Ayer volvimos de Madrid tan cargados que casi tenemos que llevar los libros que traíamos como esta escultura que el domingo nos recibió en el Retiro.
Mejor no detenerse demasiado en la nunca agradable ruta turística por la T4 que Iberia siempre se empeña en organizarnos: siempre nos mandan de acá para allá, de mostrador en mostrador y nunca nadie sabe nada; ayer en uno de ellos al que acudimos porque era el que salía en nuestra información de vuelo en las pantallas un señor nos informó de que sí, que íbamos a ir en un vuelo compartido con lo que él facturaba, que nuestras maletas iban a ir con las que él estaba facturando, que íbamos a entrar al avión por la misma puerta de embarque que la gente a la que él estaba atendiendo (y de hecho luego fue él quien me cogió la tarjeta de embarque para subir al avión) pero que nuestro mostrador de facturación era otro ("otro" literalmente, no dio más información) y allí teníamos que ir. Debía de pensar que si nos facturaba él en su mostrador para ir en el mismo avión que el resto de la gente a la que estaba atendiendo se iba a acabar el mundo: los trabajadores de Iberia son tontos (generalizo porque ellos generalizan conmigo), pero con unas ínfulas que ni Einstein.
Pero locuras de Iberia aparte el viaje nos ha cundido mucho, sobre todo, como siempre, en lo que se refiere a comer y a comprar. A las 24 horas de haber pisado Madrid estábamos tan llenos que la única lectora no se lo podía creer cuando anunciamos que estábamos decididos a cenar lo mínimo posible (ya que quedar con alguien para cenar y dejarla cenar sola no es una opción). Y como le dijimos, de todas las tiendas en las que entramos el sábado sólo conseguimos salir de una sin comprar nada.
Así que he aquí lo que la única lectora predijo cuando vio por dónde iban los tiros de todas las compras: "así que el martes tendremos foto del montón de libros en el blog".
Pero antes de los libros comento que lo que se ve a su lado en la foto es ¡por fin! una estupenda lata para pasteles comprada en Living in London. Había incluso varios modelos para elegir. Menuda sorpresa nos llevamos. Eso sí, como no es pequeña precisamente, su estreno, en lugar de con un bizcocho, ha sido llevando libros dentro. De Living in London, de la parte de salón de té, también nos trajimos un botecito de clotted cream. Eso sí, nos dio pena ver que para hacer hueco para más mesas han reducido el espacio de venta de productos.Y ahora los libros. Por supuesto antes de ir a Living in London nos dimos una vuelta por Pasajes. Y a eso hay que sumarle una visita a la Casa del Libro y la visita ya anunciada a la Feria del Libro:
(Empezando por arriba en el montón de la foto)
- Some Country Houses and Their Owners, de James Lees-Milne. Pertenece a una tentadora colección de Penguin llamada English Journeys. Todos los que vimos tenían muy buena pinta, pero al final me decanté por este. Una dosis de ingleses excéntricos nunca viene mal.
- Ni d'Ève ni d'Adam, de Amélie Nothomb. Mis preferidos de Amélie Nothomb son sus libros autobiográficos y este lo esperaba en tapas blandas desde hace siglos. Lo dejaré para más cerca de París para ver si logra quitar algo de óxido a mi francés.
- Some Tame Gazelle, de Barbara Pym*. En Pasajes tenían varios de Barbara Pym y terminé decidiendo cuál llevarme por el estampado (al fin y al cabo sé que voy a leer más suyos), que no es el que aparece en el enlace.
- Negra espalda del tiempo, de Javier Marías. Era de esperar que no me atreviese a preguntarle a Javier Marías por lo de Muchachada Nui, así que hablé con él de algo mucho más convencional: futuros nuevos lanzamientos suyos de ficción, con momento sordo-surrealista de por medio. Y me firmó los dos libros que conseguimos literalmente con el sudor de nuestras frentes, porque una vez en la caseta donde firmaba vi que los (pocos) que allí tenían a la venta o ya los tenía o eran recopilaciones de artículos que - por mucho que me guste leerlos cada domingo - no me llaman tanto la atención. Así que tuvimos que ir deprisa y corriendo a por provisiones.
- Cuando fui mortal, de Javier Marías. También firmado, también relatos cortos.
- The Children's Book, de A. S. Byatt (conocida** por Possession (Posesión) y la película correspondiente). ¡La gran sorpresa de Pasajes! Tenía este libro en mi wishlist desde hace meses, mucho antes de que se publicase. Y tenía pocas esperanzas de conseguirlo al poco del lanzamiento, puesto que suponía que o no lo traerían directamente o lo traerían en tapa dura que costaría un ojo de la cara y me haría esperar a que saliera en tapa blanda. Pero allí estaba en Pasajes, en la mesita de novedades, que miré una vez sin verlo, menos mal que miré por segunda vez, en tapa blanda y tamaño tapa dura y a un precio de lo más razonable. Con este no hubo dudas.
Y por si seis libros y una enorme lata no eran suficientes hay que sumarles toda una serie de objetos dispares que viajaban en la maleta que hubieran hecho las delicias de cualquier inspección de maleta por lo variopintos e inconexos que eran.
También una mención especial - sintiéndolo mucho - a cómo mucha gente de las casetas de la Feria del Libro cada vez tiene menos idea de lo que vende. Me pasé por la caseta de Galaxia Gutenberg para ver si eran capaces de darme una fecha más concreta para la publicación del segundo tomo de las Obras completas de Carmen Martín Gaite y esta fue la conversación:
- Veo que no lo tenéis aquí todavía, pero ¿me podrías decir cuándo sale el segundo tomo de las Obras completas de Carmen Martín Gaite?
- Sí, aquí lo tienes.
- No, este es el primero, yo te preguntaba por el segundo.
- Ah, pues el segundo tardará, porque este acaba de salir...
- No, este salió hace ya un año, porque yo lo compré aquí el año pasado [técnicamente no fue exactamente así, pero para el caso era igual].
- Ah, pues entonces estará ya a punto de salir.
- ...
Hubo conversaciones del estilo en las dos casetas por las que pasamos para comprar los libros de Javier Marías.
Y me reservo para mañana otra cosa relacionada con la Feria del Libro, que a pesar de los dependientes sin mucha idea siempre da gusto visitar, a pesar del calor y de las aglomeraciones.
*Hoy es el cumpleaños de Barbara Pym (1913-1980), por cierto, pero como el sábado no hubo repostería, la pobre se quedó compuesta y sin tarta. También cumple años hoy Thomas Hardy (1840-1928) y tampoco tiene tarta.
**A. S. Byatt también es la hermana de la también escritora Margaret Drabble, aunque al parecer no se llevan muy bien entre ellas. Hace unos meses me reí mucho - mala que es una - con este artículo donde se cuenta que Byatt se molestó mucho cuando se enteró de que Drabble había escrito sobre un juego de té de la familia sobre el que ella también tenía pensado escribir (eso no pasa en cualquier familia, desde luego). También se aclara que ninguna de ellas lee los libros de la otra.
martes, 2 de junio de 2009
Con los libros en la cabeza
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viernes, 29 de mayo de 2009
Geografía literaria
De nuevo volvemos a Madrid durante unos días. Esta vez, para que nadie se moleste, diré que hay mucha gente a la que ver.
Pero, para seguir en mi línea, comento también que hay muchas cosas que hacer, como la ruta Pasajes-Living in London. Y sobre todo - SOBRE TODO - la visita de rigor a la Feria del Libro. Creo que el año pasado fue el primer año en muchísimos que me la perdí y eso no puede ser. Así que este año es visita obligada.
Hace unas semanas leía este artículo escrito por el autor del blog dedicado a Carmen Martín Gaite. Bien es sabida la pasión de Carmen Martín Gaite por la Feria del Libro; ahora tiene hasta pabellón a su nombre. Me gustó esto:
Carmen Martín Gaite se convierte en una incondicional de la Feria del Libro, que le proporciona el contacto con sus lectores:Yo no presento mis libros, no voy a la televisión, no tengo ni agente literaria, pero llevo escribiendo novelas desde que tenía veintipocos años y ya va lloviendo agua desde entonces. Y ahí está, y forma cuerpo, y los jóvenes, atraídos quizá por el último título, buscan luego el anterior, los otros, para internarse en ese espacio compacto y único.
Así es como funciona, efectivamente.
Según Galaxia Gutenberg el segundo volumen de sus Obras completas está al caer (finales de mayo, principios de junio, me parece extraño que no sean capaces de concretar más) aunque he preguntado en alguna librería y no tienen noticias de que les vaya a llegar tal volumen pronto. Como parece que tienen caseta propia veremos si in situ tienen más idea. Lo lógico sería venderlo en la Feria del Libro.
En fin, así que iremos a explorar las casetas, bajo el sol de justicia o bajo el diluvio universal, en la Feria del Libro no suele haber medias tintas. Y por supuesto - POR SUPUESTO - el domingo de 12 a 2 pasaremos por la caseta 287 para que el señor Javier Marías me firme algún otro libro (ya tengo dos firmados, es un clásico de la Feria del Libro). Si me diera menos corte le preguntaría por lo de Muchachada Nui o incluso por los famosos crispies, pero sé que no lo haré...
Lo que es seguro es que traeremos nuevos habitantes para la estantería. (Y curiosamente yo no me aplico eso de "viajar ligero": no he tenido otra ocurrencia que ir a coger el libro más gordo de Persephone para ir de viaje).
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jueves, 28 de mayo de 2009
Anne Brontë, o anécdotas alrededor de una tumba
Hoy hace 160 años de la muerte de Anne Brontë en Scarborough. Son un título y un principio de entrada terriblemente deprimentes, pero me dan pie a hablar de la hermana Brontë menos conocida y de lo injusto que es precisamente eso.
A Charlotte le espantaba el tema tratado en The Tenant of Wildfell Hall (La inquilina de Wildfell Hall) y mientras estuvo en sus manos después de la muerte de Anne, dejó el libro aparcado. Tampoco se interesó mucho más por Agnes Grey, que tampoco es del todo convencional, pero sí un poco más apacible. Así que en esos primeros años clave, Anne quedó como la segundona sin merecerlo. Y no fue hasta décadas después cuando se comenzó a reivindicar y valorar su obra. Pero incluso a día de hoy la gente tiende a considerar que Charlotte y Emily eran las autoras buenas y Anne la mediocre, normalmente sin haber leído a Anne (o incluso a las otras dos). Aunque así fuera eso no sería precisamente malo, pero es que no es así. Anne se arriesga mucho más que las otras dos y demuestra que no es solamente la chica "dulce" que siempre nos suelen pintar.
Para colmo, Anne es la única que está enterrada fuera de la cripta familiar, a kilómetros de ella, de hecho, en la ciudad costera de Scarborough. Fue allí acompañada por Charlotte y una amiga confiando en que el aire marino le hiciese bien y allí se quedó. Del sitio donde se alojaron ya no queda nada, en su lugar se levanta el grandioso y un pelín decadente (al menos lo que se ve cuando te "cuelas" para ver las vistas desde su enorme terraza) Grand Hotel.
Nosotros hemos visitado la tumba un par de veces. Lo malo de la segunda fue que cogimos la ruta "mala" y dimos un rodeo por la parte cutre playera de Scarborough que nos dejó sin habla. Scarborough es bonito hacia el norte, pero más bien tirando a cutre hacia el sur (al menos hace dos años). Eso sí, en la parte de la bahía sur, pero un poco alejado del mundanal ruido hay unas olas impresionantes, espectaculares y una pequeña colina verde a la que es probable que Anne dedicase un poema.
La tumba de Anne está en lo alto de otra colina mayor, en el otro extremo, con sólo el castillo por encima. Y las vistas - de no ser por el trozo del cementerio reconvertido en aparcamiento - son espectaculares. Salvo por el aparcamiento es un cementerio típicamente inglés: muy verde, con bancos y por donde extrañamente gusta pasear e incluso hacer picnic (¿qué pasa? no éramos los únicos) y con otra zona reconvertida en zona aun más verde, con las lápida reubicadas en forma de S sin ton ni son. Anne es la estrella, por supuesto. Y además su "zona" tiene un ambiente especial (no hablo de ambiente sobrenatural ni nada, es sólo que es muy agradable).
Las dos veces que hemos ido hemos visto la tumba de forma diferente. La primera tenía unos ladrillitos alrededor y la segunda habían eliminado los ladrillitos con el fin de dejarla como al principio. La lápida se cae a trozos y la Brontë Society debate con pocas ganas y desde hace años cuál sería la mejor solución antes de que acabe tan prácticamente inexistente como las que la rodean. Probablemente llegarán a una conclusión cuando no haya nada que conservar. Es una lápida curiosa, puesto que dice que Anne murió con 28 años en lugar de con 29. Cuando Charlotte la visitó de nuevo años después, encontró en la lápida cinco errores; lo que no se sabe es si el de la edad era uno de los cinco que se corrigieron o si de hecho sería el sexto.La primera vez que estuvimos habían esparcido las cenizas de alguien sobre la tumba, lo que me da mucho, mucho repelús. ¿Quién le dijo a esa persona/familiar que Anne Brontë deseaba compartir su espacio? Ya sé que no se entera pero... ni que su propia tumba fuera una especie de autobús o algo. Terrible. También había una nota de alguien, no la leímos y me pareció un gesto mucho más apropiado.
La segunda vez estaba llena de una planta preciosa de la que conozco el nombre y todo y que ese verano parecía estar por todas partes en Inglaterra: los pendientes de la reina. Extraño cómo hacían aun más agradable la visita a la tumba.
¿Conclusión de esta entrada un poco sin dirección? Que Anne puede ser menos conocida (o visto desde un punto de vista mucho más positivo se podría decir que es sólo para connoisseurs) pero sale ganando en vistas (el resto están juntos sí, pero debajo de un montón de cemento bajo una iglesia que nunca conocieron y sin que nadie pueda visitarlos "de cerca").
No puede ser de otra forma: esta entrada hay que oírla con Scarborough Fair de Simon & Garfunkel de fondo.
Are you going to Scarborough Fair
Parsley, sage, rosemary and thyme
Remember me to one who lives there
She once was a true love of mine
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miércoles, 27 de mayo de 2009
Jane Eyre, el musical
El viernes fuimos a ver Jesucristo Superstar y no conseguimos ponernos del todo de acuerdo en quiénes nos parecían mejores cantantes y quiénes no, pero sí que concluímos que el montaje - sobre todo después de haber visto Sweeney Todd en ese mismo teatro poco antes - no eran gran cosa.
Pero yo no venía a hablar de Jesucristo Superstar sino de otro musical que me rondaba la cabeza para una entrada desde hace ya semanas.
Existe un musical de Jane Eyre (que yo nunca pude ver en vivo y en directo) y me encanta. Lo bueno del asunto es que, supongo que como toda la música, va por modas y hay épocas en que no puedo dejar de oírlo (normalmente empujada por alguna lectura o evento, como en este caso Jude Morgan) y otras en que me sigue gustando pero no lo oigo casi. Lo que es seguro es que si lo pongo una vez, lo pondré muchas más antes de dejarlo "hibernar" de nuevo.
Curiosamente, cuando tenía pendiente escribir esta entrada descubrí otra razón por la que adorar a Alanis Morissette. Jane Eyre el musical estuvo en Broadway pero tuvo un éxito modesto tirando a flojo (aunque tuvo varias nominaciones a los premios Tony). Parece ser que Alanis es amiga de uno de los "padres" del musical, Paul Gordon, y que cuando se enteró de que el musical tenía fecha de salida, Alanis compró entradas por valor de 150.000 dólares que luego repartió entre organizaciones benéficas y demás y consiguió así prorrogar el musical unos días y llevar al teatro a gente que normalmente no habría podido ir. (Me enteré aquí y esta caricatura me hace partirme de risa).
A mí el musical me parece muy, muy bueno y me encanta que hayan logrado colar frases textuales de la novela en la letra. Como la mayoría de las adaptaciones cambia un poco la segunda parte de la historia, pero en este caso poco importa.
Y me dejo ya de palabrería, que a lo que venía yo era a poner una de mis canciones preferidas del musical (aunque me cuesta mucho elegir). Secret Soul, cantada en el año 2000 antes del estreno en el famoso Broadway on Broadway (concierto en la calle donde cada año se presentan los musicales de Broadway de la temporada).
Y aquí está - con escenas de la miniserie de 2006 - en la versión del disco. Me encanta la canción entera, pero a partir del minuto 2:00 ya me parece fuera de serie.
Pero eso no es todo. Antes de llegar a Broadway, el musical debutó en Toronto y allí también se publicó un disco con las canciones. Como pronto fue difícil de encontrar, los productores decidieron permitir que se colgara en internet y que cualquiera lo pudiera escuchar, así que si alguien siente curiosidad aquí lo tiene y es legal. Es un poco distinto del de Broadway - personalmente prefiero el de Broadway, pero quizá sea porque lo oí primero - pero da una idea general aproximada. Jane Eyre está interpretada por Marla Schaffel en ambos casos, eso sí, pero Rochester, por ejemplo, sí que cambia.
Me gusta mucho el musical, pero también me gusta mucho el buen ambiente que hay detrás (el gesto de Alanis, el gesto de los creadores de compartirlo...). Oídlo.
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martes, 26 de mayo de 2009
Shakespeare: The World as Stage, de Bill Bryson
Ya era hora de leerlo por fin, porque Shakespeare: The World as Stage, de Bill Bryson llevaba esperando su turno desde mi cumpleaños hace ya cerca de un año, pero cuando no era por una cosa (en el viaje a Nueva York me había llevado un libro de Bill Bryson y me gusta espaciar los libros del mismo autor) era por otra (un libro dejaba paso a otro y por un motivo u otro nunca quedaba hueco para este). Pero el otro día me puse seria conmigo misma y lo saqué por fin de la estantería. A pesar del tiempo transcurrido siempre me ha apetecido mucho leerlo.
Y por suerte no me ha defraudado lo más mínimo. Salvo por el pequeño roce que Bill Bryson y yo tuvimos con Neither Here Nor There siempre solemos entendernos de maravilla. Escribe de forma amena, entretenida y, cuando la ocasión lo requiere, incluso divertida y es de esa gente que es capaz de convertir el tema más árido en algo muy vívido. Claro que la vida de Shakespeare no es nada árida, pero yo siempre agradezco que los autores sepan prescindir del lenguaje académico. Y es que de hecho esta biografía de Bill Bryson está escrita para cualquier ciudadano de a pie, es muy breve, muy directa, no se va por las ramas, cuenta lo imprescindible (con alguna que otra curiosidad irresistible tanto para el autor como para el lector) y está muy bien contada.
Bill Bryson comenta desde el principio que su biografía va a centrarse única y exclusivamente en lo que se sabe de Shakespeare con certeza, de ahí que la biografía no llegue a las 200 páginas. Especulaciones y teorías hay muchas pero las pruebas y los hechos escasean. Empieza por ejemplo, mirando los tres retratos que con más seguridad están más cerca de ser auténticos - porque hay bastantes más - (1, 2, 3; el dudoso 4 salio a la luz después de la publicación del libro) y demostrando que o bien no se puede afirmar que sean de Shakespeare o bien sí pero son muy malos. Continúa diciendo que existe muy poco del puño y letra de Shakespeare (ninguna obra, ninguna carta), entre otras pocas cosas sólo seis firmas y curiosamente ninguna de ellas escribe el nombre como lo escribimos actualmente. Ni siquiera se sabe a ciencia cierta cómo lo hubiera pronunciado él o si en Londres y su ciudad natal de Stratford se pronunciaría de forma diferente (tanto la ortografía como la pronunciación estaban en pleno proceso de desarrollo en ese momento y eran muy variables; Shakespeare no era el único que variaba a la hora de escribir su nombre). Y eso es sólo la superficie, pero un patrón que se repite durante toda la vida de Shakespeare: nada queda claro y cualquier cosa da pie a otro misterio más. Como dice Bill Bryson, Shakespeare es el equivalente literario de un electrón: siempre está y nunca está (aunque Manuel, sin entrar en detalles, me dejó caer cuando se lo comenté que Bill Bryson no ha terminado de entender la teoría, y sería de esperar que sí después de haber escrito A Short History of Nearly Everything (Una breve historia de casi todo)). Así que como ese símil lo tenemos en tela de juicio me quedo con otro que aparece también en el libro y que es mucho más poético: que Shakespeare nunca deja de ser una sombra en su propia biografía. Aunque en realidad resulta que se sabe mucho más de él que de muchos otros autores de la época.
Es increíble y muy, muy ameno cómo Bill Bryson nos va acercando a Shakespeare (lo máximo que puede acercarnos, que no es mucho) mediante un pequeño aunque importante "rodeo" a través de la sociedad isabelina en general, Londres en particular y el mundo del teatro más en particular aun. Todo ello fascinante y plagado de anécdotas increíbles. El Londres de la época era radicalmente diferente al que conocemos hoy, con murallas y un Támesis que fluía con libertad, acechado siempre por la plaga y otras enfermedades. Sirva de ejemplo tanto para Londres como para la sociedad de la época el decir que en la antigua Catedral de San Pablo había casi de todo menos servicios religiosos: mientras el cura (que era protestante, claro) intentaba seguir con lo suyo, en la iglesia había mendigos, puestos ambulantes, gente haciendo fogatas, niños jugando a la pelota... En fin, que lo de Jesús y el Templo no se limita a los tiempos de la Biblia.Y el teatro, claro, era también otro mundo del que se conoce muy poco y casi siempre gracias a turistas que pasaban por Londres y comentaban lo que habían visto. De haber sido por los propios londinenses del momento sabríamos menos aun. La reconstrucción nueva de The Globe - el teatro de Shakespeare - en Londres se basa en descripciones de otros teatros de la época y aunque The Globe se describe como una "gran O", de ahí que la reconstrucción sea redonda, resulta que en la época no sabían curvar la madera por lo que lo más probable sea que fuera un polígono de muchos lados. También resulta que la reconstrucción no está exactamente donde estaba el teatro (que se quemó incluso antes del Gran Incendio de 1666). Yo sólo lo he visto por fuera (y he aquí una foto de nuestra última visita) pero Manuel sí que ha visto alguna obra dentro. Yo entraría encantada de no ser porque las entradas asequibles exigen pasar toda la obra de pie y las que permiten sentarse cuestan un ojo de la cara.
Todo el libro está muy bien (las anécdotas sobre los investigadores y sus investigaciones sobre Shakespeare son buenísimas también) , pero quizá lo más divertido al más puro estilo Bill Bryson sea el último capítulo, donde se trata el tema de la autoría (cuya entrada en la wikipedia, en inglés, acaba de engancharme durante más tiempo del que debía; en español también está pero mucho menos completa). Ahí Bill Bryson no se corta un pelo y se ríe de todas las teorías, unas más alocadas que otras, sobre el tema. Una frase que vendría a resumir cualquier intento de robarle a Shakespeare su propiedad intelectual sería la que Bryson aplica a una en concreto: "esta teoría sería excelente de no ser por la falta de pruebas que la corroboren". Y es que yo estoy con Bill Bryson y los defensores de Shakespeare como Shakespeare. Qué manía tan tonta eso de pensar que por ser de origen humilde (y en realidad no tan humilde) no pudiera necesariamente haber escrito obras como Hamlet o MacBeth. Así que los anti-Stratfordianos se dedican a buscar a gente, cualquiera con tal de que no sea el que ellos llaman despectivamente "el hombre de Stratford", a la que encasquetarle las obras de Shakespeare. En fin, que para una vez que no hay un misterio, van estos y se lo buscan. Como si no hubiera suficientes misterios en la vida de Shakespeare o en su obra (¡los sonetos! ¡qué intriga!).
Bien por Bill Bryson y bien por el misterioso e interesantísimo William Shakespeare.
EDITADO para añadir: que el libro se ha traducido y está a la venta desde el 3 de septiembre de 2009 como Shakespeare, editado por RBA. ISBN: 9788498675993.
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domingo, 24 de mayo de 2009
Tarta de queso y chocolate
Ayer fue otro sábado de repostería de calor pero ayer tuvimos un poco más de miras y optamos por un postre frío: tarta de queso y chocolate, receta sacada del libro del chocolate. La pena fue que la tarta pasa primero por el horno, luego hay que dejarla que se enfríe sola y luego hay que dejarla mínimo tres horas en el frigorífico así que no pudimos hacer la tradicional cata nocturna, sino que tuvimos que esperar a esta mañana, al desayuno.
Y la tarta ha quedado rica - aunque muy poco parecida a las fotos del libro, la verdad, a lo que sí se parece es a la Nocilla de dos colores, pero en sabor aseguro que no - pero también muy, muy, MUY contundente. Aparte del chocolate lleva la enorme cantidad de 750 gramos de queso cremoso, es decir, casi cuatro cajas de queso Philadelphia. Y se nota. Así que a estas alturas queda más de la mitad, pero da gusto comerla con el calorcillo que hace.Se la dedicaría a mi padre, que para eso ayer fue su cumpleaños, pero es que diría yo que la tarta de queso no le hace mucha gracia...
Por otra parte hoy tenía bastante plancha y eso sumado al calorcete no habría sido un trago de gusto de no haber sido por la fantástica película de hoy. Poco conocida, creo, pero de mis favoritas de entre las que hemos visto (y eso que todas me han gustado): Bachelor Mother (Mamá a la fuerza), con Ginger Rogers - que apenas baila - y David Niven. Acabo de ver que en YouTube está en varias partes en inglés, sin subtítulos y - oh sacrilegio - coloreada. Pero como la historia está tan bien la recomiendo en cualquier caso. Nosotros, por suerte, la hemos podido ver en blanco y negro, que es como se debe ver. Y, pese a las muchas risas, se nos han puesto los pelos como escarpias cuando en una escena celebran la llegada del año nuevo 1939 con toda la alegría del mundo (claro que a los americanos aún les quedarían unos cuantos años de no-guerra). Y sí, por fin hemos dejado atrás 1938 (aunque dice Manuel que volveremos, porque hay películas que no hemos incluido en el ciclo y que sin embargo merecen verse como notas a pie de página) y estamos en 1939, que ya comenté que se considera el mejor año del cine (americano, supongo). Para mí desde luego ha empezado con muy buen pie.
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viernes, 22 de mayo de 2009
The Enchanted April (Un abril encantado), de Elizabeth Von Arnim, o en defensa de los Rufinitos del mundo
The Enchanted April (Un abril encantado), de Elizabeth Von Arnim ya no tiene derechos, está disponible en inglés en sitios como el proyecto Gutenberg. Y no sé en Inglaterra, pero aquí es imposible encontrarlo en ninguna librería en inglés (y creo que en español también, porque parece que está descatalogado), lo sé porque lleva bastante tiempo en mi lista de los más buscados. Y aunque de segunda mano sí que se podía encontrar por internet nunca me decidía.
Antes de tener a Rufinito descubrí que estaba disponible y que, sin embargo, yo no podía leerlo porque soy incapaz de leer demasiado en la pantalla del ordenador (quedaos con esto, será útil un poco más adelante). Imprimirlo no era ni tan siquiera una opción. Así que había dado por fin con el libro y no tenía forma de acceder a él. No tenía mucho sentido.
Entonces llegó Rufinito y abrió las puertas a millones de libros que no tienen derechos, que se pueden descargar legalmente porque no le estás quitando el pan a nadie y los puedes leer tan cómodamente, en el sofá, en la cama, en el autobús, en el parque. Y entonces, con Rufinito en casa, empecé a leer artículos apocalípticos y desinformados en la prensa, como por ejemplo hace tan solo unos días. Del artículo me quedo con la frase del señor de Google cuando dice que "Muchos se van a quedar en el camino si no se adaptan". Collado pide que el mundo editorial se mire en el espejo de las discográficas y el cine. "Deberían aprender de lo que ha ocurrido con esos sectores. Internet ya no es la jungla que hundió esos negocios, ha cambiado. Ahora se abren muchas oportunidades de negocio"." Y el mundo editorial está atrincherado, abrazando sus saquitos de monedas de oro (es un tanto un decir en los tiempos que corren, pero bueno) cerrando los ojos y deseando con todas sus fuerzas volver al siglo pasado, que Google deje de digitalizar libros, libros de los que luego cuelga fragmentos en internet si aún tienen derechos, fragmentos que permiten al lector cómodamente y desde casa hacer el gesto que haría en cualquier librería, hojear el libro para decidir si lo compra o no. Vamos, que las editoriales y demás están defendiendo el modelo virtual de los odiosos libros con plástico mientras que tratan de convencernos que los "libros sin plástico" son un asalto a sus intereses, una puerta abierta a la piratería porque los libros los tienes que comprar a ciegas, aunque uno normalito te cuesta ya más de 20 euros. Interesante postura que no creo que les traiga los resultados que esperan.
Así que en vez de ponerse al día lo que hacen es mirar hacia atrás. En el mundo anglosajón sigue habiendo relativamente poca gente que tiene un Rufinito y sin embargo sus textos sin derechos están en internet casi desde que internet existe y antes de que los lectores electrónicos fueran conocidos. Y aquí conocemos los lectores electrónicos, presumimos de "Siglo de Oro", de Larra, de Benavente, que ya no tienen derechos y sin embargo hay que pagar para tener sus libros en papel, colocarlos en la estantería, estudiarlos en el colegio (que es cuando la mayoría lee esos libros) y arrumbarlos en cualquier rincón para los siglos de los siglos. Desconozco si esos autores que he mencionado tienen sus textos digitalizados, son un mero ejemplo de que digitalizar un texto no es quitarle el pan al autor, sobre todo si el señor que escribió el texto hace décadas que no puede comer pan. Tampoco a las editoriales, puesto que pueden hacer ediciones críticas y completas que contengan más que el simple texto.
Sobre los actuales me voy a callar porque de momento me centro en obras sin derechos, pero obviamente pienso que a las editoriales les va a pillar el toro y que cuando se quieran dar cuenta y abran los ojos alguien les va a haber ganado un terreno que ahora desprecian y dentro de unos años, quién sabe, puede estar pavimentado si no de oro sí de bronce, por ejemplo. Luego se lamentarán.
Pero las editoriales no son las únicas que no se enteran demasiado. He leído a mucha gente que dice que los libros electrónicos no les gustan porque no les gusta leer en una pantalla. Cuando leo ese tipo de opiniones me vienen inmediatamente a la cabeza dos preguntas: 1) ¿cuántos libros lee esa persona al año (si es que lee alguno)? 2) ¿Ha tenido en sus manos un lector electrónico alguna vez y ha visto cómo funciona? Sobre la primera prefiero callarme mis sospechas y sobre la segunda estoy bastante segura de que la respuesta es "no". He dicho antes que no me gusta leer (leer-leer, quiero decir) en la pantalla del ordenador y sin embargo queda patente que adoro a Rufinito. ¿Será porque, oh sorpresa, leer en un lector electrónico NO es como leer en una pantalla?
En fin, que podría seguir ad infinitum porque veo que como siempre se habla y se habla sin saber nada del tema, ni de oídas siquiera.
Así que yo continúo reivindicando el hecho de que Rufinito es "igual" que un libro de papel y no su archienemigo, que esto se empieza a parecer a cuando pensaban que la televisión y el vídeo iban a terminar con el cine o el teléfono móvil con el teléfono fijo o el telediario con la prensa escrita. A ver cuándo empezamos a asumir que el libro de papel no se va a terminar con el lector electrónico, sólo lo va a complementar. Son distintos, pero ambos permiten lo que debería ser el objetivo tanto de lectores como de editoriales como de autores: leer cómodamente. Incluso acompañar la lectura como debe ser, con un buen té:
Y como defensa final de Rufinito, una cosa puntual: odio cuando me estoy terminado un libro y tengo que salir, me "angustio" pensando que se me va a terminar el libro en el trayecto y o bien me doy una panzada de leer para terminarlo antes o bien pululo por la casa haciendo cualquier cosa para no seguir avanzando y reservar más para el trayecto. Pues bien, eso es un problema que Rufinito no tiene, puesto que puedes meter montones de libros, casi para el resto de tu vida y no preocuparte. Si se te acaba el que tienes entre manos es como tener la estantería siempre al alcance de la mano.
Y bueno, dejo ya los sermones pero es que desde hace días necesitaba escribir algo así, y entro en materia y comento lo mucho que me ha gustado The Enchanted April (Un abril encantado), de Elizabeth Von Arnim.
Ya había oído hablar muy bien de él y tenía grandes esperanzas. De hecho la idea era haberlo leído en abril, por hacer la gracia con el título, pero al final no pudo ser. Sabía que era un libro "encantador" pero no sabía que además fuera divertido, en más de una ocasión me he reído a carcajadas (quién lo hubiera pensado de la prima de Katherine Mansfield). Cuenta las peripecias de cuatro mujeres que deciden ir a pasar un mes a un castillo italiano (hay que ver lo que les gustaba a los ingleses ir a Italia a principios del siglo pasado y además escribir libros sobre ello), todas ellas necesitan unas buenas vacaciones por distintos motivos. Son cuatro mujeres totalmente dispares que en sus vidas cotidianas no se hubieran encontrado unas con otras de no haber sido por el anuncio de alquiler del castillo y las "visiones" de la principal instigadora, Lotty Wilkins.
Lotty Wilkins que nada más llegar declara que el castillo y sus jardines y sus alrededores son el cielo; Rose Arbuthnot que no consigue disfrutar del todo hasta después de cierto momento muy, muy tenso; la señora Fisher que empieza siendo una señora mayor que cae bastante mal y termina siendo casi adorable y Lady Caroline, una joven que hipnotiza a todo el mundo con su belleza y que precisamente por eso necesita unas vacaciones.
Y todo aderezado con muchísimas descripciones de flores y plantas, muchas de las cuales tuve que mirar por curiosidad en internet, pero imposible mirar todas. En cualquier caso Elizabeth Von Arnim lo describe todo tan bien que poca falta hace mirar el aspecto real de las flores (ahora estoy deseando, además, leer su Elizabeth and her German Garden (Elizabeth y su jardín alemán) y más libros suyos).
Y lo leí en Rufinito tan rica y cómodamente. Y, si hubiera querido, al terminarlo lo habría podido devolver a la estantería y nadie habría sabido que ese libro con las suaves tapas de cuero era diferente a todos los demás, un libro mágico que se puede convertir en cualquier libro. (Y por cierto que es curioso que cuando hice las fotos no me enteré pero ahora veo que esa balda de la estantería Brontë tiene un libro fuera de lugar. Ay ay ay...).
Y ahora estoy deseando ver la película, que colaré en alguna futura Noche de viernes aunque Manuel ya la haya visto.
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Cristina
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