jueves, 10 de abril de 2008

The Professor, de Charlotte Brontë

Por fin esta mañana (bueno, digo esta mañana porque era antes de comer, pero en realidad eran cerca de las dos) he dado por concluida mi relectura de The Professor (El profesor), de Charlotte Brontë. Una cosa es leerlo con calma y otra es eternizarlo como ya estaba haciendo. Releer The Professor formaba parte de mi "ritual" anual de siempre tener por el 31 de marzo, aniversario de la muerte de Charlotte, un libro suyo entre manos.

De hecho tanto he tardado en leerlo que hasta me ha dado tiempo de actualizar la edición entre medias. Teníamos una edición de esas baratillas de Penguin, muy prácticas en muchos aspectos, pero no tanto en otros. Yo soy una fan absoluta de las notas al final del texto (en serio, me encantan, me parecen lo más útil e interesante del mundo) y esos Penguin no tienen. Tampoco tienen introducción (de las que, en cambio, aunque me gusta que los libros la tengan, la empiezo a leer cuando termino la novela en sí y me descubro saltándome cada vez más líneas para llegar al final y poder decir que la he leído. Incluso con los libros Brontë hago lectura rápida de introducciones; me aburren un poco) ni ese tipo de extras tipo DVD (es cierto, la nueva edición de The Professor tiene escenas borradas). El caso es que es la primera vez que hago transbordo de libros y por eso dejo constancia con las fotos.

The Professor fue la primera novela que Charlotte Brontë quiso publicar y la última que se publicó, ya de forma póstuma. Después de que la rechazaran tropecientos editores (y que por el camino el editor Newby aceptara, con muchas reservas, publicar Cumbres Borrascosas y Agnes Grey) The Professor llegó a manos de la firma Smith, Elder & Co, que si bien se negó a publicarlo sí que vio que tenía potencial y le preguntó al tal Currer Bell (el pseudónimo de Charlotte) que la firmaba si no tendría otra cosilla por ahí. Y la cosilla fue nada menos que Jane Eyre. Pero, ah, eso es otra historia.

El caso es que Charlotte no se daba por vencida, insistía en que las dos terceras partes eran lo mejor que ella había escrito y podía escribir. Y así se lo intentaba vender una y otra vez a George Smith - su editor - que ahora más que nunca, después del éxito de Jane Eyre (y luego Shirley) sabía que publicar eso sería fatal. Así que después de Shirley, Charlotte decidió guardar The Professor en el armario y reciclar ciertas escenas para lo que sería Villette.

Pero Charlotte no iba del todo desencaminada. Es cierto que The Professor empieza bastante mal y tiene un trozo aburrido un poco antes de la mitad, donde literalmente la narrativa se estanca. Pero cuando se deja atrás ese trozo... entonces la cosa pinta mucho mejor... y todo empieza a parecerse extrañamente a Jane Eyre. No sorprende que la empezase a escribir justo después. Hay veces que de hecho parece que la estaba escribiendo a la vez y se le traspapelaban los manuscritos.

The Professor cuenta la historia de William Crimsworth que por unas cosas o por otras se encuentra en Bruselas después de comprobar que ni a él le cae bien su familia ni su familia le cae bien a él. En Bruselas encuentra trabajo como profesor de inglés, primero en una academia de chicos y luego, además, en un colegio de señoritas. En ese colegio conoce a Frances, que trabaja de profesora de costura pero que pide permiso para poder asistir también a las clases de inglés de William. Mientras tanto aparece Mademoiselle Zoraïde, que luego sería Madame Beck en Villette (y que, al menos desde la mirada nada objetiva de Charlotte, también era la directora del colegio donde ella y Emily estudiaron en Bruselas, Madame Heger, de cuyo marido Charlotte estaba enamorada, así que era normal que se tuvieran tirria mutuamente). Y ahí lo dejo, que no me gusta destripar los libros. He contado la parte más aburrida, qué más se puede pedir.

¿Conclusiones de la relectura? Pues que el libro tiene altibajos, tiene mucho de novela de transición entre la juvenilia y las novelas-novelas, pero que Charlotte ya apuntaba maneras. De hecho hay muchísimos temas e ideas que, no sé si a raíz de sentirse frustrada por tener el manuscrito en un armario, Charlotte luego redistribuyó aquí y allá, no sólo en Villette, donde está tan claro, sino también en Jane Eyre o Shirley. Creo que se podría decir que, en muchos sentidos (todos positivos), The Professor es el padre de todas las otras novelas.

martes, 8 de abril de 2008

Los diarios de Virginia Woolf al completo

¡Ya tengo los cinco volúmenes del diario de Virginia Woolf! Ahí está la foto para dar fe, aunque Virginia se ha negado a venir a presentar la colección completa. Dice que ella a las nueve de la mañana no está para sesiones de fotos y que además ya posó en la presentación de los cuatro diarios como un favor especial, porque en realidad su caché es muy alto.

Ayer cuando estaba teletrabajando y sin posibilidad de ir a Barcelona me llamaron de la librería para decirme que ya habían recibido el tercer volumen. Y a mí me apetecía poco tener que esperar hasta el viernes para poder recogerlo, porque no tengo posibilidades reales de acercarme antes. Así que le mandé un mensaje a Manuel insinuándole que se pasara al salir del trabajo para ver qué decía. Y no dijo nada. No respondía a mis sms ni a mis llamadas. No es que yo estuviera tan empeñada en que fuese, sólo quería que me dijera si iba o no iba, por saberlo.

Así que cuando por fin llegó a casa le pregunté que por qué no había respondido a mis sms ni a mis llamadas. Y él, con toda la calma del mundo, "¿llamadas y mensajes? A mí no me ha llegado nada, mira el móvil si quieres...". Y en esas estaba yo, dispuesta a enseñarle la lista de llamadas perdidas y mensajes sin leer que aparecerían seguro en el móvil, sólo que en realidad en el móvil no salía nada de eso. Cuando levanté la cabeza para decirle que no lo entendía... ¡encontré mi tercer volumen!

Lo que le gusta a la gente hacerme rabiar...

lunes, 7 de abril de 2008

Té blanco y té literario

El viernes antes de entrar al cine pasamos por una tienda de tés y en principio yo sólo entraba a curiosear, pero cuando vi que tenían té blanco con aroma de vainilla a buen precio (para lo que es el té blanco) no me pude resistir. Cargada como iba con mis libros y, además, con dos cajas de Yorkshire tea (el que siempre tomo por la mañana) que había comprado también ese día, no es de extrañar que cuando salí de la tienda Manuel dijera que sólo compramos libros y tés, y eso que a él los tés le dejan bastante indiferente.

El sábado lo probé y quedé encantada (como ya había quedado con el que nos dieron de muestra en la Tea Shop de té blanco con aroma de fresa). Me hizo gracia encontrarme la florecilla de la foto entre todas las hojas.

He descubierto que en esto de los tés soy totalmente monocromática: me gustan el negro y el blanco. El verde* no me gusta y no le haría feos al rojo si no fuera por lo mal que huele. De sabor está bueno, pero el olor que sale de la taza y en el que hay que meter la nariz para beber no me gusta nada.

La vainilla apenas se nota y casi se saborea únicamente el té blanco, que es lo más suave y delicioso que se pueda uno imaginar. Y además tiene ese color precioso que se ve en la foto.

Siguiendo con los tés, ayer, cuando leía The Professor (El profesor), de Charlotte Brontë y me marcaba como límite terminarlo esta semana (ya veremos), me encontré con esta adorable descripción de "la hora del té". The Professor tiene sus altibajos pero esta escena definitivamente es de lo mejor. William Crimsworth y Frances Henri se han encontrado por casualidad en una tarde de agosto después de algún tiempo sin verse. Cuando William acompaña a Frances a casa les pilla, ya casi en la puerta, una tormenta de verano. Frances, que vive muy modestamente, le invita a pasar y viendo la cara que William pone cuando ve que no hay un fuego esperándoles en la chimenea, se apresura a encenderlo aunque, como William se da cuenta, para ello vaya a gastar toda la leña y carbón que tiene. De ahí que William intente presumir de que tiene calor y no quiere que encienda el fuego.

'What are you going to do?' I asked; 'not surely to light a fire this hot evening? I shall be smothered.'
'Indeed, monsieur, I feel it very chilly since the rain began. Besides, I must boil the water for my tea, for I take tea on Sundays; you will be obliged to try and bear the heat.' [...]
... and a small kettle of a very antique pattern, such as I thought I remembered to have seen in old farmhouses in England, placed over the now ruddy flame [...]. Then she opened a cupboard, and took out a tea-tray, on which she had soon arranged a china tea-equipage, whose pattern, shape, and size denoted a remote antiquity; a little, old-fashioned silver spoon was deposited in each saucer; and a pair of silver tongs, equally old-fashioned, were laid on the sugar-basin; from the cupboard, too, was produced a tiny silver cream-ewer, not larger than an egg-shell. While making these preparations, she chanced to look up, and reading curiosity in my eyes, she smiled and asked, --
'Is this like England, monsieur?'
'Like the England of a hundred years ago,' I replied.
'Is it truly? Well, everything on this tray is at least a hundred years old. These cups, these spoons, this ewer, are all heirlooms; my great-grandmother left them to my grandmother, she to my mother, and my mother brought them with her from England to Switzerland, and left them to me; and ever since I was a little girl I have thought I should like to carry them back to England, whence they came.'
[...] She made the tea, as foreigners do make tea -- that is, at the rate of a teaspoonful to half a dozen cups.
[...]Frances' tea was little better than hot water, sugar, and milk. . .
Charlotte Brontë, The Professor, (ch. XIX)

-¿Qué va a hacer?-pregunté. ¿No estará pensando en encender el fuego en una noche tan calurosa como esta? Me asfixiaré.
- En realidad, monsieur, creo que ha refrescado bastante desde que empezó a llover. Además debo hervir el agua para mi té, ya que tengo por costumbre tomar té los domingos. Se verá obligado a aguantar el calor. [...]
... y una pequeña tetera de aspecto muy antiguo, similar al que recordaba haber visto en viejas granjas inglesas colgaba sobre las ya coloradas llamas [...]. Abrió a continuación un armario y sacó una bandeja de té, sobre la que enseguida colocó un juego de té de porcelana cuyo dibujo, forma y tamaño indicaban una antigüedad remota. Colocó después una cucharilla de plata anticuada en cada plato y unas pinzas de plata del mismo aspecto en el azucarero. Del armario sacó también una minúscula jarrita de plata, no mayor que un huevo. Mientras llevaba a cabo todos estos preparativos levantó la mirada y, viendo que la observaba con curiosidad, sonrió y preguntó:
-¿Le recuerda a Inglaterra, monsieur?
-A la Inglaterra de hace cien años-respondí.
-¿De verdad? Así es, todo lo que hay sobre esta bandeja tiene al menos cien años. Las tazas, las cucharillas, la jarrita... todos son heredados. Mi bisabuela se los dejó a mi abuela, que a su vez se los dejó a mi madre, y mi madre los llevó con ella a Suiza desde Inglaterra y me los dejó a mí. Desde que era una niña he deseado poder llevarlos de vuelta a Inglaterra.
[...] Hizo el té como lo hacen los extranjeros: es decir, sirviendo una cucharilla por cada media docena de tazas.
[...] El té de Frances era poco más que agua caliente con azúcar y leche. . .
Charlotte Brontë, El Profesor, (capítulo 19) (Traducción rápida mía

Y es que en realidad cada tacita debe llevar una cucharadilla entera de té y, si se hace en tetera, una extra además.

*El té verde tampoco le gustaba a Charlotte Brontë, decía que le quitaba el sueño. Una vez, de visita en casa de Elizabeth Gaskell, Charlotte dijo esto y, Elizabeth Gaskell, que no tenía otro, hizo caso omiso y le sirvió lo que había. A la mañana siguiente, un poco temerosa, Elizabeth Gaskell le preguntó qué tal había dormido a Charlotte. Y Charlotte dijo algo así como que de maravilla. Siempre me hace mucha gracia esta anécdota.

domingo, 6 de abril de 2008

PhotoFriday :: Far from home



Después de unas semanas en las que ha coincidido que el tema del PhotoFriday no me inspiraba mucho con que tenía poco tiempo para participar, hoy vuelve con un tema interesante: lejos de casa.

Tenía en mente otra foto cuando me he encontrado con esta que no sólo me gusta muchísimo ya de por sí sino que además creo que va muy bien con el tema.

La foto fue tomada en los páramos el verano pasado. Íbamos hacia la llamada "Brontë Fall", o "the meeting of the waters" como la llamaban las Brontë. Y yo, con esa luz y esa soledad inmensa que sólo existe en mitad del campo (incluso aunque te cruces con gente de tanto en cuanto), decía que este camino que en apariencia llegaba hasta el horizonte era el camino a ninguna parte. Aunque no lo fuera.

sábado, 5 de abril de 2008

Si nos olvidamos del tres por un momento...

Virginia Woolf presenta:

Sus diarios, excepto el número 3 (1925-1930), que supuestamente llegará tarde o temprano a la librería en cuestión. Eso espero, vamos. Claro que no me puedo quejar en absoluto. Hasta hace unas semanas creía que los Diarios de Virginia Woolf eran pasto de las tiendas de segunda mano de los países de habla inglesa y por casualidad o por un golpe de suerte me topé con los dos últimos nuevecitos en una librería barcelonesa. Y no sólo eso, me dijeron que esperaban recibir el resto también y que si quería me podían avisar cuando les llegaran y, claro, ¿qué hacía yo con dos volúmenes sueltos? Una vez que empiezas ya tienes que completarlo. Y en esas estamos. Ahora toca esperar que me avisen para decirme que ya tienen el número tres para que próximamente pueda publicar una actualización de esta foto, ya con todos los diarios al completo. Qué ilusión.

Y es que si siempre los había codiciado, ahora que cada noche leo mi dosis de diarios gracias a The Assassin's Cloak, libro que cada día me gusta más y me abre los ojos a más cosas, cada vez que me encontraba alguna cita de algún diario de Virginia Woolf me ponía los dientes muy largos.

De hecho hace poco me hizo gracia leer esto, que además veo que viene del volumen que me aún no tengo:

What is to become of all these diaries, I asked myself yesterday. If I died, what would Leo make of them? He would be disinclined to burn them; he could not publish them. Well, he should make up a book from them, I think; and then burn the body. I daresay there is a little book in them; if the scraps and scratching were straightened out a little. God knows. (20 March 1926)

Ayer me pregunté qué será de todos estos diarios. Si me muriera, ¿qué haría Leo con ellos? No estaría dispuesto a quemarlos ni podría publicarlos. Bueno, yo creo que debería componer un libro con ellos y quemar el cadáver. Me atrevería a decir que tienen material para un pequeño libro, si los tachones y los recortes se adecentan un poco. Sólo Dios lo sabe. (20 marzo 1926)
(Traducción cutre mía).

De hecho Leonard Woolf siguió su consejo y publicó un libro de extractos, que fue el primero que me hizo descubrir que Virginia Woolf también escribía obras maestras en privado. Lo que parece que no hizo, tal y como predijo Virginia, fue quemarlos. Y es ahora (bueno, en los años 70 y 80 cuando se publicaron) cuando la mujer de su sobrino, Quentin Bell (que también escribió una biografía de su tía, y que está traducida además), Anne Olivier Bell los ha editado.

Y en otro orden de cosas: ayer con mis libros a cuestas (y encantada de la vida con ellos) fuimos al cine después de muchísimo tiempo sin pisar una sala y vimos We Own the Night (La noche es nuestra). A primera vista no es mi tipo de película, pero luego resultó gustarme mucho. Los actores están todos imponentes, sobre todo Joaquin Phoenix, y la música me pareció perfecta para la película.

viernes, 4 de abril de 2008

Altarcito

He aquí nuestro altarcito improvisado a lo que aparentemente sólo es Emily Brontë pero que en realidad, en esos marquitos más pequeños, es a las tres Brontë (el marquito pequeño que se ve es el de Anne, de hecho), convertido aun más en altar (como si el brezo de los páramos o las velitas que no se ven en la foto no fueran suficiente) gracias a estas bonitas calas con un toque de menta.

Debajo del vaso jarrón está una selección de poemas de Thomas Hardy que fue uno de los tres libros que compramos el viernes pasado y que no está sólo sin guardar para que lo vayamos hojeando de vez en cuando. Es sólo que es el que está encima de la pila de tres que espera turno para instalarse en la estantería. Pero es que el transporte cómoda-estantería tiene un servicio pésimo.

Tener los libros aquí es, como digo, buena excusa para irlos hojeando. Pero hojear la poesía de Thomas Hardy es tan triste (como casi todo Hardy). Y además me pone los dientes largos junto con las adaptaciones televisivas de Hardy que tenemos en reserva para futuras Noches de viernes. Hace literalmente meses que le vengo diciendo a Manuel que quiero leer algo más de Hardy, pero es que no consigo hacerle hueco al pobre. Y pensar en lo triste que es, y más cuando Manuel me ha recomendado nada menos que me deje de orden cronológico e historias y me salte unos cuantos desde el último Hardy que leí y vaya directamente a Jude, me anima pero no me anima. Si Jude es aun más triste que Tess...

El caso es que los libros y el vaso jarrón recibirán hoy compañía. Yo, inocentemente, hace unas semanas pedí en una librería que me avisaran cuando recibieran unos libros. No sólo han sido tan amables de avisarme en cuanto los han recibido sino que además me los han dejado reservados 15 días... ¿Y quién soy yo para decir que no a tanta amabilidad?

jueves, 3 de abril de 2008

Noche de viernes: The Brontës of Haworth (1973)

Pobre blog mío, esta semana se ha visto abandonado en favor de un teletrabajo con fecha tope inminente. Pero aunque hay más teletrabajo, como esa parte ya está entregada, hoy lo celebro con una entrada, que ya lo echaba de menos. Además la tengo pendiente desde hace días.

La nueva temporada de Noche de martes se llama Noche de viernes. A mí, sinceramente, el nombre antiguo me gustaba mucho más; Noche de viernes suena a plan de discoteca y nada más lejos, la verdad. Pero es cierto que el concepto en sí es mucho mejor ahora ya que no tenemos que estar pendientes de que la serie en cuestión se prolongue demasiado y se vaya a reflejar en las ojeras del día siguiente. Lo ideal sería llamarlo Noche de martes en viernes, pero como además de ideal es un poco confuso creo que nos tendremos que quedar con lo que hay.

Ya dije que inauguraríamos la nueva temporada por todo lo alto. Y así fue, aunque para los "no iniciados" no lo vaya a parecer mucho. Hace tiempo mencioné que había encontrado una cosa que me estaba costando conseguir pero al final, después de días de tensión, lo conseguimos. Bueno, pues era esto: la miniserie (no de la BBC) The Brontës of Haworth, de 1973. Escasea bastante y además sólo está en DVD en región 1, pero la gente que la había visto siempre hablaba maravillas de ella, pese a que en las fotos el look setentero parecía un poco demasiado.

Así que el viernes vimos el primer capítulo. Empieza donde tiene que empezar, con los Brontë de niños y la verdad es que esa parte diría que fue mi favorita del capítulo y creo que lo será de la serie entera. Pocas veces se ven recreaciones de la infancia de los Brontë a pesar de que fue clave en lo que fueron e hicieron después. Fidedigno o no, los niños actores son monísimos y están muy, muy bien en sus papeles. Nos reímos mucho con la parte de la juvenilia y es ahí, viendo a unos niños (y no leyendo sobre ellos) que hablan de Gondal y de Angria, cuando te paras y dices: "pero qué niños más raritos eran".

Además, los exteriores se rodaron en el pueblo de las Brontë, Haworth, y el decorado del interior de la casa es una excelente copia del original así que tiene un toque de realismo que me gusta mucho. El look de los años setenta sigue ahí inevitablemente pero es cierto que cuando las imágenes están en movimiento y te centras en la acción y en - por el momento - la historia bien contada te fijas menos en esos detalles.

Así que estoy deseando que llegue mañana para ver el segundo episodio (que por mí, poco disciplinada que es una, hubiera visto el otro día también). A no ser que pase algo imprescindible que tenga que contar entre medias creo que escribiré otra entrada sobre la serie después del ver el último capítulo.