Desde que la asesora culinaria me mandó el libro le eché el ojo al pan de chocolate (si alguien quiere la receta que me la pida). Me tomé la tentación tan en serio y tan decidida estaba a hacerlo que compré los ingredientes "raros" enseguida... y los pobres languidecieron en el armario durante meses hasta ayer. Por ingredientes "raros" se entiende cosas que no son tan del otro mundo, aunque en nuestro supermercado habitual nunca hemos visto harina de fuerza y hasta hace poco no descubrimos que, despitados que somos, la levadura de panadería sí que la tenían.
El caso es que pasó el tiempo y le cogí un poco de manía a la levadura de panadería, distinta de la levadura química porque hace efecto antes, no durante, la cocción. Vamos, que me temía otro fracaso como el de los bollitos de azafrán.
El caso es que ayer nos lo tomamos con calma, para dar margen a que la masa se tomara su tiempo para doblar el volumen. Una vez hecha, la dejamos bien tapada en el bol y la pusimos a tomar el sol. Al cabo de un rato la masa seguía tal y como la habíamos dejado. Así que como la medida drástica del horno a 50º no funcionó la vez del fracaso, ayer opté por otra: la incubación. Me tumbé en el sofá con un buen libro, cogí el bol tapado con su paño, me lo puse encima y me tapé con la manta. Al cabo de un rato la masa había doblado su volumen de forma increíble. Manuel comentó que algo le decía que los panaderos profesionales no usan ese método pero, la verdad, ellos se lo pierden. De nuevo a amasar para sacar el aire, colocar en el molde y, otra vez, vuelta al sofá y a la manta a incubar media hora más: yo encantada con el proceso. Y de ahí directa al horno, donde siguió creciendo de forma sorprendente y dio un olor a pan de verdad que daba gusto. Vamos, que el temido proceso fue todo un éxito, porque el pan quedó con una pinta excelente.
Por la noche, de postre, llegó la prueba de fuego. La pinta por dentro era también buenísima, como el sabor. La única pega que le ponemos es que la próxima vez añadiremos más cacao en polvo para que sea pan de chocolate en más que en el color, porque a chocolate, sinceramente, no sabe. Sabe a pan, pan muy rico, sí, pero pan a secas. Pero yo no le hago ascos porque nunca he compartido eso de "pan con pan, comida de tontos".A pesar de eso, esta mañana hemos asaltado el frigorífico y hemos sacado todo lo untable: mantequilla, el glaseado de Betty Crocker que hace unas tostillas riquísimas y, la gran sorpresa para mí (a Manuel no le gusta), el sirope de arce que combinaba TAN BIEN con el pan que es lo único que he tomado y que de hecho acabo de volver a tomar ahora sin poder evitarlo: el pan de chocolate con sirope de arce ha resultado ser uno de los mayores descubrimientos gastronómicos de mi vida. Una delicia. Manuel ha variado un poco más y da fe de que con el glaseado de Betty Crocker de chocolate y también con mantequilla está rico.
La película de plancha y aceitunas de hoy era She Married Her Boss (Sucedió una vez), de nuevo con Claudette Colbert. El título en español no le hace nada de justicia al inglés, que de hecho cuenta a las claras el argumento básico: se casó con su jefe, después de ser, indudablemente, la secretaria más eficiente y con mayor capacidad para evitar el estrés que la rodea del mundo. Todo para casarse con el jefe un poco simplón y, al más puro estilo de heroína-que-lo-pone-todo-en-orden, conseguir que su hija (el jefe era viudo) deje de ser insoportable (pero divertidísima), que las cortinas se abran por la mañana pese a correr el riesgo de desgastar el color de las alfombras y que los criados le pongan un poco de ganas al asunto.
domingo, 15 de marzo de 2009
Pan de chocolate
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viernes, 13 de marzo de 2009
Pasatiempos cotidianos
Hacer pompas de jabón con el utensilio de servir la pasta mientras lo friego. Salen unas pompas espectaculares.
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jueves, 12 de marzo de 2009
The Wall
Ayer teníamos evento de nuevo en la temida sala anexa al Palau Sant Jordi (que ahora se llama Sant Jordi Club, creo). Temida porque la última vez que estuvimos el sonido era lo peor. Ayer parece que o le habían puesto solución al problema o, lo más probable, nosotros estábamos mejor situados.
El evento no era otro que de nuevo los Australian Pink Floyd que ya vimos el año pasado. Supongo que ahora que los fans ya han asumido que no verán a Pink Floyd juntos nunca más (Richard Wright murió hace unos meses), el grupo es lo más cercano a la realidad. Y es muy buen grupo en cualquier caso. La diferencia respecto al concierto del año pasado es que en este iban a tocar íntegro The Wall y el del año pasado era una especie de grandes éxitos.
Mientras esperaba a Manuel me adentré por primera vez en una cafetería Laie después de mirarlas desde lejos durante años. Tampoco fue nada del otro mundo, aunque el té estaba bueno, como suele pasar con cualquier té que no sea Hornimans, que es el que suelen servir en casi todas las cafeterías.
Cuando Manuel llegó iniciamos el ascenso a la cumbre (gracias por las escaleras mecánicas) y tuve flashbacks del concierto de Bon Jovi cuando pasamos por delante del Estadio Olímpico.
A medida que nos acercábamos oíamos a fans que presumían y comparaban cuántas veces habían oído el disco ese mismo día (¡cuatro! ¡ninguna!) y yo pensaba para mis adentros que no sólo no había oído el disco ninguna vez ese día sino ninguna vez en mi vida. Canciones sueltas y poco más. Pero creo que luego salí ganando porque oírlo por primera vez impacta más.
(No puedo evitar comentar que ahora siempre estamos con la crisis por aquí y la crisis por allá pero... ¿qué pensar cuando la zona de bar está llena de gente dispuesta a pagar tres euros por una coca cola y dos por una bolsita minúscula de patatas?)
El concierto empezó y a mí me fue sorprendiendo tanto lo que me iba gustando como la continuidad de las canciones como las animaciones que salían en la pantalla. Eso sí, de Pink Floyd y por extensión de los grupos que les homenajean (ayer le dije a Manuel "banda de tributo" por evitar decir directamente tribute band y no cuajó; por lo visto se llaman grupos clónicos que a mí me suena aún peor que mi anglicismo cutre y ya es decir), sigue sin gustarme el grupo de coristas coreografiadas que salen detrás. Las chicas lo hacen muy bien pero, ufff, tanto balanceo de cadera y tanto chasquido de dedos me pega más en un concierto de Julio Iglesias que en uno de este tipo.
Antes del concierto Manuel muy amablemente me había hecho una introducción al asunto de The Wall. Sabiamente para interesarme más - que no es que yo no estuviera por la labor - se aferró a mi reciente obsesión por la Segunda Guerra Mundial en Inglaterra y me estuvo contando que el padre de Roger Waters había muerto en ella y que todo eso era una gran influencia en el disco. Así que yo me fijé en las letras y lo fui confirmando. De la primera parte, por ejemplo, me gustó muchísimo Goodbye Blue Sky, que habla sobre bombas, refugios, etc.
En el intermedio se produjo la anécdota de la noche cuando Manuel se puso los cascos para enterarse de cómo iba el Barça y yo puse la antena a ver qué comentaba la gente. Entre otras cosas la gente comentaba que el Barça iba 4-2 en ese momento. Manuel después de cinco minutos se quita los cascos y me informa del resultado. Yo le digo que la lo sabía y nos partimos de risa porque él se acaba de enterar en ese momento. Mi antena, a la que el resultado le traía sin cuidado, funcionó mejor que su radio.
Segunda parte y por fin oigo una canción de la que Manuel me había hablado ya antes, y quizá incluso me había puesto alguna vez, Vera a la que le sigue Bring the Boys Back Home y que juntas son de lo más impactantes. Vera Lynn cantaba durante la Segunda Guerra Mundial aquella canción de la que ya he hablado alguna vez: We'll Meet Again (nos encontraremos de nuevo) y que obviamente no fue el caso para el padre de Roger Waters ni de mucha otra gente. Si no me equivoco eso da paso a la también impactante Comfortably Numb. Y que dejó paso a que el cantante ya se pusiera por completo la indumentaria à la Nazi. Impactante, sí, pero que a mí primero me recordó a Gene Hunt (???) y luego, por los juegos de luces verdes, a Matrix.
Y al final hubo hasta un bis, ya de variedades porque el disco se había terminado. Obviamente no pudo faltar Wish You Were Here para deleite general.
Eso sí, las escaleras mecánicas de Montjuic parece ser que tienen toque de queda y a las doce, que es cuando salimos, estaban paradas. Tuvimos que hacer el descenso a patita.
Y hay que ver lo que me enrollo incluso para hablar de las cosas de las que tengo bastante poca idea.
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miércoles, 11 de marzo de 2009
Puntito a puntito
Con el punto de cruz soy más bien lenta, para qué negarlo. Después de acabar la estantería me compré un patrón que, si de verdad esto del punto de cruz no era un entretenimiento pasajero, tenía que hacer casi por obligación después de haberlo visto in situ, tanto el modelo como el patrón, varias veces. Así que pedí a la tienda de la casa-museo de las Brontë que me mandaran el patrón de punto de cruz de la casa. Llegó a finales de octubre y desde entonces hasta finales de febrero he estado metida en faena. Prefiero no contar el número de meses que han pasado entre una cosa y otra.
Es el más tupido y el más clásico que he hecho hasta el momento. Y al final debo reconocer que está acabado de forma inacabada. Después de días de múltiples intentos, lecturas de instrucciones e incluso vídeos explicativos el nudo francés ganó la batalla. Lo que debería quedar como un puntito en relieve en el centro de las flores* me quedaba como una espiral que se diluía a medida que seguía tiranto del hilo. Así las 874586547 veces que lo intenté hasta que un buen día decreté que sólo si se sabía lo que faltaba - cosa que ahora sabe todo el mundo - se podía echar de menos, así lo dejé tal y como estaba, que no estaba mal.
Eso sí, la imagen ya está un poco desfasada porque de los dos pinos que la enmarcan ya sólo queda uno y yo tengo un trozo del que ya no está en casa.Ahora supongo que viene cuando, como siempre que hablo de esto, digo que todavía ni siquiera he lavado ni preparado ninguna de las "labores" terminadas para llevarlas a enmarcar. Y la afirmación sigue siendo tan cierta como la última vez que la hice. Ahora tocaría decir que esta ha sido la gota que ha colmado el vaso y que un día de estos me voy a decidir a prepararlas todas. Pero como sé que podría no ser del todo cierto, mejor me callo.
Así que desde que hace unos días di ese por terminado he vuelto a mi al parecer interminable serie de abecedarios monocromos para pasar el tiempo. Hay algunos patrones por ahí que me hacen gracia pero de momento ninguno que sienta que no puedo dejar pasar de largo así que, a no ser que surja uno así, creo que seguiré monocromática hasta que llegue otra vez el calor (noooooooooo) y tenga que hacer el parón veraniego. Terminarlos por el momento queda descartado a mi ritmo.
* Las instrucciones de retoques finales para las flores tenían un "a la derecha/izquierda del texto" orientativo pero venían descritas por el nombre de la flor (algo de lo que va quedando claro que no tengo la menor idea). Con lo cual tenía el trabajo extra de buscar en internet el nombre de la flor, candytuft por ejemplo, para saber en qué flor tenía que hacer qué.
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martes, 10 de marzo de 2009
Más flores
¿Es ya primavera en El Corte Inglés? Porque a mí los sábados me llega en pequeñas dosis de manos de Manuel.
La semana pasada no recuerdo por qué me olvidé de hacer la sesión de fotos de rigor y perdí la oportunidad de fotografiar una preciosa flor naranja de nombre desconocido que era de esas que, nunca nos quedó muy claro si bien por la luz o bien por una especie de reloj interno que dura incluso después de cortada, se abren por la mañana y se cierran por la tarde/noche. Lo más sorprendente fue lo "mucho" que duró. Cada noche, cuando estaba cerrada a cal y canto hacíamos apuestas sobre si al día siguiente se abriría. Fallamos siempre porque no dejó de abrirse y cerrarse, simplemente lo siguió haciendo cada día más mustia.
Pero este sábado, para compensar que no había más flores-reloj (a falta de otro nombre...), me llegaron tantas flores que no cupieron en el "fino" (ejem) vaso habitual y tuvimos que añadir otro. Otros sábados me encargo yo de ponerlas en agua pero el sábado pasado fue Manuel el que las distribuyó. No sé si lo hizo a voleo, pero creo le quedaron un par de vasitos de lo más monos. Igual cualquier día se puede replantear la vocación.
Por supuesto desconozco los nombres de la gran mayoría: sé, tal y como aprendí la última vez, que la margarita morada se llama margarita africana y, sin poner la mano en el fuego, diría, por el olor, que la morada de las flores pequeñitas es tomillo. Y creo - porque se lo oí a Manuel, que tampoco es un gran experto, de pasada - que la del centro del vaso de la izquierda es una violeta. Por lo visto me especializo en nombre de flores en esos tonos.
Me gustan mucho en especial las desconocidas que son las florecillas blancas y la triple verde.
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lunes, 9 de marzo de 2009
Georgy Girl, de Margaret Forster
Me gustan mucho los collages bien hechos, así que las portadas más recientes de las ediciones de Margaret Forster siempre me suelen gustar mucho. Normalmente tiran más hacia el rosita, pero esta portada en rojo y ocre me ha gustado muchísimo.
Tanto hablar de la portada para evitar hablar del libro en sí, no engaño a nadie. Georgy Girl fue el primer libro "conocido" de Margaret Forster (antes hay un par de ellos muy poco conocidos y que no he leído), publicado allá por 1965. Es un libro muy de su época, con sus peculiares actitudes cotidianas, el Londres típico, aunque por desgracia no sale todo el Londres que a mí me gustaría, su grupo de jóvenes "independientes" y demás. El caso es que aunque se ve que Margaret Forster ya tenía potencial me he llevado un pequeño chasco porque, visto todo lo que vino después, me esperaba mucho más de este libro. Una esperanza un poco injusta, ya que la pobre era muy jovencilla aún y supongo que, aunque ahora se ve demasiado fechado, en su momento ella debía de describir con bastante acierto el ambiente reinante. Pero a mí me ha dicho más bien poco. No empezó con mal pie y para mí el verdadero "horror" llega con un final totalmente inesperado que no consigo decidir si no podía ser de otra manera o si es de pegote por más que lo pienso. Un libro de esos en los que pocos personajes te caen bien o, como mínimo, en los que puedes llegar a sentir empatía con pocos de ellos y que cuando, no sin cierto esfuerzo, empiezas a hacerlo van y lo estropean con cualquier estupidez.Aun así, no me quejo demasiado, es mejor que el único Margaret Forster que no he sido capaz de leer (y curiosamente el único traducido). Mientras leía Georgy Girl, ya un poco decepcionada, me fui a la sección Margaret Forster de la estantería (aunque sus dos biografías de Elizabeth Barrett Browning y Daphne du Maurier están con las biografiadas), en parte porque me gusta cuando se tienen muchos libros de un mismo autor (¡y los que me quedan aún tanto por tener como por leer de Margaret Forster!) y en parte para ver cuál es el libro más antiguo suyo que ya me ha gustado. Y resulta que aunque ahora ya voy subsanando el hueco al menos físico, otra cosa es leerlos, el más antiguo que he leído (y también el más antiguo que me gustó), Private Papers, que de verdad me gustó mucho y es lo que yo consideraba un Margaret Forster típico, está publicado 21 años después de Georgy Girl. Así que, aunque con esto de retroceder en el tiempo me he quedado aún a las puertas de leer sus dos libros más recientes* (¡y qué dilema! ¿leo antes los más antiguos o me pongo al día para guardar las apariencias?), veo que tengo mucho que leer (y comprar).
Y también tengo pendiente, con un poco de miedo, decidirme algún día a releer el primer libro de Margaret Forster que me enganchó y que me llevó a rodearlo de todos los demás: The Memory Box. Pero de momento me da cierto respeto.
Volviendo a Georgy Girl me parece muy curioso que este libro que a mí me ha dejado un tanto indiferente sea posiblemente el que más repercusión ha tenido. Quizá, efectivamente, porque aunque ahora suene desfasado en su día sí que fue muy significativo y trató temas candentes. El caso es que yo sabía de la existencia de una película basada en el libro pero nunca me había interesado demasiado por ella. En esta foto de aquí al lado se ve a una jovencísima Margaret Forster en el set de rodaje; ella co-escribió el guión. El otro día decidí curiosear un poco por internet y en un momento me hice con la película (que Manuel ha "accedido" a incorporar a una futura noche de viernes), descubrí que había un musical inspirado a su vez por la película y pude oír el tema musical, también muy hijo de su tiempo, de la película. Manuel llegó a casa justo cuando yo lo estaba oyendo, reconoció la canción, dijo que le gustaba (a mí, pese a gustarme la música de los años sesenta me estaba espantando) y la tenemos pegada desde entonces. Resulta que es muy conocida según Manuel, aunque yo no creo haberla oído antes, así que he aquí la conexión que todo aquel al que le suene esta canción tiene, sin saberlo, con Margaret Forster, una autora inglesa aparentemente nada conocida en España: Georgy Girl, de The Seekers:
* Es curioso porque en el penúltimo libro de Margaret Forster, Keeping the World Away, sale la artista Gwen John, que de momento también sale bastante en mi lectura actual y me está picando mucho la curiosidad.
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domingo, 8 de marzo de 2009
Cookies para Elizabeth Barrett Browning
Estamos de suerte porque al final nos arreglaron la caldera el viernes y el catarro se fue casi tan tápido como vino. A pesar de todo ayer tuvimos un sábado de repostería bastante light porque Manuel había tenido que trabajar por la mañana y no estaba muy por la labor de ponerse con nada muy complicado. Así que sacamos del armario una cajita de cookies Betty Crocker que ya llevaban en espera un tiempo considerable - sólo porque ya no tenían el factor sorpresa - y en, no sé, media hora ya teníamos las 29 galletas que habían salido.
El problema de las galletas es precisamente lo fáciles que son de comer: no pringan, no hay que cortarlas, no hay que comerlas con cuchara y la tentación de coger una cada vez que se avista el plato es demasiado grande. Así que diré que a estas horas aún quedan, pero lo cierto es que prefiero no contarlas (y además no sabría si contar esta que tengo delante justo ahora junto a la taza de té).El viernes fue el cumpleaños - 203 años la moza - de Elizabeth Barrett Browning y estuve tentada de escribir sobre ella en el blog. Al final decidí dejar la celebración para hoy y dedicarle las galletas que - por lo menos a mí - siempre parece que hace más ilusión. Yo supongo que a Elizabeth Barrett Browning le hubiera gustado coger una recién sacada del horno o al menos eso deduzco del hecho de que en su habitación de soltera y enferma un tanto imaginaria en Wimpole Street hiciera tanto calor que pudiera llegar a incubar dos huevos de paloma sólo teniéndolos allí e incluso jugueteando con ellos a veces.
Por supuesto en la foto la representa mi feliz adquisición londinense de su poesía completa publicada por los editores de Charlotte Brontë en 1900.
Como ayer la repostería hoy la plancha - no sé muy bien por qué - también ha sido un poco light, pero eso no nos ha impedido disfrutar de las aceitunas - en absoluto light - ni de la película dominical. Hoy nos tocaba Carole Lombard de nuevo en Hands Across the Table (Candidata a millonaria). El título en español no me gusta nada, pero supongo que refleja bien las aspiraciones de esta chica dedicada a la manicura en un hotel neoyorquino que aspira a casarse con un millonario. Me repito pero, como siempre, nos ha gustado.
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Cristina
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