El calor es muy, muy malo a la hora de intentar mantener una conversación normalita sobre Jane Eyre: nada erudito ni académico, sólo un comentario de pasada que en invierno hubiera quedado en eso y en verano se vuelve un tanto surrealista.
(Hace un par de noches, viendo Mujeres desesperadas, un intermedio. Manuel en la mesa haciendo cosas en el ordenador portátil, yo repanchingada en el sofá. Los dos cocidos.)
Cristina: bla bla bla... Jane Eyre... bla bla bla...
Manuel: es que tú en eso piensas como Terry Eagleman [nota: el nombre en realidad es Terry Eagleton].
Cristina: jijiji.. ¡Eagleman! ta-ta-ta-ta, ta-ta-ta, tararararará, ta-ta-ta-ta-tá...
Manuel: ¿qué es eso?
Cristina: la música que mi cerebro tiene archivada para superhéroes.
Manuel: pero... no es superman, lo sabes ¿no?
Cristina: ya, es... el Equipo A ¿no? Pero mi cerebro ha buscado "música de superhéroes" y le ha salido esa.
Manuel: tus dos neuronas están muy mal.
Cristina: agotadas y cocidas, las pobres. Qué quieres, no dan para más.
Estoy segura de que hicimos historia: nunca antes una conversación sobre Jane Eyre puede haber derivado en la música del Equipo A. ¿Qué será lo próximo: un inocente comentario sobre Cumbres borrascosas derivando en la música de Las chicas de oro?
viernes, 19 de junio de 2009
Conexiones imposibles
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jueves, 18 de junio de 2009
Sé como la tetera y canta
Una de las cosas que hacía de vez en cuando Vere Hodgson en su diario de la Segunda Guerra Mundial era comentar algunas de las letras de las canciones que ponían en la radio. Y, como era verdad que las letras tenían su gracia, yo nunca podía evitar buscarlas en internet para oírlas.
La que más me gustó fue, sin duda, una cantada por Vera Lynn (que cantó el "himno" por excelencia de la Segunda Guerra Mundial en Inglaterra: We'll Meet Again y que acaba de cumplir 92 años): Be Like the Kettle And Sing (Sé como la tetera* y canta), sólo el título de la canción es buenísimo de por sí. La letra además encaja perfectamente con las órdenes que recibía la población de levantar el ánimo, mostrarse alegre y no venirse abajo. Y lo más sorprendente de todo es que tanto Vere Hodgson como los otros "cronistas" que leí y a todas luces la mayor parte de la población lo hacen sin problemas. Caen bombas por doquier, apenas duermen, la comida a veces escasea, tienen todo tipo de inconvenientes y, sin embargo, antes incluso de la canción de Vera Lynn, todos son capaces de "ser como la tetera y cantar".
When you're up to your neck in hot water
Be like the kettle and sing.
(Cuando estés hasta el cuello en agua caliente
Sé como la tetera y canta.)
* Técnicamente es "Sé como el hervidor de agua y canta", pero así suena mucho peor.
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miércoles, 17 de junio de 2009
Batiburrillo culinario
Batiburrillo culinario, porque eso es lo que es: cosas que se comen y beben sin orden ni concierto y todo porque sé que si las reservo para dedicarles entradas inviduales más de una se quedará en el tintero.
Para poner algo de orden en el caos, o aparentarlo al menos, hablaré de las fotos por su número.
Fotos 1 y 2: ¡peritas de San Juan! De nuevo una de las pocas frutas que me hace gracia. Estas tienen aun más gracia porque igual que Manuel traía - y aún trae, aunque menos - flores los sábados, ahora también aparece con frutas variadas: nísperos, algún albaricoque, ciruelas y estas peritas. Un día me trajo sólo dos peritas y dijo que habría más. Así que el día que trajo estas no me lo podía creer cuando resultó que eran todas las de la temporada (es un peral chiquitito al fin y al cabo). Las saboreé al máximo y con muchísimo gusto. Lo peor de todo es que luego las compradas me resultan de lo más insípidas aunque sean algo más grandes. El siguiente gran acontecimiento - en agosto o por ahí - serán los higos. El otro día compré unas brevas con las que me pasó lo mismo que con las peritas compradas: no estaban mal, pero no tenían tanto sabor como cabría esperar.
Por otra parte, suerte tiene San Juan de tener a su nombre las peritas y la coca, porque si su fiesta fuera sólo acompañada de petarditos me caería bastante mal por muy santo que sea. La temporada de petardos ya está en pleno apogeo y me resulta agotadora. Me paso el día entre sobresalto y sobresalto, por más que sepa que hay niños cerca y que si ha habido uno habrá cien más, yo sigo dándome un susto con cada uno. Ayer la fiesta del petardo fue tan intensa que dentro de casa ¡olía a pólvora! Será que hay que ser de la tierra para verle la gracia...
Foto 3: el primer zumito de limón de la temporada. Quedó riquísimo y tan fresquito es lo que más se agradece. Eso y las mil duchas al día que hay que darse.
Foto 4: el experimento culinario de ayer. La semana pasada tuve un flash culinario de "sausage rolls", salchichas envueltas en hojaldre que serían mi comida preferida en Inglaterra si no fuera por los deliciosos, deliciosos sándwiches de gambas y mayonesa, y me pregunté por qué nunca los había probado a hacer. Miré una receta (receta es demasiado para algo tan sencillo) de la BBC y vi que eran facilísimos. Así que ayer me puse manos a la obra y en un momentito... voilà! Manuel no es tan fan de ellos como yo, así que le gustaron sin más pero a mí me encantaron y decidí que se iban a convertir en habituales. Eso sí, en futuras ocasiones compraré más masa de hojaldre porque ayer tuve que hace el milagro del pan y los peces en versión hojaldre. Pero el caso es que... ricos, ricos.
Y fin del batiburrillo culinario.
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martes, 16 de junio de 2009
Noche de viernes: Brief Encounter (Breve encuentro) (1945)
Técnicamente la conexión literaria de Brief Encounter (Breve encuentro) es un poco tenue, pero el viernes Manuel propuso verla (durante unos minutos creí que iba a proponer ver la adaptación japonesa de Cumbres borrascosas que temo tanto) y yo, que ni lo había pensado, estuve encantada con la elección.
De un tiempo a esta parte, Brief Encounter sale por todas partes y siempre tenía la idea de que me gustaría incluso sin saber muy bien de qué iba a pesar de tantas apariciones.
De Laura Jesson (de la que hablé a colación de Nicola Beauman y Persephone) sabía cosas tan variopintas como: que lleva sus libros de la biblioteca en una cesta y que no sabemos de qué libros se trata, que está interpretada por Celia Johnson, que Celia Johnson y, por extensión, Laura Jesson, tienen la típica nariz respingona inglesa (gracias por la aportación, señor Jeremy Paxman). Y poco más.
La película es tan "compacta" que ahora entiendo por qué yo sabía tan poco de ella. El argumento es muy sencillo y si cuentas un trozo terminas inevitablemente contándolo todo y, sin embargo, no contando nada de nada. Lo que hace que la historia no sea una historia normal ya contada hasta la saciedad son las escenas (lo que puede dar de sí algo tan molesto como que se meta algo en el ojo en las manos adecuadas), la iluminación, el ambiente, los diálogos, la música, la forma en que está contada (parece ser que en esta aceptamos barco y no ponemos caras feas a la voz - por otra parte preciosa de Celia Johnson/Laura Jesson - en off que va contando las cosas).
El final, que por lo visto debería haberlo visto venir, no lo vi venir en absoluto y Manuel, que ya la había visto antes, claro, se rió de mí un poco. Pero es que, si bien la película me estaba encantando, también yo batallaba contra un sueño infernal que me hizo pasar del sofá a una silla y, al no surtir efecto el cambio, de una silla a ponerme de pie para evitar que se me cerraran los ojos porque la película me estaba gustando mucho a pesar de las mil toneladas que me pesaban los párpados. Así que no estaba yo en mi momento más agudo y/o perceptivo. Y quizá es una pena porque Brief Encounter es una de esas películas que, por más veces que las veas, ya nunca serán como la primera.
En fin, una entrada un poco críptica, pero es que no hay duda: Brief Encounter no es para que te la cuenten, hay que verla.
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Etiquetas Cine
lunes, 15 de junio de 2009
Few Eggs and No Oranges, de Vere Hodgson
Por fin, después de tanto oír hablar de él, he leído Few Eggs and No Oranges, de Vere Hodgson, que también ha tenido el honor de ser el primer libro de la editorial Persephone que he leído.
Tengo que poner aquí al lado una foto casera, puesto que las que hay de la portada por ahí son de una resolución horrible y no se ve nada. Y un libro Persephone se merece cuanta más resolución mejor (por cierto que aquí está - en inglés - el porqué del diseño). Así que lo acompañé con algunas de mis réplicas de carteles y folletos de la Segunda Guerra Mundial y listos. Lo que no se ve son las guardas, que son lo que hacen que los libros de esta editorial no sean monótonos: estas son las de Few Eggs and No Oranges.
El título y subtítulos completos del libro en español serían (ojo, no está traducido): Pocos huevos y ninguna naranja. Un diario que muestra cómo las gentes poco importantes de Londres y Birmingham vivieron durante los años de guerra 1940-45, escrito en la zona de Notting Hill de Londres por Vere Hodgson. El título no podía estar mejor elegido: las alusiones a los alimentos y su escasez son muchas, pero en especial, Vere Hodgson siempre está en busca de huevos y naranjas y cuando consigue alguno la alegría es contagiosa. Terrible y divertidísima la anécdota del huevo que alguien consigue para ella y que, al ser tan poco corriente, se le olvida durante un tiempo. Cuando por fin lo recuerda, lo cocina y, cuando lo lleva en la bandeja... ¡pum! se choca con una mesita y parte del huevo se va al suelo y se tiene que conformar con lo que queda de él.
Lo de gente poco importante es verdad hasta cierto punto: Vere Hodgson se esfuerza por contar las cosas de primera mano, pero también de segunda y de tercera y, entre que la información era un bien muy escaso en la época y que lo que mejor funciona es aquello de historias particulares más que generales, lo que se consigue es sin duda una crónica de la vida del londinense de a pie de esos años. Ella misma nunca pierde su casa a causa de una bomba pero, gracias a que habla con casi cualquiera y a su trabajo, conoce a mucha gente que sí y cuenta con detenimiento los detalles. Con ese fin, además, Vere hace una especie de turismo de ruinas en el que parece ser que no estaba sola: cuando se entera de que ha caído una bomba aquí o allá (y durante el famoso Blitz y sus más de 70 noches eso son muchas idas y venidas, con pocas horas de sueño y bastante trabajo que hacer), coge un autobús o camina hacia la zona afectada a curiosear.
Pero también es cierto que no creo que muchos londinenses de a pie hubieran trabajado dando clases en un imponente colegio italiano, cerca de Florencia y hubieran estrechado la mano de Mussolini en los años anteriores a la guerra o hubieran dado clase a su hija Edda y puedan comentar ciertas noticias, sobre todo hacia el final de la guerra, con cierto conocimiento de causa.
Pero eso son recuerdos suyos, porque cuando la conocemos reside en Londres y se ocupa del sector filantrópico de una asociación fundada por una medium más o menos conocida del momento, Winifred Moyes. Ya vi en London Belongs to Me y ahora aquí que durante la década de los treinta y la Segunda Guerra Mundial el espiritismo tuvo mucho auge. Vere nunca comenta demasiado acerca de si se cree o no todo eso, pero queda claro que adora su trabajo que, sin duda, es mucho más mundano y mediante el cual tiene contacto con gente que ha perdido su casa o quiere irse de Londres. El grado de compromiso con el trabajo es altísimo. Durante el blitz, rara es la noche que no se queda en la oficina, que por otra parte está en un piso más bajo que su apartamento, por lo que es más segura, trabajando hasta bien entrada la noche (porque de día ha tenido la libertad de poder ir a hacer sus expediciones), vigilando que no caigan bombas o haya fuego (estaba prohibido que los edificios quedaran vacíos por la noche, puesto que si había alguien dentro vigilando y había fuego era mucho más inmediato empezar a extinguirlo; el gran incendio que hubo en la City y que la allanó y daría lugar a la City tal y como la conocemos hoy en día, fue porque muchos edificios de oficinas no tenían vigilantes nocturnos), cuidando del gato (y anda que no hay gatos en el diario) y de los habitantes de pisos superiores y tratando de dormir unas pocas horas bien en el suelo con su colchón portátil o bien en el sofá mientras caen bombas a lo lejos. Cuando por fin suena la alarma que anuncia que no hay más peligro de bombas, coge sus cosas y, vestida o en camisón directamente, anda los pocos metros que la separan de su apartamento, allí toma un té (importantísimo el té también en el libro; Vere se queja en algún momento de no ser ya capaz de comenzar el día sin un par de tazas) y vuelve a la oficina o a hacer recados. Y así vivieron muchísimos londinenses y otros ingleses de ciudades también bombardeadas: poquísimas horas de sueño, estado de agitación y nervios y continuación de su vida normal como si nada. Vere comenta a veces que se siente muy "de segunda categoría" ese día, pero es impresionante la de cosas que hace - escribir el diario, por ejemplo - y la normalidad con que ella y todos los demás funcionan.
La historia del diario es también curiosa. Aunque ella ya había llevado un diario, por ejemplo, de sus años en Italia, este de la guerra lo empezó, como tanta gente anónima y tantos "seguidores" de Mass Observation, a sabiendas de que era una época excepcional y que merecía la pena dar cuenta de ella. En un principio, lo escribía y, cada cierto tiempo, si los censores de correos se lo permitían (y no siempre era así), se lo mandaba a su prima Lucy en Rodesia (Zimbabue hoy). Pero con el tiempo, más familiares y amigos se fueron sumando y se convirtió en una especie de boletín muy completo: con fotos, recortes de periódicos y mucho más extenso de las seiscientas y pico páginas del que yo he leído (parece ser que la versión publicada es sólo una cuarta parte)). Así que el diario no es un mero diario escrito para sí misma, sino que ya está pensado para informar a otros y por eso sigue siendo muy importante y de gran valor hoy en día. De hecho, se ha utilizado para ilustrar muchos libros sobre la guerra y fue yuno de los autores de un libro de esos quien animó a Vere (que siguió escribiendo diarios hasta poco antes de su muerte en la década de los setenta) a publicarlo en los años setenta.
El diario publicado empieza la noche en la que la guerra de verdad comenzó, es decir, la noche que tuvo lugar el primer bombardeo de Londres. Encontramos a una Vere Hodgson atacada de los nervios por la sirena. Y, como ella comenta en varios momentos, luego demuestra ser - ella y el resto de londinenes - una raza muy adaptable. Para el final de la guerra, cuando lo que cae sobre Londres son bombas v1 y v2, ya no sólo no se pone tan nerviosa sino que es capaz de subir a la terraza (justo el sentido opuesto de lo recomendado, que era ir hacia abajo a sótanos y demás) a ver cómo caen. Y ella misma comenta cómo, cuando a principios de la guerra una bomba sin explotar hacía que se cortara al público un gran tramo, hacia medidados de ella, la gente se salta el cordón el Hyde Park y pasea cerca como si nada.
Seis años de guerra - que se dice pronto - dan para mucho más que bombas: Vere disfruta comentando cada año la llegada de la primavera y las flores que van saliendo. Las expediciones a ver sitios bombardeados a veces se solapan con las visitas al parque a ver las flores sin siquiera cambiar de párrafo. Conocemos a su amiga Kit, que viene de las Islas del Canal y recuerda inevitablemente a The Guernsey Literary and Potato Peel Pie Society (La sociedad literaria y del pastel de piel de patata), a la tía Nellie que pasa muchísimo tiempo haciendo toda la mermelada que puede (era, al fin y al cabo, la mejor forma de preservar la poca fruta que tenían; con excepciones de, por ejemplo, cerezas, que fueron tantas y que la gente estaba tan deseosa de comer que Vere comenta que apenas se podía caminar por Oxford St de la cantidad de huesos que había en el suelo), vemos los viajes en tren a su Birmingham natal a ver a su familia por Navidad y las vacaciones, a pesar de que durante los años de guerra se repetía a la población que no viajara si no era estrictamente necesario, la vemos poner parches a los parches, vemos cómo Vere sigue con reverencia los discursos de Churchill - al que prácticamente idolatra - en la radio, vemos a Vere comentar con diversión la primera vez que ve jugar al baseball en su vida (a unos soldados americanos), la vemos mantener conversaciones profundas sobre el estado de las cosas con gatos y vacas y un largo etcétera de una vida cotidiana que sorprende precisamente por serlo y que está contada sin grandes florituras pero sí con mucha gracia.
El libro llega a ser tan absorbente, tan realista y tan bien contado que, por lo menos en mi caso, hace que pasen cosas raras en la cabeza de una. Dos ejemplos terribles y muy divertidos: un día, andando por la calle, veo un solar y, qué es lo primero que me viene a la cabeza sin ningún género de dudas durante unos segundos: que en ese edificio debía de haber caído una bomba. A lo que sigue un grito interno de ¡¡¡nooooo!!! y cara de asombro ante tal despiste y desubicación. Creo que he aprendido la lección, pero no. Días después anuncian que Obama pasa por Alemania y lo primero que pienso es que hay que ver, ir a Alemania tal y como están las cosas. De nuevo ¡¡¡nooooo!!! interno. Terrible por lo que a mí respecta pero que dice muchísimo a favor de estos fantásticos diarios.
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domingo, 14 de junio de 2009
Flan descentrado
Aunque mirado rápidamente pueda parecer un huevo frito gigante, no lo es: es más bien un flan descentrado. Pero es que una es la primera vez que hace flan y la primera vez que le da la vuelta al molde sobre un plato. Y el flan ha decidido caer ahí y luego se ha aferrado a su esquinita como a un clavo ardiendo. Así que como hay que innovar y flan a secas suena un poco aburrido presumiré de haber hecho ayer "flan descentrado". Al aspecto de huevo frito contribuye el hecho de que no tenga caramelo. Pero es que Manuel y yo coincidimos en no ser grandes entusiastas, así que lo tuvimos fácil para acordar no ponerlo.
Va a ser difícil lo de desengancharnos de los sábados de repostería. Durante toda la semana pasada estuvimos convencidos de que las cookies de colores habían sido el fin de la temporada, pero llegó el jueves por la noche y Manuel preguntó, como quien no quiere la cosa, si tenía alguna idea para el sábado. Claro, a una las dudas ya empezaban a carcomerla y eso fue el golpe de gracia. Pero tenía que ser algo sencillo y, sobre todo, rápido y de no pasar mucho calor. Y se me ocurrió un flan.
Después de que la asesora culinaria asesorase sobre los pros y contras del flan tradicional vs. el flan Potax, concluímos que lo mejor para el primer flan de una vida es optar por los sobres. Le presenté el plan de acción a Manuel y quedó aprobado.
El único triste en todo esto es el horno, que ayer no fue el centro de atención. Lo divertido fue cuando, después de haber echado el flan potencial en el molde (de cristal transparente), me quedé mirándolo y Manuel comentó que le daba la sensación de que eso sería un poco menos entretenido que telehorno. En parte tenía razón, pero agitar suavemente el molde para probar la consistencia cada vez más espesita del flan de vez en cuando mientras se iba enfriando no fue mal pasatiempo tampoco.¿Lo mejor de hacer flan? Rebañar el cacharro donde se ha hecho: un clásico para mí. Manuel no le encontró demasiados alicientes a ese proceso, así que fue más para mí, y yo encantada. Comprobé así que había quedado rico y lo dejamos hasta hoy por la mañana para desayunar (he desayunado té con flan: seguramente uno de los desayunos más estrambóticos de la historia) y bien rico que nos ha sabido, tan fresquito y suave. Realmente en su punto.
Y después ha venido la hora de derretirse, digo de planchar. La película de hoy era todavía de 1939, de Frank Capra, al que voy conociendo más. Otras cosas no sé, pero dos ya me han quedado claras después de ver un par de películas suyas (You Can't Take It With You (Vive como quieras) y Mr Deeds Goes to Town (El secreto de vivir)) : que era un patriota y que defendía el derecho de la gente a no ser uniforme. La de hoy, de 1939, era Mr Smith Goes to Washington (Caballero sin espada), con James Stewart haciendo de senador pueblerino pero íntegro y la fantástica Jean Arthur como secretaria. Recuerda a Mr Deeds Goes to Town (El secreto de vivir) en más cosas que en el título y, según Manuel, es un paso más en el camino cada vez más amargado de Frank Capra. Y es que sí, en esta, hay final feliz, pero muy por los pelos. No te ha dado tiempo a procesarlo y alegrarte cuando sale "The End" y resulta que no te han dejado regodearte en el final feliz después de tanta tensión. Pero bueno, que ha estado muy bien.
Y para acabar comentar un mensaje que me ha llegado de The Book Depository: 1) me ha parecido toda una coincidencia que sólo unos días después de mi entrada sobre el cartel de Keep Calm and Carry On, ellos anuncien en su boletín un libro llamado así que reúne citas y demás para afrontar la recesión y expliquen el origen del cartel. Y 2) que uno de los dos ebooks gratuitos de este mes es muy interesante: City-Lit: London (descargable aquí), que incluye fragmentos literarios de todo tipo de autores sobre todo tipo de aspectos de Londres.
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viernes, 12 de junio de 2009
Si no aguantas el calor, sal de la cocina
Tenemos un gran dilema sobre si tener sábado de repostería mañana o no. Por un lado, eso de tener algo dulce que picar durante unos días es una gozada, pero tener que hacerlo no tanto. Hojearé las recetas en busca de algo rico y fácil y rápido de hacer y a ver si nos decidimos. Lo que está claro es que desengancharnos de los sábados de repostería va a ser más difícil de lo que pensábamos, a pesar del calor. Por cierto que el otro día cuando hablé de los carteles no mencioné este que me pareció ideal para los sábados de repostería: una frase de Harry Truman un tanto sacada de contexto, eso sí: If You Can't Stand the Heat, Get Out of the Kitchen (Si no aguantas el calor, sal de la cocina).
Y la famosa lata es una gozada también: conservó las galletas de maravilla... ¡hasta ayer mismo! Y es que con eso de no verlas todo el tiempo se pica mucho menos. ¡Qué gran compra!
Con lo que no hay dudas es con las comidas de verano. He decidido que cada semana tendrá dos platos fijos: una ensalada y una crema bien fresquitas (la variedad es mayor en las ensaladas, porque en cremas sólo me gustan la de calabacín y el gazpacho, y como las hago yo pues las hago a mi gusto, ¡ja!). Se hacen en un momento, se hace mucha cantidad y duran que da gusto. Soy una fan declarada de los restos de comida y me dan mucha rabia las comidas que son visto y no visto.
He aquí los dos platos de esta semana: ensalada de judías verdes (la primera vez que la hacía y la primera vez que la comía, y qué rica) y gazpacho, como el año pasado aunque no con tomates propios que hay que gastar de forma inmediata.
El otro día, cuando hacía este, que tiene el honor de ser el primer gazpacho de la temporada, me acordaba, sobre todo por el olor, al más estilo Proust y su madalena, del verano pasado, me reía yo sola acordándome de nuestro gazpacho cargado de ajo. Y no alejaba la receta de mi vista porque aunque el año pasado hice tantos gazpachos que ya ni la necesitaba este año lo único que recordaba era que llevaba tomate y que no me podía pasar con el ajo.
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