viernes, 18 de febrero de 2011

Jardín del Edén

Ayer hizo un día de perros - todo lo contrario que hoy - y yo me aventuré al mundo con la excusa de que una de mis primas estaba en Barcelona por trabajo y tenía un hueco libre a media mañana. Como habíamos quedado a desayunar en un hotel de cinco estrellas y cuando salí de casa sólo caían gotitas decidí dejar las botas de lluvia en casa. Es decir, garantía segura de diluvio (de haberlas llevado puestas habría escampado, claro), que fue lo que pasó. Al menos tuve la oportunidad de estrenar mi paraguas nuevo y di gracias por el hecho de que, desde siempre, me guste un cierto tipo de olor a plástico. De no gustarme creo que habría tenido que cerrar el paraguas y mojarme de lo mucho que me olía*.

El caso es que por suerte del metro al hotel no me había mojado mucho los pies (sí más de lo que me habría gustado, es decir: nada) y me preguntaba qué iba a tomar yo para beber, ya que ya me había tomado mi taza de té permitida. Un zumo de naranja fresquito, con todo lo sano que pueda ser, no apetecía demasiado. Cuando miramos la carta de desayunos descubrí las bondades de los hoteles de cinco estrellas: tenían té desteinado de Sans & Sans, ¿cómo resistirse? Me gustó tanto que, como puede verse, me guardé el sobrecito (cosa que de todos modos tiendo a hacer siempre) y hasta lo he escaneado ahora. Muy, muy rico (de nombre un pelín cursi, eso sí) y veo en su web que tienen más desteinados (por el método CO2, según dicen, cosa que me picó ayer la curiosidad cuando lo leí en el reverso del sobre y que ahora he estado leyendo en la wikipedia aunque no me he enterado de muchas cosas (ah, la química...)) de lo más tentadores, incluido de vainilla.

Lo malo es que ya tengo una caja de desteinado más normalito (marca PG Tips, que, aunque sé que a los ingleses les gusta mucho, creo que nunca he tomado en modalidad normal) así que debería empezar por tomar ese. A ver si me animo. Desde luego mi primera experiencia "desteinada" de ayer fue muy buena.

* El lobby del hotel era enorme y pude oler perfectamente cómo un señor en la otra punta estaba comiendo patatas fritas. Luego de vuelta a casa me olió (o me lo inventé, llega un punto en que ya no lo sé) a puré de patatas y no pude evitar hacerlo para comer. El olfato se está apoderando de mí.

miércoles, 16 de febrero de 2011

Madalenas de fresa

Lo primero de todo, aunque en cuanto acabe esto iré y los contestaré uno por uno (¡me va a llevar un rato!), es daros las gracias por vuestros comentarios a la noticia de ayer. Me hicieron mucha ilusión. Así que de verdad: muchísimas gracias, también de parte de Manuel, que los estuvo leyendo por la noche.

Y ahora, aunque ya no queda ni resto de ella, paso por fin a la repostería del sábado: el telehorno de verdad.

Ya sé que debería moderarme con el azúcar, pero aunque obviamente sería mucho más sano prescindir de la repostería de los sábados (ahora y en cualquier circunstancia), lo cierto es que tampoco hay que dejarse llevar por la paranoia. Ya me han quitado la mayoría del embutido, el queso brie, me hacen tomar la carne chamuscada y como si fuera una suela de zapato, me han reducido el té y me hacen lavar la fruta y la verdura de forma casi obsesiva (con la excepción de que me niego a utilizar lejía para lavarla, primero porque odio la lejía y punto y segundo porque tal y como llevo lo de los olores eso podría ser mortal y la forma más eficaz de impedirme comer fruta, cosa que ya de por sí, con ciertas excepciones, no me entusiasma) así que, mientras no haya datos impepinables que me obliguen a lo contrario (y esperemos que no los haya), yo seguiré con mi pequeña transgresión que, aunque de verdad no lo parezca en el blog, se limita únicamente al principio de la semana.

Ya llevábamos disfrutando de las fresas un par de semanas, así que era predecible que tarde o temprano acabarámos haciendo las deliciosas madalenas de fresa del año pasado y que salieron tan ricas. Lo malo es que nunca, nunca deberían apuntarse dos recetas de lo mismo pero con distintos ingredientes y procesos de elaboración el el mismo papel y mucho menos olvidarse de que hay dos y hacer la primera de ellas directamente. Resultó que la primera receta no era la que habíamos hecho el año pasado y que era un poco más sosa que la segunda, que era la que sí que habíamos hecho y me había entusiasmado. Para cuando me di cuenta de las diferencias ya era demasiado tarde para ciertos cambios, pero sí que llegué a tiempo de darles el toque final (que no venía en la primera receta, pero sí en la segunda) del azúcar y la canela por encima. Me alegro de haber llegado a tiempo, porque es un gran toque.

Como aliciente también teníamos el hecho de que estrenábamos jarra medidora. La semana pasada el medidor habitual, sin saberse muy bien cómo (esta vez no hubo golpes de por medio como cuando la debacle del helado en verano), apareció un día rajado por abajo. Manuel comprobó que no perdía líquido ni nada, pero a mí no me daba seguridad alguna. Así que nos hicimos con esta jarra tan chula (aunque es de plástico) que además tiene la ventaja de que puedes comprobar el nivel de líquido tanto desde el lateral, como en todos los medidores, como desde arriba, sin necesidad de agacharse, retorcerse ni hacerlo mal sujetándolo en las manos al nivel de los ojos para apoyarlo y comprobar que te has pasado o quedado corto. Manuel no se fiaba del todo pero aunque sigue diciendo que tiene que usarla más para evaluarla, yo creo que le convenció y eso es lo que importa, puesto que él es quien se ocupa del 95% de las medidas y los pesos.

Salieron trece hermosas madalenas que aunque ya digo que no tan ricas como la otra vez, desde luego tampoco estaban para hacerles ascos, prueba de ello es que ya la última voló ayer por la tarde (y no fui yo). Y lo mejor de todo es que ahora tenemos la excusa perfecta para repetir antes de que acabe la temporada de fresas y hacer la receta rica-rica. Quizá lo de equivocarnos no nos salió mal del todo...

Así que el domingo las desayunamos entre periódicos y mi lectura actual, que ya dije - y me reitero - que era una delicia. Después un poquito de plancha acompañada de la continuación del ciclo intermitente de Carole Lombard, que sigue en sus inicios con Fast and Loose de 1930 y, pese a estar entre los tres actores destacados, no salía demasiado. La protagonista indiscutible era Miriam Hopkins a la que yo no recordaba pero que resulta que sí que hemos visto aquí y allá. La verdad es que su actuación era brillante y eso que era su primera película.

martes, 15 de febrero de 2011

Otro tipo de telehorno

Ayer a la hora en la que normalmente habría estado hablando aquí de la repostería del sábado, Manuel y yo estábamos en el hospital viendo en una pantalla otro tipo de telehorno. Este va a superar con creces el tiempo de horneado de cualquier telehorno anterior, ya que en principio no estará listo hasta principios de julio.

De momento hemos sido unos vagos y hasta ayer en que confirmaron algo de lo que yo estaba convencida, que era un niño, no nos habíamos planteado ni posibles nombres. ¿Para qué pensar uno de cada cuando puedes concentrar la energía en pensar únicamente el que toca? Ahora toca pensar. Así que sin siquiera nombre, de momento lo único que tenemos es el osito monísimo que la única lectora nos dio por Reyes y que ahora por fin aclaro que no era para nosotros exactamente (aunque a mí no me habría importado lo más mínimo recibirlo como regalo). Eso sí, después de un montón de niños (y muy pocas niñas, de ahí que las apuestas familiares fueran en esa dirección) en la familia ya tenemos un montón de cosas "apalabradas" en préstamo. Y mi madre, mi tía y más afilando las agujas para hacer algún jerseicito. Como las agujas de punto y yo nunca nos hemos entendido, en eso no puedo hacer contribuciones personales más que para pedir a las tejedoras que lazos no, por favor.

Por mi parte no me puedo quejar en lo más mínimo con la excepción de algunas semanas en que tuve el estómago pesado y unas arcadas provocadas por un sentido del olfato ultradesarrollado (hasta el punto de que una vez me dieron arcadas pelando una patata porque me abrumaba el olor, ¡¿cuánto huele una patata (no pocha ni nada) para la gente normal?! Nada de nada) y no demasiadas ganas de comer nada en particular (salvo, en todo caso, queso (ahora se entiende más lo del cheddar, qué pena que tenga prohibido mi queridísimo queso brie) y lentejas, odiadas desde siempre hasta que un día me descubrí pensando en ellas con ganas: sin duda es lo más inesperado que me ha pasado en la vida), y que se notaron un poco en mi completa indecisión a la hora de elegir la repostería de los sábados y hasta en que adelgacé. Eso sí, como yo ya soy de tener sueño casi siempre, hubo días en que Manuel casi no daba crédito a mi capacidad de dormir. Era sentarme en el sofá o cualquier sitio medianamente cómodo y quedarme dormida: si quería leer - y a veces ni con esas - más valía que me sentara en una silla. Ahora no puedo presumir de no quedarme dormida, pero al menos puedo sentarme a veces en el sofá y aguantar un rato despierta, incluso leyendo. Es todo un logro.

Lo del sueño también puede deberse a que, ¡horror!, también tengo medio prohibido el té, con sólo una taza permitida por la mañana. Yo estoy segura de que en Inglaterra el margen debe de ser mayor, pero me he resignado a saborear el té de por la mañana como si fuera un manjar. Echo de menos el té de por la tarde (con la de tés nuevos que me traje de Nueva York y aún no he podido ni abrirlos siquiera; por la mañana soy exclusivamente de Yorkshire tea) aunque me compré uno descafeinado que aún no he probado, lo único bueno que tiene el sacrificio es que nunca antes había disfrutado tanto del ritual matutino del té.

Y así, con mucho queso y poco té, hemos ido recorriendo la mitad del camino (perdón por el vaivén de metáforas telehorno-camino).

Y mañana por fin la repostería del sábado.

domingo, 13 de febrero de 2011

Tarde de domingo

Como tengo un resfriado de esos que apenas te dejan tiempo libre entre estornudar y sonarte todo el tiempo, creo que lo mejor es que le ceda la palabra a Javier Marías, con quien estoy totalmente de acuerdo:

Con razón me considerarán un pesado, pero siempre aduciré en mi descargo la vieja excusa infantil: “Yo no he empezado”. Si la realidad es insistente y pelma, además de con frecuencia imbécil, hay que salirle al paso una y otra vez, porque los que la manipulan son tan tenaces –parece que les sobre el tiempo, o que lo dediquen todo a una sola causa– que, en cuanto nos cansemos quienes les contestamos y dejemos de hacerlo, aquéllos impondrán sus memeces como una apisonadora. Leo en una columna de mi colega Pérez-Reverte que la Junta de Andalucía, a través de sus consejerías de Medio Ambiente, Presidencia, Igualdad y Hacienda –cuatro, nada menos, han de estar bien ociosas–, publica una guía de 71 páginas para propiciar “el conocimiento de la perspectiva ecofeminista y potenciar el lenguaje periodístico desde una perspectiva de género medioambiental”. Al redactor o redactora de semejante galimatías habría que enviarlo de vuelta a la escuela, o, mejor, deportarlo. Bueno, ya pueden imaginar de qué va la guía, apenas distinta de las directrices que hace unos años soltó Comisiones Obreras y de las que proliferan aquí y allá: que no se diga “los alumnos” sino “el alumnado”, ni “actor” sino “persona que actúa”, ni siquiera “futbolistas”, que termina en “as”, sino “quienes juegan al fútbol”. Ya lo saben los periodistas deportivos: en aras de las perspectivas “ecofeminista” y “de género medioambiental”, nada de escribir “Los futbolistas del Barça”, sino siempre, y machaconamente, “quienes juegan al fútbol del Barça”. Amenas crónicas íbamos a leer.
Pero lo mejor ya lo señalaba Pérez-Reverte (no me parece justo que no se enteren los lectores de El País Semanal). A partir de ahora, a la “infancia” andaluza se le escamoteará la famosa frase atribuida a la madre de Boabdil al perder éste Granada en 1492, ya se acuerdan: “No llores como mujer lo que no supiste defender como hombre”. Aquella madre era una machista del copón, y no la disculpan ni la época en que vivió ni que por entonces las mujeres no guerrearan –salvo excepción– ni nada de nada. Así que se censura lo que la leyenda o la poesía popular dicen que dijo, y se sustituye por la siguiente frase, sosa e inexacta a más no poder: “No llores, pues no tienes motivos para ello”. Hombre, motivos no le faltaban, acababa de perder su reino y lo habían largado al exilio, y con él a muchos de sus súbditos. Nada, la guía ni siquiera se ha preocupado de buscar un equivalente más sonoro y lucido: podían haber suprimido lo del hombre y la mujer y haberlo dejado al menos en “No llores ahora lo que no supiste defender”. No sé, lo de “defender” algo les debe de haber resultado sospechoso a las cuatro consejerías, quizá poco medioambiental. (Leer el artículo completo)

Así que ahí os dejo, en buena compañía, mientras yo me voy a pasar un rato rodeada de pañuelos, manta y, lo mejor de todo, mi deliciosa lectura actual.

viernes, 11 de febrero de 2011

Que no sólo de tarta vive una



Últimamente he redescubierto el queso cheddar. Siempre me ha gustado, pero lo tenía abandonado desde hace un tiempo. Eso sí, desde que lo redescubrí hace un par de semanas lo pongo casi hasta en el té (¡he dicho casi!). Si pudiera me alimentaría a base de cheddar (bueno, y de red velvet, vale).

Así que cuando hace unos días había que gastar un paquete de pan de molde antes de que empezara a tener aditivos en forma de moho, ¿qué iba a elegir de complemento si no era queso chedddar? Para desayunar puse el pan en la tostadora, sujeté un par de lonchas de queso en el aire calentito de la tostadora para que se les quitara el frío de frigorífico y, una vez listo el pan, las puse encima, de modo que, sin llegar a fundirse (que no era lo que yo buscaba tampoco) sí que se integraron perfectamente con el pan (aunque en la foto no se aprecia mucho). Fue tal revelación que he repetido más de un día.

Ahora sueño con irme a vivir al pueblo de Cheddar en Inglaterra que, por lo visto, aparte del queso al que dio nombre, también se especializa en el cultivo de fresas (cheddar y fresas... no puede ser mala combinación, habrá que probarla). No puede haber muchos sitios donde se viva y coma mejor. Y por supuesto allí no existe Telefónica (aunque quizá haya otras iguales, pero prefiero ser inocente y pensar que no).

jueves, 10 de febrero de 2011

El timo de la estampita (versión 2.0) (2ª parte)

Efectivamente esta es la inevitable segunda parte de mi entrada sobre el timo de Telefónica. A estas alturas no estoy segura de que no vaya a haber también una tercera parte (como mínimo).

Veamos, me quedé en que una teleoperadora me prometió el oro y el moro en su versión de "sí, sí, damos orden de que esta línea móvil no se active y le recojan su producto en casa". Pues bien, pasaron los días, llegó el jueves pasado y Telefónica no había dicho ni pío. Manuel decidió que no había mejor plan para la tarde que llamar al 1004. Primero lo intentó con la atención al cliente en catalán y la chica que le atendió se negó a decirle el estado de la referencia que Manuel le estaba dando y terminó por colgarle sin más (¡marca de la casa!). Así que me tocó el turno a mí y volví a la atención en castellano, donde me informaron de que la referencia que me habían dado el lunes no era más que una queja. Pues bien, como había tomado el nombre de la individua que me mintió, dije que entonces quería poner una queja contra ella también, por haberme mentido descaradamente. La que me atendía, sin preguntarme el nombre de la compañera ni nada, me puso en espera (de nuevo con esta insoportable música (lo siento por la cantante, que obviamente no tiene la culpa) y que por cierto también sale en un anuncio de Opel que hace que me suba por las paredes) y cuando volvió me dijo que ya estaba. Le pregunté cómo era posible haber puesto una queja contra su compañera cuando no me había preguntado ni su nombre. La chica se dio cuenta de que había metido la pata, me volvió a poner en espera y cuando volvió me preguntó que contra qué compañera quería poner la queja, porque el lunes había hablado con mucha gente (¿en serio? y yo sin enterarme). Así que le dije el nombre de la individua, una tal Mónica Martín y, voilà una mentira más, resultó que no había nadie de los que me habían atendido con ese nombre. Luego, viendo los nombres tan normalitos que te dan todos (no hay ni un apellido extraño, todos son González, López, García, etc.) concluí que ya desde el momento en que descuelgan y se "identifican" te están mintiendo. Estupendo.

Con lo cual pasé de poner una queja más que no iba a llegar a ningún sitio, volví a contar la historia desde el principio, volví a dar todos los detalles del dichoso cacharro y me volvieron a poner en espera para pasarme con móviles. Allí hablé con un tío que me aseguró que hacía la gestión para que la línea no se activara y que me recogieran el módem en un plazo de siete días. Me dio un número de gestión y yo quise pedir garantías de que ese número era de verdad lo que me estaba diciendo que era y no una mentira más. La conversación derivó por la senda en la que el tío se ponía chulito: "¡¿me deja hablar?! Los veinte minutos que llevamos al teléfono no hace más que interrumpirme". Sí señor, le interrumpo porque lo que me dice es a) mentira b) una obviedad que no viene a cuento que me explique porque, a diferencia de usted, no soy imbécil. Muy airoso, me informó de que me colgaba. Pero no colgó ni yo tampoco así que le conté, con el teléfono aún puesto, a Manuel cómo estaban las cosas y el tío, que estaba escuchando, se puso medio histérico a decir que es que yo no le dejaba hablar y entonces sí que colgó. Es que no comprendo la lógica de llamar yo a un teléfono para que me resuelvan una cosa y no sólo no poder quejarme ni pedir explicaciones sino que encima traten de imponerme el tenerles que escuchar sus sandeces, que a lo único que llevan es a hacerme perder aun más tiempo.

Le vuelve a tocar a Manuel: llama y, cargado de una paciencia que sólo puedo calificar de infinita, le pide con mucha calma al teleoperador de turno que por favor no le mienta. Primero comprueba que el tío que me acaba de colgar haya hecho de verdad la gestión que me ha dicho: parece ser que sí. Luego le pide explicaciones de por qué hemos recibido en casa un cacharro que no hemos pedido ni aceptado. El tío le dice que lo aceptamos el día tal de tal cuando llamaron. Mentira, no han llamado nunca. Manuel pregunta que si hay constancia de la llamada: sí, consta en su sistema. ¿Existe una grabación de la llamada por la que el cliente supuestamente aceptó? No (¿será porque no existe?). ¿Entonces cómo pueden confirmar que se ha aceptado? Porque el titular dio su DNI como muestra de que aceptaba (carcajadas: primero porque no han llamado, segundo porque aunque hubieran llamado haciéndose pasar por mi madre o algo no hemos dado ningún DNI en ningún momento). En fin, de nuevo es como darse golpes contra un muro. Casi dos horas después decidimos que ha sido suficiente tiempo perdido con los impresentables del 1004. Con una fe sorprendente, creemos que vendrán a recoger el cacharro de una vez.

El sábado por la mañana llaman de calidad del servicio porque tienen constancia de muchas llamadas y quejas en el 1004 y quieren saber si ya estamos satisfechos. Después de un ataque de risa histérica les informo de que no, que no estoy satisfecha ni de lejos.

Llega el lunes y Manuel me pide que llame para conocer el estado de la gestión. Primer tropiezo: resulta que el sistema informático de Telefónica es tan absurdo como los teleoperadores que lo manejan: por lo visto (por supuesto sé que es mentira) no puedes poner el número de gestión y ver qué sale, sino que tienes que obligar al cliente a que te cuente toda la historia por enésima vez, ponerle en espera quinientas veces, pasarle con veinte departamentos y todo para que en ningún momento nadie, por unas u otras excusas más bien pobres, sea capaz de simplemente decirte el estado de tu gestión.

Pues bien, así fue como acabé el lunes oyendo a un señor de apellido Díaz que me decía que en su sistema no había constancia de que ni Manuel ni yo hubiéramos llamado para solicitar la baja ni la recogida de su estúpido producto (ni tampoco el número de gestión que tengo y que me pregunto si era el número de la lotería del día anterior) y que además la línea móvil estaba activada en modo de prueba desde el día 7 de febrero (estoy segura de que todos los datos que nos pidieron con la excusa de darla de baja en realidad fueron para darla de alta ANTES DEL PLAZO establecido en su carta: otra mentira más). Por enésima vez acuso a su empresa de mentirme porque el sábado sin ir más lejos sí que tenían constancia de todas esas llamadas cuando llamaron del servicio de calidad. El tío pasa a explicarme lo que es un servicio de calidad y me muerdo la lengua todo lo posible para no interrumpirle y que me cuelgue. Cuando ha soltado el rollo le vuelvo a decir que estupendo, pero que si ellos tienen constancia cómo es que él no. Otra vez me explica lo que es el servicio de calidad. Entramos en bucle. Al final decido darle la razón o lo que sea que busque y le digo que me lo tramite él de nuevo y le informo de que no pienso pagar ninguna penalización por quitarme de una permanencia que yo no he solicitado ni aceptado ni firmado. El tío me dice que pasa nota al departamento de bajas y que en un plazo de 48 horas me llamarán. Le digo que me niego a eso, que me pase con ellos de inmediato. No puede: el sistema no se lo permite. Con un superior. No puede: el sistema no se lo permite. Le informo de que ya estoy tramitando la reclamación en consumo (es totalmente cierto) y de que voy a ir a la policía o adonde haga falta y que en cuanto lo tramiten de una vez - si es que eso ocurre algún día - pienso darme de baja de su estúpida empresa. Todo le resbala. Así que tengo que pasar por el aro de las 48 horas que ya han pasado casi y seguimos sin noticias, cosa nada sorprendente a estas alturas porque ya sé que luego no constarán y tendré que volver a empezar y así se pasará el periodo de prueba de la línea y me cobrarán lo que yo no tengo que pagar, etc., etc., etc. Son muy predecibles.

Así que ayer me fui a dejar constancia de forma independiente (ya que ellos con las llamadas y las grabaciones hacen lo que les da la gana) y les mandé un burofax desde Correos. No me cabe duda de que lo ignorarán igual pero al menos ahora no podrán decirme que no consta.

Y así estamos. Con una mezcla de impotencia, incredulidad, indignación y rabia que nunca habíamos conocido. Gracias, Telefónica, por hacernos experimentar nuevas sensaciones.

martes, 8 de febrero de 2011

Dan Mangan

Aunque ahora quieran resucitar los vinilos, creo que ya he comentado alguna vez lo práctica y agradable que encuentro yo la música digital (ya sea en CD o en formato electrónico directamente). Ya sé que los gurús del sonido dicen que no es lo mismo, que se pierde calidad, que ahora la música se produce para escuchar más en cascos que en altavoces y que por tanto se pierde muchísima calidad de sonido, bla bla bla. Como mi oído es tirando a normalito, la calidad del sonido del nuevo formato me parece bien. Además me alegra que mi nuevo descubrimiento musical no esté en vinilo porque si no creo que desde que di con él hace unos días hasta hoy el vinilo ya estaría rayado, gastado y habría saltado como cincuenta veces. A pesar de haber nacido en los ochenta y haber manejado vinilos, creo que fui una adelantada a mi tiempo (dicho modestamente y cosa con la que además no estarían en absoluto de acuerdo los defensores del vinilo) porque nunca, nunca le vi la gracia al invento. Sin duda prefería las casettes.

Y después de esta divagación que no viene nada a cuento, paso a decir que mi nuevo descubrimiento musical se llama Dan Mangan (Manuel es cruel y se parte de risa cada vez que menciono el nombre, pobre chico). Llevo días disfrutando de su música y ayer, cuando lo saqué a pasear en mi iPod, confirmé una vez más que hace honor al título de su disco: Nice, Nice, Very Nice (Bueno, bueno, muy bueno).

Siempre me fijo mucho en las letras (oh, sorpresa) y en eso también puedo decir que Mr Mangan (no mejora así tampoco) tampoco me ha defraudado en eso. Ahora lo que me cuesta mucho es seleccionar una sola canción que dejar aquí de él. Creo que voy a optar por la misma que le puse a Manuel el día que se lo presenté (el primer día que se rió a costa de su nombre): Basket.


(Sí, también encuentro que la foto me distrae. ¿De qué va esa foto? Desde luego no tiene nada que ver con la canción).

Recomiendo pasarse después por YouTube, buscar Dan Mangan y escuchar más cosas suyas. A Manuel acabé poniéndole el disco entero.