lunes, 10 de enero de 2011

Reyes 2011

Ya volvimos hace un par de días pero entre quitar parte de la Navidad (¡aún queda el árbol!), ponerse al día con las cosas de la casa y, sobre todo, poner a punto y babear ante mi nuevo ordenador de sobremesa (ante el que me encuentro en estos momentos), regalo de Reyes cortesía de Manuel, no he tenido tiempo hasta ahora de pasarme por aquí.

Y no me puedo quejar porque el ordenador venía ya puesto a punto casi en su totalidad: todos los programas que utilizo cargados y esperando a ser utilizados y todas las funciones dadas el visto bueno. Lo único que yo tuve que hacer fue copiar mi otro disco duro (directamente, sin dramas de DVDs ni nada) a este nuevo y juguetear con las bondades de Windows 7 (que de momento me gustan mucho y eso que yo era una fan declarada de Windows XP; sí, fan de Windows y sí, he trabajado con Mac* (y me encanta mi iPod) y sí, prefiero Windows). Todo sobre ruedas.

La foto del roscón ilustra los días en Madrid (y eso que a mí el que me gusta es el Roscón a secas, sin nata ni nada), de los que aparte de roscón, chocolate, nubes caseras deliciosas y demás comidas excelentes y abundantes (como siempre) nos trajimos un montón de regalitos, entre ellos libros, libros de repostería (dentro de poco cuando tenga que elegir la repostería casera voy a necesitar una grúa para trasladar los libros de su sitio al sofá/mesa y vuelta), teteras, DVDs, y demás que se pueden ver en la foto. Y Manuel, aparte del ordenador y el consabido calendario de Mafalda, me regaló un cuadernito londinense y una estupenda radio para la ducha que se puede mojar sin problemas.

Así que la conclusión que sacamos de todo esto es que hemos debido de ser buenos.



Ahora toca vuelta a la normalidad, amenizada al principio por terminar de quitar la Navidad y terminar de ubicar los regalitos.

* Si alguien vio el estupendo documental de anoche en La 2, Comprar, tirar, comprar (muy en la línea de La historia de las cosas, minidocumental que nunca me cansaré de recomendar) ya vería algunas de las cosas no-tan-buenas de Apple. (Además yo siempre digo que Bill Gates ha donado siempre un dineral a buenas obras, ¿pero alguien sabe algo de la faceta filantrópica de Steve Jobs? Yo no.)

martes, 4 de enero de 2011

Adorando



Mañana nos vamos a esperar a los Reyes (y comer roscón) a Madrid, así que aunque aún no lo parezca hoy toca el típico día de locos anterior a un viaje.

La foto es de la adquisición de este año de los Reyes adorando para el Nacimiento. Aunque lo suyo sería ponerlos delante del portal justo el día 6, creo que para asegurarnos de que nuestros Reyes llegan a la meta y a la vuelta nos esperan regalos en casa los dejaremos adorando desde mañana hasta que volvamos.

Espero que los Reyes se porten de maravilla con todos los que leéis este blog. Si me cruzo con algún paje pienso decir que todos habéis sido buenos. De momento me despido hasta la vuelta el fin de semana. ¡Felices Reyes!

Auntie Mame (La tía Mame), de Patrick Dennis

No sé qué le parecería a Auntie Mame (La tía Mame) el hecho de que haya dejado la reseña de su libro pendiente tantos días, pero yo creo que me lo perdonaría ya que, como mínimo, su libro tiene el honor de haber sido el que cerró el año 2010. Y además la tía Mame, aunque al principio impone y sorprende un poco luego demuestra tener un grandísimo corazón, si bien un poco excéntrico.

Debo reconocer que hasta que Maelström celebró la publicación de la traducción yo no conocía de nada este libro (o al menos no lo sabía). Pero fue leer el resumen y conquistarme. Y fue también de esos libros que te salen al paso en las librerías. Creo que fue la compra de un libro - los comprados por internet aparte - menos traumática de todo el año (y quizá más tiempo incluso). Todo eran empujones para leerlo.

Así que ahí estaba hace unas semanas, viendo cómo Patrick Dennis (sí, el protagonista del libro se llama aparentemente como el autor, pero es que el autor en realidad se llamaba Edward Everett Tanner III, aunque utilizó más nombres ficticios a lo largo de su vida) llegaba a Nueva York con 11 años para vivir con su Tía Mame, sin saber qué esperar de ello.

El tiempo va pasando a través de pequeñas anécdotas que, aparte de contarnos la vida de Patrick, nos cuentan sobre todo qué fue de Auntie Mame y cómo sobrevivió a la crisis de 1929, unas vacaciones en la América sureña profunda, la Segunda Guerra Mundial, etc. Todo de forma única, siempre estando a la altura de las circunstancias, sabiendo reciclarse (a veces quizá en exceso) y, sobre todo, con mucho glamour, mucha elegancia, mucha personalidad y nunca olvidándose de su sobrino Patrick.

Un libro de esos a los que cualquier resumen no le puede hacer justicia. Decir que durante la Segunda Guerra Mundial la tía Mame acoge a unos refugiados ingleses (una de mis partes preferidas del libro, junto con el "golden summer") no es decir gran cosa. Ahora bien, leer la experiencia es tremendo, tanto por lo divertido, lo terrible, lo agobiante y lo bochornoso que resulta, a partes iguales y muchas veces a la vez.

Mientras lo leía las casualidades alrededor de este libro seguían produciéndose. El disco navideño de Glee me hizo enterarme de que la conocida canción de Navidad We Need a Little Christmas salía de un musical de La tía Mame y luego me enteré de que había adaptaciones para el cine también (todo ello demuestra que el exitazo del libro en su momento y en años posteriores). Manuel, que conocía a la tía Mame desde esos ángulos, ya tiene preparado un miniciclo, veremos cuándo le encontramos hueco.

De mi edición (en inglés) debo resaltar el epílogo de Matteo Codignola, traducido por Anne Milano Appel. Cuando lo compré me pregunté por qué un italiano se encargaba de tal cosa y, viendo la longitud, me imaginé que además sería un epílogo al estilo latino, es deir, académico, pesado y lleno de referencias que sólo le dicen algo - si llega - a quien lo ha escrito. Pero no, me llevé una grata sorpresa al descubrir un epílogo muy ameno y muy didáctico (en el mejor sentido de la palabra) en que se pone al lector en antecedentes acerca de la vida, también excéntrica al máximo, de Patrick Dennis.

La "secuela", Around the World with Auntie Mame, ya está en la wishlist (palabra que la RAE aún no ha admitido, pero que seguro que, de hacerlo, nos instan a escribir como "güislis" sin "sh" ni "t" final, ajenas ambas a la pronunciación española, como la "g" final perdida (aparte de la dignidad de la propia palabra) en pirsin (por piercing), esa sí que admitida, aunque suene igual de imposible. Plural oficial: pírsines, así que a mi no-tan-imaginaria "güislis" le auguro un plural como "güislises", sin duda más impronunciable para cualquiera que el original inglés).

domingo, 2 de enero de 2011

2011

Iba a poner algunas fotos de las comilonas (un poco más moderadas que las de Nochebuena-Navidad-San Esteban) de estos días, pero entre que a estas alturas todos estamos ya un poco empachados y que me doy cuenta de que las que hice este año con la cámara nueva (a punto de cumplir un año ya) son - en mejor calidad - prácticamente idénticas a las del año pasado (es lo que tiene, por ejemplo, siempre hacer cordero el día de Año Nuevo), pues he cambiado de planes.

La Nochevieja de este año fue memorable por dos razones: 1) me encargué yo de poner las 12 uvas en cuencos y como quien parte y reparte se queda con la mejor parte, me reservé las más pequeñitas. No soy una gran entusiasta de las uvas, pero es que las de Nochevieja me parecen repugnantes siempre: soy incapaz de acabarlas tanto por tamaño como por sabor y empiezo siempre el año asqueada. Este año con mi apaño (rima) pude tomarlas todas y encima no me supieron a nada (y eso que por lo visto estaban tan malas como siempre). Y 2) porque unos días antes nos había autorregalado un Monopoly y lo estrenamos. El Monopoly es un juego que me gusta mucho pero que siempre se me ha dado fatal. Para mi asombro, le di una buena paliza a Manuel, aunque aclaro que más que por mi pericia capitalista, gané por la mala suerte de Manuel. Los dados le llevaban ipso facto allá donde yo estrenaba casa mientras que a mí los dados me llevaban de propiedad en propiedad, esquivando todas las suyas salvo las que tenía sin construir. Quizá la victoria fuera ya el efecto inmediato de la buena suerte que toca en gracia a quien se toma todas las uvas...

Después de mi victoria nos pusimos la película de Hair. Con la excepción del rato que me quedé traspuesta (eran ya más de las tres) y, aunque no está mal, debo reconocer que la historia del musical me gusta más que la versión contada en la película (y que tampoco gustó a los creadores del musical).

Y ayer por la mañana más tradiciones: actualización y renovación de calendarios (dos de ellos de Nueva York) con el concierto de Año Nuevo de fondo, preparación del cordero y, sobre todo, mucho vagueo, mucha lectura.

Y hoy más de lo mismo: ha tocado un poco de teletrabajo, un poco de envolver regalos (odiosa tarea), luego tocará un poco de plancha, pero pienso encontrar huecos para vagueo y lectura (estoy enganchada) como el que he encontrado esta mañana para leer El País Semanal. Hoy traía más Javier Marías del habitual: se anunciaba que saca nueva novela en primavera (con narradora) y, entre otros escritores, explicaba por qué escribe. Entre otras cosas da como razón:

Escribo novelas porque la ficción tiene la facultad de enseñarnos lo que no conocemos y lo que no se da, como dice un personaje de la novela que acabo de terminar. Y porque lo imaginario ayuda mucho a comprender lo que sí nos ocurre, eso que suele llamarse "lo real".

Que es lo que yo defiendo a capa y espada siempre que sale alguno de esos que presumen (si es que se puede presumir de eso) de no leer ficción y que ya he comentado alguna vez en este blog (como con Little Boy Lost o The Betrayal) que es algo que me da mucha rabia.

En resumen, que 2011 ha empezado con muy buen pie y yo he empezado el año bloguero con una entrada de lo más dispersa.

viernes, 31 de diciembre de 2010

Libros 2010

Aunque acostumbro a separar el comentario de los libros del año de la felicitación para el nuevo año, este año voy justita de tiempo así que lo condenso todo en una entrada.

Y lo primero, por supuesto, es desearos a todos un muy, muy feliz año 2011.

Ahora vamos con el mosaico de los libros favoritos de este año:



Por orden de lectura:

- Keeping the World Away, de Margaret Forster. Cuando sueñas con una autora sobra cualquier otro tipo de aclaración acerca de por qué su libro se merece un puesto en esta lista, creo yo.

- The Duchess of Bloomsbury Street, de Helene Hanff. Este año ha sido el año de lecturas de Helene Hanff. Como quien no quiere la cosa he leído tres obras suyas (esta más 84 Charing Cross Road más Apple of My Eye) me quedaría sin problemas con cualquiera de las tres, pero The Duchess of Bloomsbury Street fue la única que no había leído antes, de ahí que haya sido la elegida de las tres.

- The Betrayal, de Helen Dunmore. Novela esperadísima por tratarse de una secuela, comprada en Londres por sorpresa y antes de su lanzamiento oficial, a precio de ganga y muy, muy a la altura de las expectativas creadas. Grande Helen Dunmore.

- The Hand That First Held Mine, de Maggie O'Farrell. Con la excepción de que esto no es una secuela y de que pagué el precio normal y llegó por correo, lo mismo que he dicho de Helen Dunmore se aplica a Maggie O'Farrell. Ni en mis expectativas más altas me podía imaginar esta joya de libro. Volveré a él seguro.

- Greenery Street, de Denis Mackail. De todos los Persephone que he leído este año y de los que todos me han gustado mucho (es la magia de Persephone, son libros que casi vienen con garantía) si me tengo que quedar sólo con uno me quedo con este (y no es fácil). Es un libro ligero, en el que no pasan grandes cosas, pero está tan bien contado y es tan delicioso que resulta irresistible. Es un libro feliz como pocos.

- The Portable Dorothy Parker. Y no lo elijo sólo por lo muy asociado que está a Nueva York (fue, estuvo y volvió con nosotros del viaje), sino porque Dorothy Parker ha sido - un poco tarde, lo sé - uno de mis grandes descubrimientos del año. Leeré más.

- Started Early, Took My Dog, de Kate Atkinson. Sin haberme gustado tanto como When Will There Be Good News? por mencionar otro de Jackson Brodie ni tantísimo como los primeros libros de Kate Atkinson, Kate Atkinson sigue pareciéndome única, así que se merece estar aquí.

- Tales of Glass Town, Angria, and Gondal, de los Brontë. El apellido Brontë para quienes ya vengan leyendo este blog desde hace un tiempo (tampoco hace falta mucho tiempo para darse cuenta) es la palabra mágica.

- Nella Last in the 1950s. Otro esperadísimo lanzamiento. Ha pasado ya un tiempo desde que lo leí y sin embargo sigo teniendo a Nella Last muy, muy presente. Más que un gran libro, que también, una gran persona.

En total, los libros leídos en 2010 son 46 (tres menos que en 2009: muy mal) y si sólo he destacado los de arriba es por razones un tanto aleatorias puesto que en términos generales ha sido un año lector de lo más variado (para lo que soy yo) y apacible. Un año en que pocas veces me he hecho la remolona a la hora de coger un libro por el hecho de que me estuviera diciendo poca cosa. Curiosamente el número de libros escritos por hombres, que yo creía que este año sería muy superior al anterior, ha sido idéntico: 10, con el "pero" de que al haber leído tres libros menos la proporción es un poco mejor. Pero vamos, que como siempre digo, lo de la paridad obligatoria por decreto no me va y seguiré leyendo los libros que me vengan en gana, los firme quien los firme.

He aquí la lista completa de libros leídos en 2010:

Shades of Grey, de Jasper Fforde
At Mrs Lippincote's, de Elizabeth Taylor
Under the Greenwood Tree, de Thomas Hardy
A History of Haworth from Earliest Times, de Michael Baumber
Miss Pettigrew Lives for a Day (El gran día de la señorita Pettigrew), de Winifred Watson
The Forgotten Garden, de Kate Morton
Between the Acts (Entreactos), de Virginia Woolf
Offshore, de Penelope Fitzgerald
La llamada, de Carmen Laforet
Keeping the World Away, de Margaret Forster
The Duchess of Bloomsbury Street, de Helene Hanff
84 Charing Cross Road, de Helene Hanff
Romancing Miss Brontë, de Juliet Gael
The Uncommon Reader (Una lectora nada común), de Alan Bennett
Bedlam: The Further Secret Adventures of Charlotte Brontë, de Laura Joh Rowland
The Betrayal, de Helen Dunmore
Charlotte Brontë's Corset, de Katrina Naomi
Some Tame Gazelle, de Barbara Pym
Carmen Laforet. Una mujer en fuga, de Anna Caballé e Israel Rolón
Glad of These Times, de Helen Dunmore
The Hand That First Held Mine, de Maggie O'Farrell
Nightingale Wood, de Stella Gibbons
Mud, de Michèle Roberts
The Solitary Summer, de Elizabeth von Arnim
The British Museum is Falling Down (La caída del Museo Británico), de David Lodge
Debout les morts (Que se levanten los muertos), de Fred Vargas
Greenery Street, de Denis Mackail
The Provincial Lady Goes Further, de E.M. Delafield
The Provincial Lady in America, de E.M. Delafield
Mrs Harris Goes to New York, de Paul Gallico
Historias de Nueva York, de Enric González
Apple of My Eye, de Helene Hanff
The Portable Dorothy Parker
Started Early, Took My Dog, de Kate Atkinson
Brontë in Love, de Sarah Freeman
Tales of Glass Town, Angria, and Gondal, de los Brontë
Wish Her Safe at Home, de Stephen Benatar
The Ballad of Peckham Rye, de Muriel Spark
The Victorian Chaise-longue, de Marghanita Laski
Letters to Charlotte, de Caeia March
Henrietta Sees It Through, de Joyce Dennys
Good Evening, Mrs Craven, de Mollie Panter-Downes
The World My Wilderness, de Rose Macaulay
The Distant Hours, de Kate Morton
Nella Last in the 1950s
Auntie Mame (La tía Mame), de Patrick Dennis (lo acabé hace ya días pero aún no he tenido tiempo de comentarlo. Tendrá que ser ya en 2011, pero comentarlo seguro que lo comento).

Ya sólo me queda desear felices lecturas en 2011 a los que sean lectores y, de nuevo, feliz año 2011 en todo a todos.

jueves, 30 de diciembre de 2010

Iguazú

Si estos días aparezco y desaparezco por aquí es por varios motivos, entre otras cosas las compras de última hora (que siempre juro y perjuro que el año que viene dejaré resueltas en noviembre y que año tras año demuestro no cumplir y siempre acabo luchando y desesperándome con las hordas de gente, con los dependientes de las tiendas y demás), las compras culinarias (por suerte más relajadas para estos días que para la semana pasada) y la vaguería generalizada de estos días, provocada por las comilonas y por el completo agotamiento causado por las ya mencionadas compras navideñas. Así que cuando estoy en casa últimamente lo más sencillo en buscarme primero en el sofá y después, en el caso improbable de no estar allí, en la cocina.

Así que se me acumulan las entradas pendientes. Hace un par de semanas recibí un paquete que no por esperado me hizo menos ilusión. En lugar de comentarlo aquí ipso facto tuve que mantener la calma, ir a Correos a enviarlo a mis padres y a mi tía, esperar a que lo recibieran y, por fin, ahora que ya lo tienen, comentarlo en el blog.

La amable Nuria, editora de la revista Iguazú, hace un tiempo dejó un comentario en mi reseña de The Provincial Lady Goes Further y The Provincial Lady in America. Al poco tiempo me mandó un correo electrónico preguntando si podía incluir el artículo en la revista, cosa que, obviamente, me resultó irresistible.

Así fue pasando el tiempo hasta que, como decía antes, hace un par de semanas recibí unos cuantos ejemplares de Iguazú y pude ver mi reseña impresa en papel y de lo más mona con fotografía de E.M. Delafield e ilustraciones de la novela, ocupando varias páginas (páginas que, por cierto, yo que soy muy de oler cualquier cosa impresa, huelen de maravilla; por no hablar de la preciosa portada también).



Qué menos que recomendar la revista que, además de incluir mi artículo (pero no por incluirlo), está muy bien. En la web explican cómo y a qué precio conseguirla (gratis o a la nada exorbitante cantidad de 1 euro). Como se dice en la propia web, la revista es gratuita (en la mayoría de los casos, y no creo que nadie se arruine por 1 euro) y además no lleva publicidad, "lo que convierte su existencia en casi una utopía". Si a eso se le añade lo que seguro que es un montón de trabajo para Nuria, su definición de "artesanal" no podía ser más cierta o apropiada. Así que desde aquí os animo a echarle un ojo, y no sólo a este número.

martes, 28 de diciembre de 2010

The King's Speech (El discurso del rey)

No recuerdo cómo me enteré de la existencia de The King's Speech (El discurso del rey) (Manuel suele ejercer de cartelera) pero desde que me enteré de forma independiente le he estado dando la plasta para que fuéramos a verla. Y eso fue semanas antes de que la estrenaran el miércoles pasado. Ayer por fin nos quitamos la espinita (Manuel el aguantarme; yo el ver la película). La salida del cine fue similar a la de cuando vimos The Young Victoria (La reina Victoria), sólo que en este caso Manuel dijo que esta le había gustado incluso menos que aquella. La conclusión a la que yo llegué es que voy a dejar de arrastrarle/llevarle a ver películas de la realeza británica.

Como en aquella ocasión a mí me gustó y salí contenta del cine, cosa que, con las expectativas tan altas que tenía, es bastante.

La película se basa en la historia real de Jorge VI (padre de la actual Isabel II), su tartamudeo y el especialista que le ayudó a sobrellevarlo. Manuel se quejaba porque decía que esta historia ya la había visto antes: corredores que contra todo pronóstico lo son y además ganan carreras, etc. Una película más de superación personal que además se centra demasiado en la anécdota y poco en el contexto histórico de los años treinta que no puede más que desembocar en la Segunda Guerra Mundial pasando por el rey Eduardo VIII, su abdicación, sus luces y sombras y Wallis Simpson (aunque ya me encargué yo de recordarle que con Young Victoria había protestado porque la película quería abarcar demasiado). Y, efectivamente, así es: la película se centra en el habla del rey, un poco en su familia y bastante poco en todo lo demás. Pero yo no lo vi negativo, a mí la historia me gustó, aunque imagino que la verdadera historia no ocurriría exactamente así. Esta, y no creo que haya esfuerzo por parte de nadie en ocultarlo, parece claramente idealizada.

Si a eso se le suma el excelente reparto con un magnífico Colin Firth a la cabeza pero también con Helena Bonham-Carter haciendo de reina madre (entonces reina a secas), Geoffrey Rush también estupendo haciendo de especialista un tanto excéntrico y un segundo plano en que Timothy Spall interpreta a Churchill de maravilla o con una discreta Jennifer Ehle que coincide de nuevo con Colin Firth (habían coincidido de forma mítica, claro, en LA adaptación de Orgullo y prejuicio), pues entonces no se puede quejar uno para nada (aunque Manuel se quejara a epsar de todo).

Manuel sobre todo protestó por el final, que no quiero destripar pero en el que, en su opinión, se lleva la importancia lo que no la tiene y se celebra algo que no debería celebrarse. Entiendo su punto de vista, pero viendo la película el final me parece coherente. Eso sí, al final también debo decir que hubo una frase que me rechinó mucho.

Yo la recomiendo encarecidamente. Manuel... no tanto.