Somos cuadriculados, como es fácil descubrir leyendo este blog. Tenemos series y películas concretas para las noches de los viernes, sesión de palomitas y series los sábados, repostería también los sábados, turnos los domingos para salir a comprar el periódico, desayunos dominicales opíparos con la repostería del día anterior, plancha los domingos acompañada de comedia clásica - o al menos antigua - y aceitunas, día concreto para la compra semanal, día marcado en el calendario para la compra mensual en un sitio más grande, día de limpieza general, día para tirar los periódicos, ciertas comidas fijadas en el tiempo y en el menú semanal, ratito para escribir en el blog, ratito para tomar el té. Y un largo etcétera que da lugar a una agradable rutina en la que instauramos cualquier nueva tradición a la mínima.
Así que el hecho de que el padre de Manuel vaya a pasar un tiempo en el hospital - nada excesivamente grave - y haya que ir a verlo y pasar tiempo allí parte todo eso por la mitad (literal y figuradamente) y nos hace reinventarnos y reubicarlo todo. La repostería es lo que corre más riesgo de verse afectado (aunque si ayer no hubo fue porque volvimos a Sitges; mañana más sobre esto), pero con lo golosos que somos es probable que reaparezca en otro horario o, como mínimo, de vez en cuando aunque sin regularidad. Y la plancha y la película que la acompaña han pasado a turno de noche, así que dentro de un rato comenzaremos con el nuevo horario.
Puede que el blog se vea afectado de vez en cuando pero en principio seguiremos como hasta ahora, así que por ese lado no hay problema.
¿Para el resto de cosas? Ya di con la solución una vez.
domingo, 11 de octubre de 2009
La cuadratura del círculo
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Cristina
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jueves, 8 de octubre de 2009
Noche de viernes: Jane Eyre 1934
Aquí se cumple eso de que una imagen vale más que mil palabras, porque podría poner sólo el cartel de Jane Eyre 1934 y ya se sabría mi opinión, ¿no?
Pero el caso es que por dejar constancia hablaré un poco más de esta adaptación que ya está sin derechos y puede verse sin problemas en el Archive. Dejo el enlace ahora, porque para cuando acabe la entrada no sé si quedará alguien que quiera verla.
Cuando decía que Jane Eyre 1973 me parecía mala y todo eso, ya sabía que había una peor, pero también es cierto que ya antes de verla, sabía que Jane Eyre 1934 no podía tomarse tan en serio como otras, más que nada porque todo parecido con la realidad era muy, muy limitado. Dicho esto, mi imaginación no daba tanto de sí como para imaginar lo limitado del parecido.
Viéndola no sabíamos si reír o llorar y por suerte acabamos riendo a carcajadas, más que nada porque si nos hubiera dado por llorar no habríamos parado. La película es en blanco y negro pero el rubio platino de Jane se ve aun más claramente que en el cartel coloreado, por no hablar de sus vestidos recargadísimos y sus elaborados tirabuzones. De pequeña, por las cosas que el guión le hace decir, es inconfundiblemente americana. Y luego crece y creo que el guionista sólo se leyó un resumen de la novela donde se hablaba de la decisión y la fortaleza de Jane y decidió hacerla una respondona que no se corta ni ante Brocklehurst ni ante Rochester ni ante nadie. Por no hablar de que también baila con Rochester y escribe un diario. Adèle también es muy americana ella, anima a Rochester a casarse con Jane y se ofrece a hacer de casamentera; también canta My Bonnie Lies Over the Ocean (que luego se me pegó y encontré en versión de los Beatles). Creo que la imagen definitiva de la película es cuando la criatura (a la que le pasan más calamidades como subirse a un árbol y no poder bajar y que da lugar al fantástico diálogo siguiente: Adèle: ¡se me ha enganchado el pie! Jane: ¡se le ha enganchado el pie! Rochester: se le ha enganchado el pie.) se cae de cabeza en un jarrón gigante, se queda con las piernas asomando y pataleando y Jane, decidida ella, coge algo y rompe el jarrón. Cuando Rochester protesta - aquí Rochester, por cierto, es el amable tío de la criatura y sin pasado demasiado oscuro más que por lo evidente - Jane contesta muy indignada algo así como que no iba a dejar que la niña se asfixiara sólo para salvar su valioso jarrón.
El presupuesto, además, no les daba para hacer Thornfield grande (aparte de en lo que respectaba a jarrones donde caben niñas pequeñas) así que las escaleras y todo es muy pequeñito y todos los actores parecen gigantes.
Les da tiempo, eso sí, hasta a colar a St John Rivers brevemente, lo justo para que haga su papel literalmente (en serio, su única línea es prácticamente pedirle a Jane que se case con él para irse de misioneros). Y de Bertha no hablo, porque cuando sale es tan calmada, está tan aparente ella que por un momento no sabes si es la loca del ático o una visita formal de una vecina. Es la Bertha más elegante del mundo, a Jean Rhys le debió de encantar.
Manuel tuvo la idea de recordarme que esto estaba rodado dos años después de Trouble in Paradise (Un ladrón en la alcoba), de Lubitsch, y sin embargo parecía que la de Lubitsh fuera muy posterior (años luz después). Esta es estática, hierática y aburridísima. Manuel decía que con el paso del cine mudo al cine sonoro se retrocedió un poco en cuanto a técnicas y demás que habían ido desarrollando, pero es que por lo básico de esta película en todo bien podría ser la primera película rodada del mundo. Es divertidísimo cuando varias veces van apagando una a una las velas de algún candelabro y se ve claramente cómo al mismo tiempo van apagando los focos uno a uno.
Como la de 1944, también saca planos de un libro imaginario de Jane Eyre con otros textos. Aquí da aun más rabia que en la de 1944, porque ni siquiera se recupera la realidad con la historia. Me pregunto qué pensó la gente que fue a verla en 1934 y que conocían bien el libro: ¿pensaban que era una maravilla sólo por el hecho de lo moderno de ver Jane Eyre en la gran pantalla? ¿O se daban cuenta de que el libro y lo que estaban viendo se parecían como un huevo a una castaña?
En fin, un desastre como adaptación seria (muy práctica para ilustrar lo que no se debe hacer), pero como adaptación cómica creo que no tiene precio.
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martes, 6 de octubre de 2009
Adivinanza
Esta mañana no he podido resistirme a estos dos libros. Estoy deseando - como siempre, como con todos - devorar el contenido de ambos. Sin embargo, la portada de uno de los dos me espanta, ¿cuál de las dos es? (Soy muy predecible, así que es una pregunta muy sencilla)Creo que en la foto se ve bien, pero los libros son:
- Her Fearful Symmetry, de Audrey Niffenegger. Su anterior libro The Time Traveler's Wife (La mujer del viajero en el tiempo), sin ser perfecto, me gustó. Un retorno muy esperado y una historia con secretos de familia.
- The Comforters, de Muriel Spark. Que resulta que no es el título original de Los encubridores como dije mal y corregí (gracias, Pablo Chul), puesto que ese es Aiding and Abetting, que tampoco he leído. Pero el caso es que desde que el otro día lo mencioné y leí el resumen me quedé con las ganas de leerlo, preguntándome cómo es que no me había fijado antes en él. Y además me viene de perlas para cumplir mi resolución de recuperar a Muriel Spark de la mejor forma posible: empezando por el principio, puesto que es su primera novela publicada allá por 1957.
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lunes, 5 de octubre de 2009
Caprichosa Emma
Si los dioses encargados del asunto lo permiten, este viernes comenzaremos a ver la nueva adaptación de Emma, y para entonces espero haber terminado de releer la novela. De momento, eso sí, las críticas que he leído del primer capítulo no son gran cosa, pero prefiero comprobarlo por mí misma, que para eso estoy releyendo la novela.
Mientras tanto he aquí una foto caprichosa* que creo que le va que ni pintada a Emma (aquí representada por Rufinito): mantelito y té caprichosos ideales para la jovencita. El té es el Wedding Tea de Harney & Sons y la otra tarde, mientras pensaba qué té tomar, llegué a la conclusión de que si Emma, tanto el personaje como la novela, fueran un té, serían este: la cajita de lata habla por sí sola, pero es que las bolsitas son de seda, como pequeñas pirámides, y contienen té blanco con pétalos de rosa (los pétalos de rosa no me entusiasman, pero aquí el sabor es muy, muy suave; lo justo para disfrutarlo con ganas de vez en cuando).
Y desde luego la combinación de lectura y té fue explosiva y perfecta.
* En realidad quiero decir whimsical, que es lo que es Emma, pero caprichosa, sin convencerme del todo, parece ser la mejor traducción.
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domingo, 4 de octubre de 2009
Sábado sin repostería: en Sitges
Ah, cómo me gusta Sitges. No tengo ni idea de si fue así, pero estoy convencida de que cuando buscaban sitio para celebrar el festival se decantaron por Sitges porque era imposible que nadie se negara a ir. Por poco que le interese a alguien el cine fantástico es impensable que se niegue a ir al festival. Cualquier oportunidad de pasear por las calles de Sitges de camino a un cine, comer mirando el mar y pensar que todas y cada una de las casitas son la casita más mona del mundo es irrechazable.
Cada vez que vamos parece que andamos por las mismas callecillas y sin embargo cada año acabo haciendo fotos de sitios que nunca he visto o de sitios que he visto muchas veces pero son tan adorables que hay que fotografiarlos. Estos azulejitos de aquí al lado (recomiendo hacer clic en la foto para verlos mejor) nunca los había visto y me encantaron. Sitges es así, lleno de pequños detalles con mucho encanto.
Así que al llegar compramos cualquier cosa por allí y comimos en horario británico - porque la película era a las 13:45 - al ladito del mar. Hacía calorcillo y a la vuelta descubrí - y hoy sigo sufriendo las consecuencias - que me habían picado dos mosquitos tigre. (Son mi cruz esos bichos y un motivo más para desear que llegue el frío de una vez). Pero en esos momentos de fotos a ciegas porque no se ve la pantalla de la cámara los disfruté que daba gusto.
Ya lo he dicho como mil veces antes, y de hecho Manuel, a cada comentario que yo hacía ayer, decía "eso ya lo he oído antes", pero qué le vamos a hacer, Sitges es tan bonito que desde la primera vez te subes a los superlativos y ya nunca te bajas de ellos, pero el Mediterráneo en Sitges es hipnótico. El mar es hipnótico en cualquier sitio, sí, pero en Sitges lo parece más. Embobada me quedé mirando hacia abajo y viendo las olas romper una y otra vez, una y otra vez, en estas rocas. Y porque Manuel me despegó del sitio que si no creo que seguiría allí.
Me despegó de allí y me llevó a esa otra actividad adictiva que es recoger conchitas. Y no sé qué es peor, si cuando hay pocas y te obcecas en conseguir sólo una más o cuando hay muchísimas - como era el caso ayer - y vas como de oca en oca, sin molestarte en erguirte, recogiendo una conchita detrás de otra como alguien poseído por un mal extraño. No me descalcé ni puse en práctica el método de mojado y secado de pies de la única lectora, toda mi atención, desde que puse un pie en la arena estaba monopolizada por una conchita detrás de otra. Hasta que Manuel, que se había quedado leyendo dos periódicos del festival en un banco, tuvo casi que sacarme de las orejas... otra vez.
De ahí ya nos fuimos a ver nuestra película, el début como directora (y también guionista) de Julie Delpy: The Countess, que a pesar de contar la historia de Erzsébet Báthory, la famosa condesa sangrienta, es bastante modosita en cuanto a sangre se refiere. La nueva visión del personaje, sin defenderla del todo, intenta redimirla un poco, alegando que la historia la cuentan los ganadores. Nos gustó, y Julie Delpy en el papel protagonista está muy, muy bien.
Después de la película, otro paseíllo, una compra improbable de pimientos (por una combinación de factores como tratarse de una frutería de Sitges en la que siempre que pasamos tengo que entrar por la buena pinta que tiene todo y no haber encontrado pimientos en condiciones en la compra semanal) y de vuelta a casa. Con un poco de suerte no será nuestra última visita a Sitges este año, pero ya veremos.
La película de las aceitunas y la pila enorme de plancha de hoy era bien rarita: Topaze (no confundir con Topaz de Hitchcock, ¿eh?), de 1933, con el siempre imponente John Barrymore. Manuel había leído por ahí que era una predecesora de las comedias de enredo posteriores y, aunque no hemos terminado de verlo tan claro, lo cierto es que nos hemos reído igual y nos ha gustado, así que para qué pedir más.
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Cristina
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viernes, 2 de octubre de 2009
All the Poems, de Muriel Spark
Ayer se me olvidó decir que en el cartel que puse lo de "October's bright blue weather" sale de un poema de una tal (disculpen la ignorancia) Helen Hunt Jackson. El caso es que he tomado lo del olvido del poema como una señal, me he puesto seria conmigo misma y me he obligado a ir a por el libro de poemas de Muriel Spark para hablar de él de una vez. Eso sí, aviso desde ya que esta entrada tendrá dos grandes carencias: 1) que no tengo ni idea de hablar de poesía y 2) que leí el poemario en julio y tengo muy mala memoria. Ahora lo he repasado un poco, pero no será lo mismo. Lo ideal sería - y no me importaría lo más mínimo - volver a leer los poemas con calma pero entonces sé que surgiría algo y volvería a dejar pasar una eternidad hasta escribir sobre él y, en fin, entraría en bucle.
A Muriel Spark la tuve abandonada durante un tiempo y no sé por qué, no me hizo nada para merecerlo la pobre. Estoy lejos - muy lejos - de haber leído todos sus libros, pero ahora que hemos retomado el contacto estamos en ello. Al fin y al cabo A Far Cry from Kensington me encanta y sus historias cortas también.
Los poemas los tenía fichados desde hace tiempo, desde que me enteré que eran poemas de a pie de los que a mí me gustan y no poemas alegóricos con referencias imposibles de los que, sinceramente, no me gustan nada. En la poesía, como en la literatura (y esto es algo que en el colegio, al menos a mí, no te enseñan, porque tiendes a leer poemas alegóricos de esos) me gusta al menos tener algo en común, un punto de apoyo.
Y en ese sentido Muriel Spark no me ha defraudado en lo más mínimo. Alguno tiene un poco tirando a alegórico, pero en general todos los poemas son muy de a pie, como yo los llamo.
Una de mis grandes dudas siempre es, en la interpretación de pintura, de poesía y de literatura, si cosas que los eruditos ven tan claramente el pintor/autor las puso ahí a propósito. Las lecturas postcolonialistas o las interpretaciones ultrafeministas de Jane Eyre, por ejemplo, son cosas con las que nada tengo en contra más que el reparo a poner palabras en la boca de alguien que estuvo lejos de nuestra mentalidad. (En cambio las lecturas políticamente correctas sí que me repatean porque eso sí que es juzgar - para mal - un libro que no puede juzgarse así). Bueno, que me disperso, y lo que quiero comentar es que me hizo gracia que en la introducción a los poemas, Muriel Spark se pregunte acerca del origen y el significado de algún que otro verso suyo. Si ella misma no lo sabe/recuerda, ¿realmente un erudito puede llegar y darnos una explicación de lo que quería decir interpretando unos símbolos que el autor no sabe qué significan? Sé que la respuesta es que sí porque más públicas o más privadas todos hacemos nuestras propias cábalas de lo que leemos, y al fin y al cabo las obras maestras son aquellas que perduran por eso mismo, porque se pueden reinventar de acuerdo a cada mentalidad. Pero aun así me queda la duda.
El poemario en sí comienza con un "tour of London" excepcional, de ahí que empezara a leer poemas y no pudiera soltar el libro y que ahora me haya vuelto a enganchar leyéndolos. Huella también me dejaron el llamado "The Creative Writing Class" y, sobre todo, "Authors' Ghosts", en el que Muriel Spark da una buena explicación de por qué a veces las cosas no son como las recordábamos en los libros. Y mencionaría más, pero nadie quiere leer una lista de títulos de poemas, y eso es lo único que sabría hacer. Eso sí, las traducciones (¿adaptaciones?) de poemas en latín que hay al final me perdieron un poco por todo lo que he explicado más arriba.Mención especial a una cosa absurda del libro: la paginación. Como se ve en la foto, y dudo que esté hecho a propósito, alguna mente pensante de la maquetación no cayó en la cuenta de que cada página va a un lado, así que los números de página van siempre a la derecha. Me hizo gracia.
Y cualquier día de estos sigo retomando el contacto con Muriel Spark, leyendo poco a poco sus novelas y, con un poco de suerte, haciéndome de una vez con su reciente biografía, que tuve en mis manos en el WH Smith de París pero que tuve que devolver al asustarme por el precio (que no se correspondía con el precio real marcado por la editorial ni de lejos). En español ahora hay dos novelas de Muriel Spark que suelen estar por las mesitas de Novedades de las librerías: Los encubridores (Aiding and Abetting en inglés, no la he leído) y Memento Mori (llamada igual en inglés, que fue mi primer Muriel Spark y que, obviamente, me hizo querer seguir leyendo). Y tiene más traducidas, pero esas supongo que ya quedan lejos de las mesas de novedades.
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jueves, 1 de octubre de 2009
Octubre
Yo sigo con mis carteles de la WPA, como se puede ver. Me encanta que haya uno específico para varios meses, como este de octubre.
Aunque yo no soy nada de celebrar Hallowe'en (vamos, que es una costumbre importada que me hace tanta gracia como Papa Noel: ninguna), de este cartel me quedo con lo que me interesa y listos.
Además es cierto que con el supuesto fresquito que debería ir llegando, apetece leer más libros tétricos y cosas así. Jane Eyre y Cumbres borrascosas, por ejemplo, son libros para leer debajo de una manta. Y eso que una parte importante de Jane Eyre ocurre en verano y que leer Jane Eyre en verano sigue siendo todo un placer. Pero no sé, incluso entonces pide manta y té humeante más que piscina y refresco con hielo.
Y en estas fechas siempre suele llegar a la BBC alguna adaptación, la de este año es de Emma, de Jane Austen: comienza este mismo domingo (4 de octubre) y son cuatro capítulos. De ahí que me esté dedicando a releerla en Rufinito (total, mi edición en papel no aporta gran cosa en cuestión de notas sobre el contexto y demás), donde tiene nada menos que 890 páginas (la letra y los márgenes son grandecitos). La relectura surgió de leer críticas bastante destructivas del trailer y querer poder juzgar en condiciones por mí misma.
Veremos qué tal Romola Garai, que suele gustarme mucho (la he visto en I Capture the Castle, Atonement y en Angel, todas adaptaciones de libros; una de las dos está encasillada), aunque de momento en mi cabeza, mientras leo, Emma sigue siendo Gwyneth Paltrow (vi la película antes de leer la novela y la primera vez que leí la novela, poco después, fue en una traducción con portada del cartel de la película) y la adaptación con Kate Beckinsale no la he visto nunca. (Y como curiosidad sobre adaptaciones Emma tiene también un musical).