Hay veces que una vez que una cosa se nos pasa por la cabeza ya no hay forma de "des-pensarla". y eso es lo que me pasó hace unas semanas con la tarta Battenberg (usamos esta receta): se me metió entre ceja y ceja y, además, con una fecha concreta: ayer sábado de repostería por varios motivos. A Manuel, cuando se lo comuniqué, no le hizo muy feliz: primero porque, una vez que has leído algún libro - o todos, en nuestro caso - de Jasper Fforde las asociaciones de la Battenberg Cake son muchas y no del todo buenas (aunque sí muy divertidas) y segundo porque el recubrimiento está hecho de mazapán. Acabé con lo segundo diciendo que, como aquí no venden ya el mazapán listo para pasarle el rodillo, nos lo ahorraríamos. Cosa que más tarde vi que era impracticable porque, junto con la mermelada de albaricoque, es lo que sujeta toda la estructura de la tarta (sí, es una tarta con estructura) y como me enteré de que el mazapán era muy fácil de hacer, decidí que bueno, nuestra tarta Battenberg sería una tarta Battenberg al completo. Y mazapán siempre se puede apartar, ¿no?
Conseguido el colorante alimentario rojo y todo, sólo quedaba ponernos manos a la obra. Y creo que puedo decir que es lo más complicado que hemos hecho hasta el momento y que es probable que hagamos en la vida*. Descubrimos en el proceso algo que quedaba implícito y que no captábamos al leer los libros: la madre de Thursday Next - la protagonista de la mayoría de los libros de Jasper Fforde - tenía mucho (MUCHO) tiempo libre, aunque las recetas se empeñen en decir que el tiempo de elaboración es de una hora (¡ja!).
La única diferencia entre los dos bizcochos es que uno lleva colorante y el otro no: el sabor es idéntico. Se hacen, se recortan, se pegan con la mermelada de albaricoque y se envuelven en el mazapán. Dicho así no suena como la inmensa obra de ingenería y arquitectura que realmente es. Vamos, que la Torre Eiffel ahora nos parece un juego de niños y que creo que después de haber hecho una tarta Battenberg deberían darte automáticamente los títulos de arquitecto e ingeniero como mínimo. Porque los bizcochos están en constante peligro de desmoronarse, de romperse, de hacerse migas, de partirse. Por no hablar del mazapán, que se pega a la superficie de trabajo como superglue; cosa que no hace la mermelada de albaricoque que pega como... como pegamento de barra Pritt, que sí, pega un poco, pero también se deja despegar fácilmente. Y con todos esos factores de riesgo hay que contar a la hora de envolver la tarta en el mazapán. Qué tensión.
Baste decir que el enrollado acabó en la tabla grande de cortar y ahí se quedó la tarta. No es una presentación muy atractiva pero no queríamos ni contemplar la idea de otro traslado.Mientras se desarrollaba todo esto y esquivábamos una y otra vez las grandes catástrofes que nos asaltaban por todos los lados yo no podía evitar pensar en los motivos que me había llevado a elegir la tarta. El primero, sin duda, la curiosidad anglofílica. El segundo, que el jueves que viene, sí, es Sant Jordi pero también Saint George, patrón de Inglaterra. Había que hacer algo muy patrio. Y finalmente y quizás el motivo más poderoso es que el martes, día 21, es el cumpleaños de Charlotte Brontë y yo quería dedicarle una buena tarta de su tierra. Pero mientras la hacíamos y no terminaba de encajar con la imagen mental yo no hacía más que repetirme que más que una tarta en honor de mi escritora favorita parecía que me había empeñado en hacerle una tarta a mi peor enemigo. Por suerte, y lejos de la perfección, de eso no hay duda, el resultado fue, como mínimo, digno. Y creo que Charlotte Brontë no puede ponerle muchas pegas. La intención es lo que cuenta, ¿no?
Y de sabor, que es lo realmente importante está muy rica. Y es que aparte de los riesgos de elaboración también estaban los del paladar. Manuel sin entusiasmo (por ponerlo suavemente) por el mazapán y yo sin ser una gran fan de la mermelada. Pero, como los riesgos de elaboración, estos también los esquivamos. Manuel aparta el mazapán (yo soy incapaz de comer más que el mío porque eso llena como comer tres elefantes de una sentada) y se entretiene haciendo figuritas, como este hombrecillo que, ya que hablamos de Charlotte Brontë, bien podría ser Edward Rochester, y que a estas horas ya no existe más que en foto. Y la mermelada de albaricoque apenas se nota más que en un leve saborcillo que queda muy bien. Así que, aunque es enorme y aún queda muchísima, la comemos con mucho gusto. A la salud de Charlotte Brontë, de San Jorge y de todos los ingleses de la pequeña gran isla.
Pero todo eso no quita que ayer decidimos que el sábado que viene la repostería será de las muy, muy fáciles.
Y ya pasando a hoy la película dominical de esta mañana era una bien conocida (aunque yo sólo recordaba trozos sueltos): Bringing Up Baby (La fiera de mi niña). ¡Qué carcajadas! Y me sigue fascinando/intrigando la forma de hablar de Katharine Hepburn. Por cierto que del leopardo y qué fue de él en la vida real poco hemos podido averiguar pero nos ha hecho gracia enterarnos de que el perro, George, se llamaba Skippy en la vida real y que ya lo habíamos visto en una película anterior, The Awful Truth (La pícara puritana), de las muchas que hizo. Era una auténtica estrella de Hollywood y cobraba nada menos que 250 dólares semanales.
* A eso hay que sumarle los contratiempos ajenos a la propia tarta, como que cuando estaba pesando la harina al abrir un armario hubiera un alud y una de las cosas aterrizara directamente en la bandejita llena de harina de la balanza creando una impresionante nube de harina que invadió toda la cocina o que yo, después de repetirlo constantemente, comenzara a echar la masa en el molde antes de haberlo untado de mantequilla y hubiera que retroceder.
domingo, 19 de abril de 2009
Battenberg cake para Charlotte Brontë
Publicado por
Cristina
en
18:26
7
comentarios
Etiquetas Álbum de fotos, Brontë, Cine, Con las manos en la masa, Cosas de casa, Libros
viernes, 17 de abril de 2009
Ashes to Ashes
Oooooohhh... qué triste el sábado cuando se nos terminó la primera temporada de Ashes to Ashes, que es la "continuación" de Life on Mars* y cuyo título, igual que Life on Mars, viene de otra canción de David Bowie (y resulta imposible entre la serie y la canción no acabar con el "I'm happy, hope you're happy too" incrustado en la cabeza) y de cuyo vídeo sale el terrible "payaso" que releva a la terrible niña de la carta de ajuste de la serie anterior.
Al principio echábamos un poco de menos a los personajes que no pasaron de los setenta a los ochenta, Sam Tyler (aunque se le menciona brevemente) y Annie Cartwright pero enseguida nos engancharon los ochenta con toda su parafernalia hortera. Y es que la recreación es impresionante tanto en decorados, vestuario, etc. como en el look ochentero de la propia serie (véase la foto de aquí al lado sin ir más lejos, parece salida directamente de un archivo) con la presentación y la música y todo.
En Life on Mars Sam Tyler aterrizaba en 1973 cuando le atropellaba un coche. En Ashes to Ashes Alex Drake (cara conocida para aquellos que vieran la adaptación de Wives and Daughters (Hijas y esposas) de la BBC de hace unos años donde hacía de Cynthia) recibe un disparo y cae vestida en todo el esplendor hortera del momento en pleno 1981 (¡mi año!) y se incorpora al equipo de Gene Hunt, que ahora ha dejado Manchester (que no el acento) por Londres. Chris y Ray (que ahora es Raymondo para los amigos) y, una nueva, Shaz, siguen tan graciosos y tan pánfilos como en Life on Mars. Y Gene Hunt sigue tan machista, tan divertido y tan irresistible - o más - como en Life on Mars. Pierdo cuenta del número de frases políticamente incorrectas que salen de sus labios, que te dejan boquiabierto durante una milésima de segundo y que luego te hacen reír a carcajadas. Y tiene coche nuevo.
No había por qué temer: los guionistas se han portado de maravilla y han conservado la serie - salvo por los cambios obvios - intacta.
Alex Drake, una chica, no lo tiene fácil para enfrentarse a Gene Hunt en la oficina pero poco a poco se van entendiendo. Y eso a pesar de que Alex Drake - para la que la psicología es importantísima (en contraste con los métodos más rudos del resto) - que conoce bien el caso anterior de Sam Tyler no hace más que llamar a sus compañeros de trabajo "productos de mi imaginación"... ¡en sus caras!
Entre investigación e investigación, Alex piensa que está allí para salvar a sus padres, que murieron ese año en un coche bomba. Lo que lleva a un capítulo de final de temporada IMPRESIONANTE.
La segunda temporada - que tiene lugar en 1982 durante la guerra de las Malvinas - empieza el lunes que viene, aunque de momento nosotros nos tomamos un pequeño "descanso" para cambiar de serie. También se nos terminó la quinta temporada de Cold Case (Caso abierto) (que ahora van a poner los viernes por la noche en La Sexta, por cierto) así que nuestros sábados de series están totalmente renovados. Ahora vemos: Mad Men (Mad Men) (llevamos sólo dos pero muy, muy bien) y, a partir de mañana, la nueva temporada de Lost (Perdidos).
Así que aunque el descanso vaya a ser muy ameno yo estoy deseando que veamos ya la segunda temporada. De momento me conformo con el trailer que acaba con la fantástica frase de "los ochenta han vuelto y son criminales". Me encanta.
* Por cierto que hace poco me enteré de que en la futura adaptación de la serie para Antena 3, que se llamará La chica de ayer, no han terminado de entender el concepto canción del momento-título de la serie. Porque resulta que la serie tendrá lugar en 1978 y la canción de Nacha Pop es de 1980. Empezamos mal.
Publicado por
Cristina
en
10:33
3
comentarios
Etiquetas TV
jueves, 16 de abril de 2009
Noche de viernes: The Great Gatsby (El gran Gatsby) (1974)
Hoy ya me pongo al día con las películas de Noche de viernes pendientes de comentar.
No soy la única que convierte las Noches de viernes en "noche de viernes para ver las películas/series basadas en los libros que acabo de leer". Y para muestra un botón: Manuel se acababa de (¿re?)leer The Great Gatsby (El gran Gatsby), de Francis Scott Fitzgerald en Rufinito y, aunque tarde o temprano quiere ver alguna de las otras versiones cinematográficas, optó por revisitar la adaptación clásica, la de 1974 con Robert Redford y Mia Farrow: The Great Gatsby (El gran Gatsby). Lo de Mia Farrow ya tuvo su gracia porque yo toooooda la película estuve preguntando "¿pero quién es esa actriz que me suena tanto?" Y Manuel, dando por hecho que todo el mundo identifica fácilmente a Mia Farrow, pensaba que me refería a Karen Black, menos conocida. Pero a mí ese nombre no me sonaba de nada y sin embargo su cara sí. Así que no fue hasta los créditos finales cuando me enteré de que Daisy era Mia Farrow: "¡no es Karen Black, es Mia Farrow!" La cara de Manuel fue un poema ante tal incultura. No identificar a Mia Farrow...
No fue la única incultura que se respiró durante la noche y es que... yo.... no tenía ni idea de qué iba la historia. Conocía el título, el autor, el país del autor y hasta alguna otra obra del autor (con la misma profundidad que esta) pero si hubiera tenido que entrar más en detalles me habría visto en apuros. Nunca me ha llamado la atención así que nunca me he interesado por ello. Mal hecho, pero así es.
Así que fue como ver una película normal y corriente, porque no tenía ningún tipo de ideas preconcebidas. Y estuvo bien así en cualquier caso porque tanto la historia como la película me gustaron. Muy triste, eso sí.
Lo que menos me gustó fue esa bestia negra nuestra que es la voz en off (aunque reconozco que cuando no se conoce la historia es más llevadera que cuando se conoce bien, pero aun así) y el... la... es que no sé cómo se llama (¡hoy me estoy dejando por los suelos!) ¿iluminación? ¿fotografía? ¿cosa que hace que todo se vea como si el objetivo de la cámara estuviera demasiado abierto y todo tenga una especie de halo blanco místico? Eso, justo eso. No me gusta.
Pero fue una sorpresa, aunque no tenía nada en contra más que el desconocimiento. Al final va a resultar que me gustan más las noches de viernes preseleccionadas por Manuel (excepto si la elección es Jane Eyre 1973, claro) que las escogidas por mí.
Acabo de ver que he empezado a escribir esta entrada justo a la misma hora que empecé la de ayer. Ahora resulta que voy a ser de esa gente que sirve para poner los relojes en hora.
Publicado por
Cristina
en
9:50
7
comentarios
miércoles, 15 de abril de 2009
Noche de viernes: Hurlevent (1985)
Tengo dos películas de Noche de viernes pendientes de comentar. Hoy me remonto a la que vimos hace más tiempo.
Después de las cinco semanas que duró la (me duele decirlo, pero es así) soporífera adaptación de Testament of Youth, Manuel juró venganza. No sé en cuántas películas/series consiste exactamente, pero la primera de ellas era una que teníamos pendiente desde hace muchísimo: una adaptación de Jacques Rivette de Cumbres borrascosas, Hurlevent, de 1985. La adaptación, de hecho, es sólo de "los primeros capítulos de la novela de Emily Brontë" o d'après les premiers chapitres de Wuthering Heights d'Emily Brontë, que ponía en el idioma original*, es decir, la primera generación.
Manuel lo consideraba una venganza, y yo lo temía mucho, porque según él Rivette es un director rarito (bueno, Manuel no lo definió con esa palabra exactamente, pero fuera el que fuese el adjetivo que empleó mi mente lo tradujo automáticamente por "rarito").
Primera sorpresa de la noche: Rivette, al más puro estilo Buñuel en Abismos de pasión, ha sacado a los personajes de su Yorkshire y su siglo XVIII-XIX natal, ha cambiado a algunos de nombre (Heathcliff ahora es Roch o Hindley es Guillaume) y se los ha llevado a la campiña francesa de 1930. Y, como con Buñuel, resulta funcionar mejor que cualquier adaptación "fiel" a la novela. Es extraño, pero es así y no sé por qué, no sé de dónde viene el cambio. ¿Viene de que el director se quita un peso de encima y siente que se puede tomar más libertades que lo único que hacen es acercarle más a la propia novela en lugar de sentirse atado por seguir las cosas al pie de la letra sin éxito? ¿O es el espectador el que, con los nuevos nombres y paisajes, se abre de miras y acepta cosas que no hubiera aceptado en los páramos de Yorkshire y que, de nuevo, no hacen más que acercarle al original en lugar de alejarle? Sea como sea el resultado es mejor, mucho más satisfactorio. (Con la excepción de aquel bodrio italiano que ni siquiera se sabía dónde sucedía, sólo en un sitio con mucha, mucha nieve).
Segunda sorpresa de la noche: y no sé quién fue el más sorprendido, Manuel o yo misma por el hecho de que no sólo no fuera una venganza sino que me estuviera gustando de verdad la película. Según Manuel esta no es tan rarita (de nuevo mi interpretación de sus palabras) como otras de Rivette, pero aun así. ¡Y es de 1985! Nadie lo diría, se podía haber rodado el año pasado y no notarse ninguna diferencia.
Vaya, que quedé encantada con Cumbres borrascosas d'après Monsieur Rivette. Si alguien tiene curiosidad aquí dejo un trailer en versión original con subtítulos en espagnol.
* Lo que me recuerda que hace unos meses Manuel llegó partido de risa con Fotogramas en la mano enseñándome un cartel de otra película de Jacques Rivette, un cartel que luego vi por todas partes y que, por lo visto a nadie de las muchas manos por las que supongo que pasaría antes de llegar a aparecer en carteles de la calle y demás, le sorprendió que pusiera "La duquesa de Langeais. Después de Honoré de Balzac" (Ne touchez pas la hache. D'après Honoré de Balzac, en el original). No sé quién fue la mente prodigiosa que se las dio de saber mucho francés pero me quedo con las ganas de preguntarle qué fue lo que, según él, pasó después de Balzac. Más que nada porque el francés d'après (que no après a secas, que sí que significa después) significa según: La duquesa de Langeais, según Honoré de Balzac. Qué paciencia.
(Me pregunto si en este pequeño apartado de quejas lingüísticas y sin venir en absoluto a cuento también puedo protestar por la periodista del Telediario de La uno que el otro día dijo "el margen del río". Muchacha, si no sabes usar una palabra tan "complicada" que varía de significado según el género, no te compliques más la vida y di "orilla" simple y llanamente, porque lo del río se llama "LA margen".)
Publicado por
Cristina
en
9:50
2
comentarios
lunes, 13 de abril de 2009
Anne of Green Gables: A New Beginning
Doy gracias a quien corresponda por hacer que TV3 no tenga demasiados anuncios. Las tres horas de sofá viendo la cuarta entrega (se supone) de Ana de las Tejas Verdes, Anne of Green Gables: A New Beginning, podían haberse convertido en cinco en otra cadena.
Acaba de terminar y aprovecho que puedo escribir con ella bien reciente.
Mi gran problema surge cuando no sé cómo considerarla:
Si la considero una "secuela" de Ana de las Tejas Verdes la tengo que poner por los suelos tal y como anticipaba porque cualquier parecido con la realidad es pura casualidad. De hecho, el señor Sullivan ha optado sólo por ser fiel a sí mismo y a su adaptación libre anterior (la tercera), lo cual dice muchísimo de su enfoque en plan soy-la-reencarnación-de-Lucy-Maud-Montgomery (no lo digo tan en broma). Y, como decía LittleEmily, queda claro que este hombre le tiene manía a Gilbert: en esta por fin se lo ha quitado de encima de una vez por todas, sin importarle mucho el Gilbert original, su edad y demás. Le parecerá bonito.
Según Kevin Sullivan, entonces, la Anne que conocemos era más bien tontita y no hacía más que vivir las mismas situaciones una y otra vez. Como eso no es cierto - es inaceptable, de hecho - me quedo con la hipótesis mucho más creíble de que el señor Sullivan tiene más bien, cómo decirlo, poca imaginación y además está en un quiero-no-puedo de abandonar las raíces. Con lo cual sale un refrito extraño de escenas anteriores que según el señor Sullivan serán posteriores y repetidas: poemas recitados a la deriva, carreras con animales, bosques que dan miedo...Y no sólo copia a la historia original sino también a otras historias. Quizá yo tengo muy agudizado el sentido Brontë de las cosas pero las escenas de la casa de caridad me han parecido una copia pobre de las escenas de Lowood en Jane Eyre, desde el momento de "no habléis con esta niña a la que voy a castigar a estar de pie en esta silla" hasta el momento de "ese pelo aunque sea natural hay que cortarlo" (en el caso de Jane Eyre el pelo pertenecía a una alumna de pelo rizado y en este caso es el pelo rojo de la propia Anne) pasando por la amistad con la persona que se muere (y el pésimo diálogo sobre "lo siento, señor, pero el diccionario ya está inventado" "oh, no conozco esa palabra" que no sabía si tenía que hacer gracia, dar pena o, como se aproxima más a la realidad, rechinar mucho).
Y luego el constante cambio de decorados y casas y gente. Al final todo se calma un poco, menos mal, aunque sigue siendo una historia difícil de resumir más que nada, creo, porque el guión no es gran cosa y parece que por estar siempre en movimiento esté más relleno de lo que verdaderamente está.
Eso por un lado. Si se la considera como una serie de época como cualquier otra de la que no sabemos nada más que lo que una señora de mediana edad pelirroja va recordando de su infancia mientras escribe una obra de teatro no está tan mal. Sigue teniendo sus grandes fallos y momentos terribles pero al menos una no se enfada tanto y se deja ver.
La nueva Anne pequeña me da un poco de pena. La niña no lo hace mal pero le han pasado tantos vídeos de Megan Follows interpretando a la verdadera, en mi opinión, Anne Shirley, y la intenta imitar tanto que pierde bastante gracia. Por no hablar de lo pasado de rosca que está todo lo que hace y dice. Una cosa es que la niña que interpretaba Megan Follows tuviera una imaginación desbordante y hablase con palabras rocambolescas e hiciera mucha gracia. Otra es que a esta niña a veces quieras cerrarle la boca con cinta aislante. No es culpa de la pobre niña, lo sé.
Y mirando el reparto me ha hecho gracia encontrar que ella y la niña que hace de Violetta son hermanas en la vida real, aunque no se parecen en nada.
Sigo pensando que el papel de Anne Shirley de mediana edad se lo deberían haber dado a Megan Follows. Pero si se lo ofrecieron entiendo que ella dijera que no al leer el guión. La que lo hace no está mal, al menos no ha tenido sesiones de visionado de Megan Follows en vena, pero no es Anne Shirley.
Y Shirley Temple está ahí, poniendo el nombre famoso, supongo. No lo hace mal pero su historia es un poco aburrida y recuerda, de nuevo, a la de la tía Josephine Barry en la primera serie.
De los actores originales sólo vemos, que yo sepa, a alguno que ha cedido los derechos de imagen para que le saquen momentáneamente como Marilla (el resto siempre sale de espaldas) en imágenes "de archivo", a Diana Barry (aunque no me ha dado tiempo a fijarme si era ella en realidad o sólo alguien que se le parecía) en una foto en color (no tenía pinta de coloreada) de antes de 1945, lo cual es toda una proeza, y Rachel Lynde en persona, que lleva camino de convertirse en la Matusalén de Avonlea.
En fin, que no ha habido sorpresas.
Publicado por
Cristina
en
18:34
12
comentarios
Lleida
La misteriosa "otra capital catalana" era Lleida. Girona ya lo conocemos así que en nuestro libro de visitas particular ya sólo nos queda Tarragona.
Desde días antes las predicciones auguraban lluvia y más lluvia, pero por más que lo repetían no terminábamos de asumirlo. Aun así, y por una especie de inspiración divina, decidí llevarme el famoso gorro rojo que en Londres usé más por cabezonería - nunca mejor dicho - que por necesidad. ¿Y quién me iba a decir que en realidad el gorro estaba predestinado, no para Londres, sino para otra ciudad cuyo nombre empieza por L? En Lleida apenas me lo quité.
En el tren, atravesando la tierra roja y a medida que nos acercábamos, había más y más niebla. El hotel no requería salir de la estación de tren (comodísimo) y nos tocó, por suerte, una habitación con vistas.
El primer día diluvió sin tregua. Descubrimos que, o nosotros somos muy señoritos, o hacer turismo bajo la lluvia es imposible.
Salimos del hotel rumbo al centro y, al cabo de cinco minutos, estábamos tan cansados de la lluvia y se apareció ante nosotros una pastelería con sitio para sentarse tan encantadora que no lo dudamos: adentro. Y el aspecto no engañaba. Desayunamos de maravilla y retomamos fuerzas para salir de nuevo.
Nos pusimos en camino hacia la Seu Vella que veíamos tan cerca desde la ventana del hotel y llegamos hasta un Palacio de Justicia que nos cerraba el paso y, aparentemente, no nos dejaba ninguna alternativa. Lo rodeamos un poco por cada lado, nos aventuramos un poco más allá, metimos los pies en charcos hasta que los pies y los charcos eran uno. Y nada, la Seu Vella seguía cerca, arriba. Inalcanzable.
Yo no lo aguantaba más, odio tener los pies mojados. Decidimos volver al hotel haciendo unas paradas por el camino. Entrando en todas y cada una de las muchas zapaterías que había en nuestro camino suplicando unas botas de lluvia o algo que no calase. En todas me miraban como si no tuvieran idea de la que estaba cayendo fuera y yo fuese una turista excéntrica que quiere unas botas árticas en pleno agosto. Por fin llegamos a una tienda de chinos en cuyo escaparate se veían las deportivas más feas y plasticosas del mundo que seguro que no dejaban pasar el agua. Vistas - sin mirarlas con demasiado detenimiento - y compradas. La otra parada fue en un horno que habíamos fichado para comprar las típicas "coques de recapte". Enormes y ricas: un picnic en la habitación del hotel. Además en Lleida el rato entre las 13:30 y las 17:00 es un rato muerto porque la mayoría de las tiendas e incluso algunos restaurantes (!!) cierran.
Por la tarde me puse mis zapatillas horteras (una pena que al día siguiente, ya despidiéndonos de la ciudad sin lluvia encontráramos, también cerca del hotel, una zapatería con todo tipo de botas de lluvia) y nos aventuramos de nuevo a conquistar la Seu Vella.
Esta vez anduvimos incluso más allá y por fin avistamos una calle y unas escaleras que subían a la colina. Comprobamos algo que sería siempre habitual en Lleida: a) que los mapas para los turistas son muy monos y muy coloridos pero, por lo menos para estos turistas, totalmente indescifrables y b) que los carteles informativos se encuentran cuando ya has llegado al sitio en cuestión. En la puerta te dicen lo que es, antes no te lo indican nunca.
Pero conquistamos la Seu Vella bajo la lluvia, que al menos ya no era tan intensa y, lo mejor de todo, la tuvimos para nosotros solos.
Esta catedral tiene una historia un tanto curiosa. De construcción entre románica y gótica pronto fue utilizada por su situación privilegiada como fortaleza y castillo militar (hasta 1948) con su puente levadizo y todo. Y desde luego, como más tarde comprobaríamos de nuevo, los leridanos tienen bien metido en sus genes esto de evitar las conquistas, sobre todo si se trata de turistas-conquistadores.
Las vistas desde allá arriba son impresionantes incluso en un día de visibilidad muy reducida.
La conquista fue un auténtico éxito porque además de no haber ni un alma resultó ser el día de visita gratuita. Lo tuvimos todo para nosotros y pudimos campar por el claustro de vistas imponentes a nuestras anchas. Un claustro, además, fuera de lo común por estar colocado en un lateral, y no en el centro, del recinto. Un claustro con mucho encanto.
Nos dejaron vía libre para subir al campanario a conocer a Mónica y Silvestra - las campanas - pero la verdad es que el día no invitaba demasiado a subir casi 300 escalones y, desde donde estábamos, las vistas ya estaban bien.
Curioseamos por dentro de la catedral, que apenas conserva ya ningún "accesorio" original. Dentro hacía bastante frío, como en todas las iglesias, pero al menos estábamos resguardados de la lluvia, así que nos lo tomamos con calma.
Al salir nos pusimos rumbo al centro de nuevo. Esta vez descubrimos que hay un ascensor que por veinte céntimos te deja delante del famoso Palacio de Justicia. Efectivamente, en una esquinita del palacio y con un pequeño cartel informativo justo delante, es donde se abren las puertas.
Y de catedral en catedral, porque acabamos en la plaza de la Catedral Nueva (nueva quiere decir del siglo XVIII, que nadie se imagine algo ultramoderno). Allí de nuevo comenzó el diluvio y no nos hicimos de rogar para entrar en la cafetería en la que probé el té americano.
Y ese día dio poco de más. Nos hicimos con unas cuantas cosas de picar y nos volvimos al hotel. A las siete estábamos atrincherados en la habitación oyendo llover y confiando en que eso de que al día siguiente llovería menos se cumpliera con la misma precisión que el diluvio constante de ese día.
Y así fue. El día siguiente amaneció con nubes y claros y pudimos ir con los paraguas a cuestas sin abrirlos ni una sola vez.
Decidimos hacer una ruta combinada Castillo de Gardeny (de los templarios) y modernismo leridano hasta que llegase la hora de coger el tren.
Nos encaminamos, entre edificio modernista y edificio modernista, e interior de la Catedral Nueva e interior del Antiguo Hospital de Santa María, al famoso castillo - de nuevo en una colina - y lo intentamos tomar por un lateral. Fracaso de nuevo. Decidimos probar con la estrategia Seu Vella: ir a comer y volver de nuevo al ataque con el estómago lleno.
Volvemos con el estómago lleno y, ahora, un sol de justicia. Intentamos el acceso por el otro lado. Subimos por una cuesta en la que, llegados a un punto, se nos informa por un cartel de esos que no pueden poner antes de llegar, que los peatones tienen prohibido el paso. Retrocedemos, rodeamos un poco más y no encontramos la forma de llegar al castillo. Después de mirar por todas partes nos damos por vencidos y admitimos que los leridanos, en eso de ser no dejarse conquistar, son muy suyos.
Supongo que el castillo, en la entrada, tendrá un pequeño cartel que diga que por ahí se entra.
Mientras nos alejamos del castillo, me planteo seriamente volver a La Paeria (el Ayuntamiento de Lleida) y dejarles como sugerencia un poco más de colaboración con los pobres turistas.
Volvemos a nuestra particular ruta del Modernismo, que es mucho más agradecida:
Pero bueno, que todas las quejas son un poco en broma y que Lleida nos gustó mucho, con sus edificios antiquísimos con los que te encuentras donde menos te lo esperas. Y, sobre todo, con sus muchos, muchísimos, árboles y parquecillos. Sin duda, para mí, lo mejor de esta pequeña capital de provincia catalana que tiene río (el Segre), mucho comercio propio, sobre todo unas pastelerías espectaculares, y hasta unos Campos Elíseos, que es donde pasamos el último rato comiendo buñuelos.
Publicado por
Cristina
en
11:47
6
comentarios
Etiquetas Álbum de fotos, Tés
domingo, 12 de abril de 2009
Domingo de Pascua
Manuel y yo nos turnamos para salir los domingos a por el periódico. Hoy le tocaba a él así que mientras no estaba, yo me afanaba en sacar comida y más comida de este tiempo: huevos de Pascua en múltiples variedades, los deliciosos (no pudimos esperar) caracoles de chocolate de la otra capital catalana, las torrijas. Y el té y el batido de fresa que, aunque ayer las fresas estaban en buen estado, nos dio por hacer ayer.
Al poco ha llegado Manuel y todo lo de chocolate se ha convertido en atrezzo porque resulta que el día de la mona es mañana y hasta mañana no se come el chocolate (aunque yo toda la vida he comido los huevos de Pascua el domingo de Pascua). Un chasco por una parte, pero por otro lado más que nos va a durar todo eso. Y aún nos quedan torrijas, aunque quién sabe si llegarán a mañana.
Ha resultado, además, que el suplemento de El País hoy traía artículo de Javier Marías de los que más me gustan: cuando echa sapos y culebras por lo mal que se habla. Oh, qué bien me lo paso aplaudiendo mentalmente (y a veces no sólo mentalmente). Se puede leer aquí.
Hoy había tanta plancha que sólo me ha quedado por planchar la Sábana Santa, yo creo, pero como siempre el proceso ha estado amenizado con una buena película: Bluebeard's Eighth Wife (La octava mujer de Barba Azul), dirigida por Ernst Lubitsch y protagonizada por Gary Cooper y Claudette Colbert. Divertidísima.
Y después de comer nos hemos enterado de que estaban poniendo la tercera parte de Ana de las Tejas Verdes en TV3. La tercera parte es lo peor y aunque he intentado ver un trozo (ya la vi entera una vez y tuve más que suficiente) lo he dejado. Es una pena, están todos los actores y sin embargo eso NO es Ana de las Tejas Verdes ni se le parece en lo más mínimo. Pero la mayor sorpresa ha sido que mañana pasan a las 15:40 la cuarta parte, que es aún menos parecida porque esta ya no tiene ni los actores originales (mucho menos un argumento remotamente parecido a algo de la historia original), como dije cuando la estrenaron en Canadá. Aun así, aunque sólo sea para poder indignarme con conocimiento de causa, me he puesto un post-it junto a la TV para no olvidarme: Anne Shirley, lunes, TV3, 15:40.
Publicado por
Cristina
en
18:21
11
comentarios
Etiquetas Álbum de fotos, Cine, Cosas de casa, TV