaba por lo menos 15 minutos. Qué desesperación.

Total, que volví a casa a paso muy ligero porque hacía mucho frío y con la decisión tomada de que había sido la primera y última clase. A partir de ahora el catalán es por mi cuenta, ya me las apañaré. Al fin y al cabo lo más básico ya lo tengo, ahora sólo es cuestión de ir hacia arriba.

Y no quiero ser cruel, ni insinúo que la gente mayor tenga que quedarse encerrada en casa viendo los programas de cotilleos. Pero creo que no miento ni digo nada poco políticamente correcto cuando afirmo que mi ritmo no es su ritmo.

martes, 19 de febrero de 2008

Ooooh, el último: envío 3/3

Antes de pasar a describir el nuevo (y último ya) envío de Amazon, quitemos de en medio los trapos sucios. Ayer leí las 75 primeras páginas de Arlington Park (Arlington Park), de Rachel Cusk. Tenía ganas de dejarlo tirado desde mucho antes pero insistí un poco más para ver si había suerte y cambiaba a mejor. No la hubo y yo no suelo tener reparos a la hora de dejar un libro a la mitad si no me está gustando. Lo que no suelo hacer, porque soy muy cuidadosa con los libros, es tirarlo al suelo con exasperación desde el sofá y tener que controlarme para no saltar encima o directamente tirarlo a la basura. Pero ayer lo hice. Qué horror de libro, me ponía de un mal humor.

En Las Horas, tanto la película como el libro, una de las mujeres protagonistas, la que interpreta Julianne Moore, es un ama de casa/madre que no tiene vocación para ello. Tanto en la película como en el libro, incluso en pleno momento de crisis, la situación está tratada con sutileza y tacto. Uno entiende lo que está pasando sin necesidad de que nadie verbalice crueles amenazas ni frustraciones. Pues bien, este libro pretende ser una especie de spin off del tipo de personaje de Julianne Moore (la autora reconoce la influencia tanto de Virginia Woolf (!) como de Las Horas): un grupo de mujeres (no de los años 50, sino de esta misma década) se dedican a autocompadecerse en una zona residencial de lujo (NOTA: ¡¡suburbio en español tiene connotaciones de pobreza, justo lo contrario que suburb en inglés, señores periodistas!!). Cada una se hace más antipática que la anterior y yo sigo sin tener muy claro si la autora espera que como me pasó a mí las odiemos o si, encima, espera que nos compadezcamos de ellas. Como ya digo, cada frase, por bien escrita que estuviera, me sacaba de mis casillas. Creo que nunca he visto gente más tonta poblar las páginas de un libro. Y con mi pila de libros por leer no estoy yo para perder el tiempo y el buen humor por culpa de un libro.

En fin, a otra cosa, mariposa.
¡Qué sorpresa hoy cuando ha venido el cartero con mi paquete de Amazon! La verdad es que yo bromeaba con que, si tardaba el mismo tiempo en llegar que el envío 2/3 tenía que llegar hoy, pero quién hubiera supuesto que en Correos precisamente fueran a ser tan puntuales.

Como se puede ver este era el envío más modestito. ¡Qué ilusión tener Cranford en DVD!

Y venía acompañado de un par de libros (bueno, técnicamente de tres, pero uno no es para mí):

- The Victorian House, de Judith Flanders: tenía grandes esperanzas para este libro, por el tema y por lo que había leído. Pero "en persona" es aun mejor. No sólo tiene algunas páginas con fotos a todo color, sino que en las páginas normales también abundan las ilustraciones: anuncios, chistes, imágenes de revistas de la época. La estructura del libro es recorrer cada una de las habitaciones típicas de la casa victoriana común y, a partir de ellas, explicar el día a día de la larga época victoriana. Ahora nuestro consultado, pero nunca leído (ejem), The Victorians ya tiene vecino, que esperemos que sí que sea leído en un futuro no muy lejano.

- Y por último, no sólo en esta enumeración, sino porque también lo añadí a última hora cuando el pedido seguía abierto pero ya había recibido algún envío, At Large and at Small: Confessions of a Literary Hedonist, de Anne Fadiman (autora del fantástico Ex-Libris, que está traducido y todo). Lo que he ojeado me ha gustado mucho, salvo que abundan las mariposas en el diseño del libro y, en contra de lo que opina el 99% de la población, a mí las mariposas me parecen más insectos repugnantes que bonitos motivos de adorno.

Y con todo eso les hice hueco a Amazon en su almacén.

lunes, 18 de febrero de 2008

Arthur Bell Nicholls, marido de Charlotte Brontë

Por la foto podría parecer que acabo de estar leyendo una especie de Querida Susi, querido Paul, etc. (esos libros de Christine Nöstlinger, qué buenos eran), pero en la práctica no ha sido tanto así, pese a los títulos de los libros.

Esta conversación en los comentarios me recordó que hacía tiempo que no leía nada relacionado con las Brontë. Así que me planté delante de la estantería Brontë y me decanté por la biografía del marido de Charlotte Brontë. Ya sé, ya sé, puede parecer ridículo, pero yo tenía muchas ganas de leerla desde que me enteré de que existía hace años y este verano en Haworth, en una de nuestras grandes compras en la tienda Brontë, cayó por fin.

La estantería Brontë resulta ser un martirio eterno para Arthur, el marido de Charlotte, y Ellen Nussey, la amiga de toda la vida de Charlotte. En la vida real se llevaban a matar y por desgracia para ambos nuestro orden Brontë pasa por colocarlos juntitos. Iremos al infierno sólo por eso.

My Dear Boy (que es como se refería Charlotte Brontë a él en un par de cartas) me ha gustado mucho más de lo que imaginaba. Muchas veces los libros de editoriales pequeñas y de público muy reducido son cutres hasta decir basta, con un montón de erratas porque van directamente del autor a la imprenta. Pero en este caso salvo algunas cosas bastante poco importantes es un buen libro, las fotos están bien y el papel es de buena calidad. Todo un lujo. Aun así yo soy una quisquillosa y como se puede ver en la foto le saco faltas y le encuentro pegas a todo. Lo que me divierto yo poniendo mis post-its.

Maldades aparte es un libro que cuenta la vida de este hombre desde un punto de vista muy Brontë. Dice Manuel que no cabe otro punto de vista, pero yo no lo tengo tan claro. La niñez y los estudios en Irlanda pasan en un suspiro y en la página 10 ya lo tienes llegando a Haworth. Está escrito de forma muy amena también y una descubre cosas graciosísimas. La gente de Haworth eran únicos y tenían más idiosincrasias que el resto del mundo. Por ejemplo, las mujeres, cuando lavaban la ropa de la casa, no dudaban en plantarse en el cementerio y extender allí, sobre las tumbas, sus sábanas y sus manteles a secar. Tuvo que llegar Arthur y enfrentarse a ellas, lo que le ganó no sólo la enemistad de mucha gente (!) sino también un fantástico y divertidísimo poema escrito por el padre de las Brontë.

Arthur al final se ganó poco a poco el cariño de la gente y de Charlotte, aunque por el camino perdió el de Patrick, que no estaba de acuerdo en que su genial hija se casara con un cura irlandés, no sólo por clasismo, sino porque estaba convencido de que la salud de su hija no estaba hecha para el matrimonio (y acertó, por cierto). Después de muchas idas y venidas se casaron pero a los nueve meses y después de haber sido felices (aunque haya quien se niegue a verlo y haga oídos sordos incluso de las palabras de la misma Charlotte) Charlotte murió. Arthur, tal y como le había prometido a Charlotte, se quedó en Haworth cuidando de su padre hasta la muerte de este, por fin reconciliados a pesar de las leyendas urbanas de Haworth. Y luego, cuando injustamente no le "renovaron el contrato de cura" en Haworth, cogió sus bártulos y todas las reliquias Brontë que pudo y se volvió a Irlanda.

En esos últimos años en Haworth tuvo que ver cómo la primera biógrafa de Charlotte, Elizabeth Gaskell, publicaba todos sus trapos sucios y que para darle un carácter angelical a Charlotte, no se cortaba a la hora de vilipendiar a todos los hombres Brontë (padre, hermano, marido). A esto se unió sin dudarlo Ellen Nussey, que le tenía una tirria casi enfermiza a Arthur y que aprovechaba la más mínima ocasión para ponerle verde.

Arthur en Irlanda terminó casándose con su prima y viviendo como granjero tranquilamente en una casa-santuario Brontë, recibiendo de vez en cuando a Martha Brown, que había sido criada en casa de las Brontë. Cuando Martha se volvía a Inglaterra, Arthur se escribía con ella, le llevaba las cuentas y le insistía para que se mudara definitivamente a vivir con ellos. De ahí el otro libro de la foto, Dear Martha, complemento ideal. Claro que las cartas - sólo se conservan 33 - son exactamente como las describía Charlotte: "Men's letters are proverbially uninteresting and uncommunicative" (las cartas de los hombres son proverbialmente poco interesantes y comunicativas). Y Arthur lo cumple a rajatabla, pero aun así son curiosas.

A poca gente le cae bien Arthur, en gran medida por la reputación que le forjaron Elizabeth Gaskell y Ellen Nussey. Pero a mí siempre me ha caído bien y este libro no ha hecho sino demostrarme que aun era mejor persona de lo que yo creía. Después de leer My Dear Boy no sólo me cae todavía mejor sino que además ahora tengo hechos y frases que derrumban muchos mitos.

Ahora estoy perfectamente documentada para leer la nueva biografía suya que sale en breve, escrita por un descendiente (no directo, puesto que no tuvo hijos).

EDITADO 12/6/2008: Nueva biografía leída y Arthur Bell Nicholls sigue cayéndome cada vez mejor.

domingo, 17 de febrero de 2008

PhotoFriday :: Infinity

El otro día di con PhotoFriday y me pareció interesante. Cada viernes publican un tema y a partir de ahí tú rebuscas en tu archivo fotográfico o sales a la calle a captar lo que el tema te sugiera. Publicas la foto en tu blog/página personal y subes tu enlace a su a web. No es un concurso, no ganas nada. Tampoco es obligatorio que lo hagas cada viernes.

Me pareció divertido, pero creo que he ido a empezar en la semana más complicada. ¿Qué foto podía tener yo que definiera/reflejase Infinity, el infinito? Después de darme un buen paseo por mis fotos seleccioné esta, tomada el pasado agosto en Scarborough, Inglaterra. Infinidad de guijarros.

¿Alguien más se apunta?

sábado, 16 de febrero de 2008

Caelum

Ayer para huir del tercer día seguido en que los obreros de al lado se pasan el día haciendo una zanja con una máquina de esas enormes que taladran no sólo el suelo sino también los timpanos y cuyo ruido te persigue hagas lo que hagas, me fui a Ikea a renovar nuestros tuppers y a hacer casi la compra semanal en la tienda sueca. Aparte de muchas otras cosas cuando llegué a la parte de los bollitos de canela cogí una bolsa y recordé el éxito que habían tenido calentitos la última vez. Cogí una segunda bolsa. Y una tercera. Y me cogí casi literalmente por el pescuezo y me alejé con mis tres bolsas y demás tentaciones.

Luego en Barcelona con Manuel después de comer tuvimos que tomar otra difícil decisión del estilo: ¿ir a tomar el postre a La Pallaresa en la calle Petritxol con su delicioso chocolate caliente o ir a nuestro últimamente abandonado (pero muy querido) Caelum con sus tés, sus bollitos de convento y, sobre todo, su ambiente único? Ayer ganó Caelum. Además así Manuel me pudo indicar bien el camino, que yo alguna vez que he intentado llegar nunca he sabido. Es lo que tiene que esté en pleno barrio gótico laberíntico.

Caelum es una delicia. En la planta principal tienen una parte de tienda donde venden todo tipo de dulces elaborados por monjas en conventos y una pequeña zona de "cafetería". Y en el sótano, que antes eran los antiguos baños judíos de mujeres, más cafetería. Hay alguna luz eléctrica muy flojita que resalta la arquitectura original y los ladrillos de los baños judíos, pero la mayor parte de la luz proviene de velas. Tienen un surtido enorme de tés y de los dulces que venden en la tienda (dulces estos un poco caros, todo sea dicho, pero merecen la pena). La atmósfera es muy agradable y dan ganas de pasarse ahí las horas muertas.

Y luego, tras una breve parada para comprar "buñuelos", directos al cine a ver nada menos que Sweeney Todd. ¡Ayer fue nuestro tercer viernes consecutivo con Sondheim! Y lo que nos queda: ya tenemos entradas para otro Sondheim en abril y en breve compraremos otras para otro espectáculo Sondheim. Pueden hacer un cartel: Barcelona ♥ Sondheim.

La película, cuya banda sonora suena mientras escribo esto, me gustó. Un poco gore a veces, pero ya sé que el original es así. Johnny Depp y Helena Bonham-Carter espectaculares (y con talentos escondidos para la canción), y Tim Burton muy fiel a sí mismo. Me gusta Alan Rickman, pero esperemos que nunca le dé por hacer carrera musical.

Mientras veíamos la película salía olorcillo de los "buñuelos". Y ni con las escenas gore dejaban de oler bien y gritar "cómeme". Pero fuimos fuertes y hemos resistido hasta el desayuno hoy. Y la verdad, cada uno que diga lo que quiera pero, ¿son o no son rosquillas lo de la foto? ¿Verdad que son rosquillas con su agujero en el centro? Pues no, aquí eso son los famosos buñuelos de Cuaresma. Muy ricos, sí, pero con sabor a rosquilla, no a buñuelo. Manuel me intenta convencer porque dice que precisamente se llaman buñuelos de viento por tener el agujero, pero a mí no me engaña: ¡los buñuelos de verdad van rellenos de crema o de nata o de chocolate! Esto son, definitivamente, ROSQUILLAS. He dicho.

jueves, 14 de febrero de 2008

Plumas literarias

Cuando hablé de Las Olas de Virginia Woolf me olvidé de mencionar una cosa que tenía en mente desde que unos días antes me había dado una vuelta por algún centro comercial. Sin saber cómo me encontré cara a cara (o cara a plumín) con una exclusiva pluma de Montblanc dedicada o inspirada por Virginia Woolf. Una serie limitada del año 2006 para celebrar precisamente el 75 aniversario de la publicación de Las Olas. Y luego escribí aquella entrada tan larga para encima dejarme esto fuera. Ya me gustaría poder decir que nada más verla abrí el bolso y saqué la Visa Platino, pero me temo que no es el caso. Mi humilde Visa no podría ni comprar el pequeño rubí que tiene la pluma en el clip. Pero bueno, lo llevo bien porque yo también tengo un par de plumas literarias y casi me atrevería a decir que hasta más chulas.

Así que inspirada por Montblanc y su pluma Virginia Woolf (y ojo que hay muchos más escritores con pluma Montblanc, hasta Cervantes) me decidí a hacerles una fotos - bastante monas, creo yo - a las mías.

De hecho en esta misma foto aparecen dos buenas pertenencias Brontë relacionadas con la papelería. Debajo el precioso Paperblank de Charlotte Brontë y encima, muy a juego, la pluma de Charlotte Brontë. Bueno, no la suya propia, porque para empezar en la época aún tenían que mojar su pluma en el tintero, sino una inspirada al estilo de la de Virginia Woolf. La foto quedó muy mona, pero no se aprecia que en el bordecito de la tapa de la pluma aparece la firma de Charlotte.

Son regalos las dos pero combinan como si fueran tal para cual.

Y claro, hablando de pluma y tintero yo también tengo de eso. Aunque hay una similar de las Brontë, esta es de Jane Austen (o inspirada por, insisto, que nadie vaya a pensar que no me compro la pluma de Montblanc pero tengo en casa LA pluma DE Jane Austen). Esta se encuentra en pose permanente en la sección Jane Austen de la estantería (lo que se ve debajo es esta edición Pulga de Orgullo y Prejuicio), acompañada por sus plumines sin estrenar (tendré que aprender a manejar el normal primero). Como puede verse una vez intenté hacer mis pinitos en escritura inglesa y caligrafía. Fue divertido, aunque un poco estresante, y un día de estos tengo que repetir. De hecho hace no mucho me compré un folletito que enseña los movimientos para escribir bien con este tipo de pluma. Además dos de las papelerías que suelo frecuentar en Barcelona están estupendamente surtidas en el asunto: tienen muchísimas plumas y tipos y colores de tintas y siempre que paso me quedo embobada (y muy tentada) mirándolas.

Hablando de papelerías - centros de perdición para mí - en Barcelona es cierto que hay bastantes muy chulas. Pero últimamente no paro de acordarme de un artículo que leí hace siglos (pero en serio, casi literalmente) en un País Semanal donde Rosa Montero (?) se quejaba de que con tanto cuadernito de corazoncitos y tantos bolis tan coloridos uno añoraba ir a la papelería a comprar cosas normales y corrientes de color sepia y sin decoraciones añadidas. En su momento creo que me marcó porque no estuve nada de acuerdo, y sigo sin estarlo del todo, pero es que en Barcelona no consigo dar con ninguna papelería a la vieja usanza (tipo Salazar, por ejemplo) donde puedas comprar cosas normales como sobres acartonados. Una que tenía localizada cerca de la Universidad y que tenía pinta de llevar ahí desde que se puso la primera piedra en el edificio de la universidad cerró hace poco (mi sino). Y desde entonces en las papelerías sólo puedo dejarme tentar por los cuadernitos de colores y los tacos de notas en forma de nube.

Al menos huelen como tiene que oler una papelería.